¿Qué tiene que hacer México para combatir el cambio climático?

México es un país extremadamente vulnerable al cambio climático por su posición geográfica (entre dos océanos) y sus características topográficas.
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Esta semana se está llevando a cabo la Cumbre del Clima en París (COP21), donde casi todos los países del mundo se reúnen a discutir el plan de acción para detener el calentamiento global. Entre los asistentes, se encuentra Enrique Peña Nieto. ¿México tiene que estar ahí, o solo va a seguirle el juego a las grandes potencias?

Primero, dejemos algo en claro: ¿qué es el calentamiento global? A estas alturas probablemente ya sabes lo que es, si es así, puedes saltarte el siguiente apartado sin problemas. Si no estás muy seguro, vale la pena dar un repaso rápido.

¿Qué es el calentamiento global?

Lo que se conoce como “calentamiento global” es la subida de temperatura de la Tierra. En las historia de nuestro planeta, la temperatura ha cambiado algunas veces, pero desde que existimos como especie humana se ha mantenido bastante estable. Para entender lo que sigue, hay que hacer una distinción importante, una cosa es el pronóstico del clima (que es muy difícil de predecir con exactitud) y otra el clima en general. El clima es un proceso de largo tiempo y bastante estable, que conocemos muy bien. Los pronósticos del “tiempo” de todos los días, son pequeñas variaciones que no afectan el clima en general.

Por ejemplo, sabemos que no va a nevar en el desierto, ni la temperatura será muy alta en los polos. El hecho de que a veces haga un poco menos frío o llueva no altera lo que conocemos del clima como un proceso largo y estable. Ahí es donde golpea el cambio climático, y sus efectos se ve en el “tiempo” de todos los días.

El cambio del clima se produce por lo que conocemos como “efecto invernadero”. Podemos entender ese efecto así: la luz del sol cae normalmente a nuestro planeta y lo calienta. Cuando la atmósfera está llena de gases “de  efecto invernadero” (existen varios, pero el más conocido es el CO2) la energía solar que entra a la Tierra se queda adentro, como si estuviera cubierta por una enorme sábana (o un “invernadero“, si lo piensan), lo que provoca que se caliente más de lo normal.

Ahora bien, ¿qué tanto se calienta la Tierra? Desde el siglo XIX a la fecha, la temperatura global ha aumentado 0.8°C, o sea, menos de un grado. ¿Quiere decir eso que no es para tanto y no tenemos nada de qué preocuparnos? En un día la temperatura varia más que eso, hace frío en la mañana y calor en la tarde y no pasa nada. Cierto, pero eso se refiere al “tiempo“ que predicen en las noticias, no al clima estable de toda la Tierra. Más allá de las variaciones diarias, hay límites que no se cruzan en cada zona del mundo, por eso sobrevive la misma fauna y la misma flora a lo largo de los años.

El cambio en el clima en general de 0.8°C es bastante grave, sobre todo si consideramos que cada año el calentamiento se acelera más. Si en cien años llegamos a eso, en la mitad del tiempo llegaremos al doble. Científicos alemanes sugirieron que de llegar a 2°C, las consecuencias serían catastróficas. No solo el nivel del mar subiría, sino que muchos cultivos colapsarían y los fenómenos naturales extremos (como huracanes o sequías) se multiplicarían.

¿Qué propone México?

Sabemos mucho del cambio climático gracias al Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés). A este panel de expertos de todo el mundo se le encargó investigar exhaustivamente el cambio climático y sus efectos. El año pasado publicaron sus últimos informes, en los que afirmaban que el calentamiento global es ya irreversible y se tenían que llevar a cabo acciones encaminadas a dos objetivos específicos: mitigar y adaptar.

Mitigar la emisión de CO2 y otros gases invernadero para evitar que la catástrofe se multiplique. Adaptar a la sociedad a las nuevas condiciones climáticas en cada región, bajo el entendido de que esos cambios son irreversibles y permanentes. En todo caso, el cambio puede ser más violento, pero no disminuirá.

Antes de llegar a la COP21, cada país tenía que llevar una suerte de plan de trabajo o propuesta (puedes ver el de México aquí, en inglés). Nuestro gobierno llevó un documento que comienza así:

“México es un país comprometido con lo relativo al cambio climático, como se ha demostrado con las acciones de mitigación y adaptación que se han llevado a cabo de manera sistemática con nuestros recursos naturales. En la escena internacional, México ha expresado su voluntad de alcanzar un acuerdo para la participación de todos los partidos con el fin de mantener el aumento de la temperatura atmosférica por debajo de 2°C“

Lo primero que tenemos que saber, es que México es un país extremadamente vulnerable al cambio climático. En primer lugar, por su posición geográfica (entre dos océanos) y sus características topográficas, es susceptible de padecer fenómenos hídricos extremos (huracanes o inundaciones, por ejemplo). En segundo lugar, la enorme desigualdad y la cantidad de personas que viven en pobreza hace que el grueso de la población esté en riesgo ante la carestía de agua potable, la pérdida de cultivos de autoconsumo o el cambio del ambiente para cualquier actividad económica relacionada con el campo.

