Descubren tzompantli en CDMX, y Quadri tuitea pendejadas al respecto

Primera parte de la noticia: un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) encontró, debajo de la que era la Casa de las Aharacas, un tzompantli que forma parte de un templo a Ehécatl. Segunda parte de la historia: Gabriel Quadri tiene Twitter.

Un tzompantli es, a grandes rasgos (muy grandes, porque ni los arqueólogos se ponen de acuerdo), una estructura de madera de la que sacerdotes mexicas colgaban cráneos y restos óseos de los sacrificios humanos. Como las cosas se complican desde su traducción, es difícil y lo que sigue saber el significado pleno que tenía en sus funciones rituales, religiosas y filosóficas para el pueblo mexica. Sin embargo, como apunta Emilie Carreón Blaine, a la llegada de los españoles el tzompantli se fue equiparando al castigo castellano de la horca y la picota: cuando un condenado a muerte era colgado, su cabeza cortada y puesta, luego, en una picota para escarnio de todos -tal como les pasó a varios héroes de la independencia, por ejemplo. (Vía: Carreón Blaine, “Tzompantli, horca y picota”)

No es posible comparar mecanismos religiosos y punitivos de diferentes sociedades: es como si, dentro de 400 años, alguien tratara de comparar la transustanciación con la pena capital por silla eléctrica; sin embargo, desde las primeras crónicas de conquista, en los relatos de los evangelizadores y hasta para historiadores y antropólogos modernos, el tzompantli quedó equiparado al castigo español. La justificación de la “violencia brutal” del “Imperio azteca” se convirtió en una excusa recurrente para tener a raya a millones de indígenas: si sus “raíces” son sangrientas, ¿qué los frena para no hacer con las cabezas de los criollos mil tzompantli?

Esa misma lógica siguió el excandidato presidencial Gabriel Quadri: para él, el vestigio arqueológico es, por alguna razón, una explicación a la “narco-violencia”… Sí, para Quadri el resultado de la guerra iniciada por Felipe Calderón tiene su razón en un sitio arqueológico de hace 500 años. Vaya, hagamos a un lado la visión blanca y católica de un ritual que no comprende pero bien que juzga… ¿este tipo quería ser presidente en 2012, en el pico de la violencia de la Guerra contra el narco?

Y, por si fuera poco, los primeros comentarios negativos que le fueron apareciendo, los fue respondiendo con todo el ánimo de troll de Plumas Atómicas necio del internet.

Al final, hay algo grave que leer en este rant del chofer de la combi de Nueva Alianza: no son pocos los que, estando en posiciones de poder buscan soluciones ahistóricas a problemas complejos, respuestas mágicas para “entender” un problema profundo que sí tiene su explicación en el pasado, pero no así. Si antes toda esta clase de comentarios terminaban con una cita de El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, ¿ahora la intelectualidad racista citará el Twitter de Gabriel Quadri?