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Reconfiguración criminal

chapo

Es posible observar el fenómeno del crimen organizado desde distintas aristas, las cuales nos permiten explicar el problema desde distintas dimensiones que posibilitan, por una parte una reconstrucción más integral de las formas en que operan dichos grupos criminales y, por otra parte nos permiten visualizar los efectos que tienen dichas organizaciones en los sistemas sociales, políticos y económicos. Esto quiere decir que un análisis complejo sobre el crimen organizado incluiría tanto las disputas internas dentro del campo (Bourdieu) del llamado crimen organizado, así como los efectos  que tienen las configuraciones, influencias e interrelaciones de dicho campo sobre otros.

El noción constructivista de conceptos abiertos de la teoría del habitus, campo y capital propuesta por Pierre Bourdieu nos permite entender al crimen organizado, y particularmente al narcotráfico, como un campo, esto nos posibilitaría a observar el fenómeno del crimen organizado como un espacio social en donde están en juego relaciones de poder, disputas, intereses, conocimiento operativo, reglas y normas codificadas, estructuras, posiciones dominantes y dominadas, técnicas, acumulación de capital (económico, humano y cultural por ejemplo), etc. Dicho espacio social o campo, estaría invariablemente en una relación indisociable con otros campos que tienen una operatividad relativamente autónoma como son el de la economía, el de la política, el de lo jurídico y el de la salud.

Dicha interrelación no se presenta a un nivel operativo de los campos, sino que aparece también en términos de que los sujetos pueden transitar entre distintos campos, adquiriendo distintas posiciones según sea el habitus (disposiciones sociales estructuradas y estructurantes para operar en el campo) y el capital (acumulación de medios socialmente generalizados intercambiables)  que los jugadores tienen disponibles para operar en cada uno de los espacios sociales. Para decirlo en palabras de Bourdieu:

“En términos analíticos, un campo puede definirse como una trama o configuración de relaciones objetivas entre posiciones. Esas posiciones se definen objetivamente en su existencia y en las determinaciones que imponen a sus ocupantes, agentes o instituciones, por su situación (situs) actual y potencial en la estructura de la distribución de las diferentes especies de poder (o de capital), cuya disposición comanda el acceso a los beneficios específicos que están en juego en el campo, y, al mismo tiempo, por sus relaciones objetivas con las otras posiciones (dominación, subordinación, homología, etc.).”

Con todo esto, es posible ordenar a las organizaciones criminales dentro de un campo, en donde hay, por un lado, constantes disputas, competencia y relaciones de poder, así como posiciones dominantes y dominadas. Por otro lado, también los cárteles y las organizaciones criminales tienen distintas influencias y posiciones dentro de otros campos como el de lo político y lo económico; ahí por ejemplo tienen influencias a partir del capital con el que dispongan, por ejemplo, a partir del capital económico les es posible influir dentro de lo político, que al mismo tiempo les permite influir dentro del campo de lo económico, ya que al ganar capital político es posible operar libremente en los mercados, tanto nacionales, como internacionales.

De tal forma, históricamente hablando hemos podido observar un sin fin de reconfiguraciones dentro del campo del crimen organizado, a lo largo del tiempo se han transformado las organizaciones tanto en términos estructurales en el sentido de la influencia que tienen en lo político y lo económico, del control de las rutas, de los modelos de negocio, de la administración de la violencia (al exterior y al interior del campo)  y de la estructuración y diferenciación interna; así como en términos de los actores involucrados, en el sentido de que han ido y venido capos, unos han sido abatidos, otros capturados y por tanto sus organizaciones han sido mermadas permitiendo el fortalecimiento y surgimiento de otras, dicho de otra manera, el crimen organizado es como la hidra, el famoso monstruo mitológico al que si se le cortaba la cabeza surgían de pronto otras dos cabezas y así sucesivamente.

Actualmente es posible observar una reordenación dentro del crimen organizado en México, la cual está ligada a la captura del jefe del Cártel del Pacífico, Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, quien por lo menos durante la última década había tenido una posición dominante en el tráfico de estupefacientes y que al mismo tiempo había desplazado a otras organizaciones y otros capos de la droga como el Cártel del Golfo de los hermanos Beltrán Leyva, Los Zetas y el Cártel de Tijuana de los Arellano Félix. El Cártel del Pacífico o de Sinaloa había mermado considerablemente a otras organizaciones, lo que le permitió operar de manera eficiente dentro del campo en términos de que, por una lado, controlaban las principales rutas del tráfico hacia Estados Unidos, lo que los fortaleció capital económico intercambiable al interior del país por capital político en términos de que lograron controlar municipios clave para operar y poder expandirse a mercados como el asiático y el europeo; por otro lado esa posición les permitió administrar la violencia hacia sus competidores con la finalidad de que estos optaran por buscar otros territorios y otros medios para continuar operando.

Dicha hegemonía y fortalecimiento tuvo un efecto tanto en las instituciones mexicanas como en las estadounidenses, ya que “El Chapo” se volvió el principal objetivo de las agencias de seguridad de ambos países, todo esto desembocó en su captura en 2014 y encarcelamiento, el cual duró poco más de un año ya que el Cártel de Sinaloa operó una sofisticada fuga de el penal de máxima seguridad en México, el Penal del Altiplano, por medio de un túnel directo a la celda de Guzmán Loera, la cual estaba vigilada directamente por el secretario de Gobernación. Meses después Joaquín Guzmán Loera fue recapturado por elementos federales y vuelto a encarcelar con los máximos estándares de seguridad (vía BBC).

A raíz de esta segunda captura, el Cártel de Sinaloa se ha fragmentado y debilitado debido, por una parte a la disputa interna entre los grupos de poder compuestos por “El Mayo”  Zambada, los hijos de “El Chapo”, Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán Salazar, así como el hermano de Guzmán Loera , Jesús Alfredo Guzmán Loera. Y por otra parte por el fortalecimiento exponencial del Cártel de Jalisco Nueva Generación, el cual se está convirtiendo en el cártel dominante en el país, ya que ha mostrado tener la capacidad no solo de enfrentar de manera brutal a sus competidores, y en este caso al cártel dominante, sino también de enfrentar directamente a fuerzas federales como el ejército y la marina (vía El Universal).

Finalmente, podemos decir que el vacío de poder dejado por el liderazgo de Guzmán Loera afecta considerablemente la organización de los cárteles en el país, esto no quiere decir que se afecte directamente la estructura, pero sí las posiciones de dominación e influencia dentro del campo debido a la desestabilización interna del grupo dominante, lo que produce las condiciones para el fortalecimiento de grupos con mayor estabilidad estructural como el Cártel de Jalisco Nueva Generación, quienes por ejemplo tienen casi el control de Tijuana, plaza que representa uno de los bastiones del debilitado cártel del Pacífico. Todo esto no quiere decir que el cártel de Jalisco vaya a resultar como el único cártel dominante, hasta ahora es el más fuerte, pero los competidores también están generando estrategias y operando para cambiar de posición dentro del campo.