¿Qué relación tiene el salario mínimo con la inflación?

Es sabido que incrementar los salarios por decreto puede resultar altamente riesgoso y contraproducente para la economía, en realidad, estas son medidas que responden a cuestiones de orden político, ya que no existe algún beneficio en elevar los salarios de manera aleatoria. Este tipo de medidas son llevadas a cabo normalmente por gobiernos con un alto control de la economía, los cuales utilizan esa estrategia para supuestamente mejorar las condiciones de la población más necesitada, aunque esto en realidad resulta errado pues dichas políticas, de corte populista, lo que producen son afectaciones directas al ingreso de las familias.

Aparentemente parecería que elevar los salarios le daría a la población mayor poder adquisitivo y, por tanto, incentivarían el consumo y activarían la economía. Pero la fórmula no es tan sencilla, el aumento del salario tiene como consecuencia directa un aumento en la inflación, es decir, hay un incremento en el precio de los bienes de consumo y de los servicios, lo que en realidad no mejora la economía, ni las condiciones de vida de los más vulnerables ya que por estas medidas, la inflación puede dispararse de forma incontrolable. Véase el caso de Venezuela en donde aumentos aleatorios a los salarios resultaron en una inflación del 700% para finales de este año. (Vía: El País)

¿Por qué un aumento aleatorio en los salarios trae mayores índices inflacionarios?
En primer lugar porque un alza salarial implica mayores costos para los empresarios, si bien las grandes empresas lo pueden costear, no pasa lo mismo con las pequeñas y medianas, para las que sí representa un golpe tener que invertir mucho más en salarios; por lo que ese margen de ganancia mermado por los salarios puede ser recuperado o bien por medio de recortes de personal, o mediante el alza de los precios de bienes y servicios.

En el caso de los salarios en las instituciones estatales, también puede resultar riesgoso elevarlos de manera aleatoria, debido a que representa un aumento de gasto público y, por lo tanto, de deuda, lo que provocaría pérdidas en el valor de la divisa. (Vía: Forbes)

No obstante, el aumento al salario mínimo de manera sostenida puede resultar benéfico para la economía. No se trata de tomar decisiones a la ligera o por resolver problemas inmediatos, sino de analizar el problema y plantear soluciones que lleven a minimizar los riesgos. Un aumento sostenido llevaría a un mejoramiento en el poder adquisitivo, y por tanto en el consumo, sin necesariamente impactar de manera significativa en la inflación; de este modo, los aumentos salariales deben de estar respaldados en un buen desempeño en el crecimiento económico, el cual se ve reflejado en la creación de empleos y en un aumento en la competitividad.

Es decir, con medidas planificadas y con miras a largo plazo es posible aumentar los salarios al mismo tiempo que se reducen los riesgos de disparar la inflación. Es necesario comprender que se trata de procesos a largo plazo y no de soluciones inmediatas basadas en cuestiones que apuntan a la generación de discursos emocionales sobre la pobreza. No se trata de exigir un aumento en los salarios pensando que eso solucionará los problemas económicos del país, tal como creen los economistas de sentido común, se trata de exigir mayores condiciones para la inversión que derivarán en mayor competitividad y diversificación, los cuales desembocan en mayores empleos con sueldos más competitivos.

A pesar de que la estabilidad macroeconómica no se percibe de manera inmediata en la vida cotidiana de los agentes, no significa que no tenga importancia o que no tenga implicaciones directas en esta, ya que, malas decisiones a nivel macroeconómico pueden resultar catastróficas para el mundo de la vida cotidiana de los consumidores.

Para decirlo de forma más contundente, de nada sirven observaciones de lo social que apuntan a establecer diferencias de sentido común del tipo bueno/malo o justo/injusto, pues estas solo llevan a establecer críticas y soluciones superfluas a problemas de alta complejidad, ya sea por mera ignorancia o convicción ideológica, o peor aun, por intereses políticos de por medio. En cambio de lo que se trata es de establecer observaciones de segundo orden que nos permitan comprender la operatividad de lo social en sus distintos niveles, estableciendo tanto las formas de operatividad e interrelación estructural, como las consecuencias deseadas y no deseadas de la toma de desiciones.

Observar el ser y no el deber ser (siguiendo los razonamientos de Max Weber, el deber ser, es decir, los tipos ideales, deben ser entendidos como un medio de conocimiento y no como un fin para el análisis) es el primer paso para ganar cierta objetividad, vía distanciamiento emocional y axiológico respecto al objeto de estudio.

De tal forma nos daríamos cuenta de que no se trata de pensar lo benéfico de elevar el salario mínimo a corto plazo, sino de pensar en qué hace falta para que los salarios sean más competitivos y benéficos para la calidad de vida de los mexicanos.  Como hemos dicho, la solución no está en imprimir dinero y darlo a los pobres, o en una mayor intervención del estado en la economía que traería mayor endeudamiento. La economía es un sistema cuya operatividad no está determinada por factores ajenos al propio sistema, tales como la política; el caso de la inflación como reacción del sistema económico ante factores del entorno es un ejemplo de ese principio de autorreferencia. (Véase: Luhmann, Niklas, La economía de la sociedad…)

En conclusión podemos decir que, aunque la pobreza es un problema urgente en nuestra sociedad, hay que estar conscientes de que esta no se combatirá y eliminará de la noche a la mañana. Los atajos que apuntan a plantear soluciones inmediatas, como el aumento indiscriminado al salario mínimo o programas sociales asistencialistas, con el paso del tiempo resultan contraproducentes. El combate a la pobreza debe ser pensado a largo plazo y la estabilidad macroeconómica que apunta a controlar la inflación es un primer paso, hay que reiterar que esa estabilidad debe estar acompañada de mayores inversiones que detonen en empleos, los cuales se volverán más competitivos a medida en que se diversifique y se vuelva más complejo el sistema económico.