¿Qué ha hecho el gobierno de México?

En 2012 se aprobó la Ley General del Cambio Climático, que apunta al compromiso de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 25% para el 2030. Aunque el compromiso tiene valor en sí mismo, no es significativo en el panorama internacional, pues México está lejos de ser uno de los países más contaminantes.

En términos de adaptación, esta ley exige un cuidado más extenso a los ecosistemas mexicanos. Por ejemplo, para el 2030 se planea llegar a un índice de 0% en deforestación. Los bosques absorben CO2, mantienen los mantos acuíferos y previenen inundaciones, por lo que cuidarlos es básico para un país como el nuestro.

¿Es suficiente?

No. No lo es. El cambio climático va más allá de hacer promesas aisladas. Aunque lo que propone la ley se cumpla, no hay manera de que sea suficiente por dos simples razones: 1. Ningún esfuerzo aislado será significativo si no se enlaza con la comunidad internacional; 2. El cambio climático se relaciona con la manera en que funciona el mundo, no se puede corregir si no implica un cambio radical a gran escala.

El cambio climático es un problema global, y la única manera de enfrentarlo es globalmente. No sirve de nada que un país de tercer mundo, como México, diminuya su emisión de gases de efecto invernadero, si los países que más lo producen no se comprometen a un cambio mayor. Además, la reducción tiene que ser radical, no basta con que se emitan gases como en 1990 o 1980; pues aquellas emisiones también eran perniciosas, tenemos que llegar a índices más bajos aún.

Por otro lado, la dependencia a la quema de combustibles fósiles (principal fuente humana de emisión de CO2) es la causante directa de este problema. Es decir, seguimos usando los mismos combustibles para autos, generación de electricidad y producción industrial. Y su impacto es brutal, ya sea en la degradación ecológica que provoca una presa hidroeléctrica, o la quema de gasolina en las grandes ciudades. ¿No sería un impacto más positivo si México dejara de extraer petróleo? ¿No sería eso un paso gigante hacia la mitigación del cambio climático?

La Reforma Energética de Peña Nieto tampoco resuelve las cosas. Varias empresas de producción de energía supuestamente limpia se han querido instalar en nuestro país, principalmente en el sur. Su operación suele ser ilegal a distintos niveles, y no toma en cuenta a los pobladores de las zonas en donde quieren instalarse. Se imponen en lugar de convencer y a pesar de su primicia supuestamente limpia, acaban por causar impactos ecológicos negativos. ¿Eso es desarrollo sustentable y cuidado de la población vulnerable?

La tecnología para suplantar a los combustibles fósiles ya existe desde al menos 100 años, no se ha aplicado por razones económicas e industriales. Por otro lado, los proyectos de generación de energía limpia renovable (como los relacionados con el sol o el viento) no tienen futuro mientras no contemplen a la población local y a su desarrollo (y el respeto a sus derechos más básicos, por supuesto).

Otro mundo

Si ya tenemos la tecnología para suplantar nuestra dependencia a los combustibles fósiles, si ya tenemos la información certera de lo que es el cambio climático y cómo podría impactar en nuestro planeta, si inclusive ya sabemos qué se tiene que hacer para mitigar sus efectos y adaptarnos a sus retos… ¿por qué aún no se ha hecho? ¿Por qué se necesita una Cumbre para que los países del mundo decidan si se ponen de acuerdo o no?

Las formas alternativas de producción de energía existen desde hace mucho tiempo, pero no se han desarrollado hasta ahora por intereses económicos. El dominio del petróleo y las empresas que trabajan con ello no dejaron en su momento que se usaran energías alternativas. El problema no era que solo pudiéramos usar petróleo, el problema era que la industria no permitía que hiciéramos algo más.

Si llegamos a esta situación, fue por las formas de producción que hasta ahora se sostienen. Y aunque sabemos que esas formas son perniciosas, siguen siendo las principales porque los dueños de los medios de producción las encuentran más viables económicamente. No son viables en términos ecológicos, ni de conservación de la vida, ni siquiera en términos de Derechos Humanos, simplemente son más viables económicamente.

La Reforma Energética que se planea en México tiene un criterio muy estrecho, privilegia a los dueños de los medios, pero no se ocupa de cómo las formas de producción afectan a los habitantes, al país o al mundo. La contaminación de las mineras, los derrames petroleros, los abusos empresariales en comunidades indígenas y la visión meramente instrumental del ambiente han vuelto a nuestro país aún más vulnerable.

En el reparto global de lo que ocurrirá al mundo con el cambio climático, países como México serán los más castigados. Y no solo por una azarosa posición geográfica, sino también porque los sectores pobres serán extremadamente vulnerables. El problema del efecto invernadero en la Tierra pone en evidencia que la forma en que hasta ahora se ha organizado el mundo es deficiente. Más allá de si ya lo sabíamos o no, el asunto es que la crisis que se avecina exigirá de nosotros un cambio radical en torno a cómo nos relacionamos con la producción y con los dueños de los medios de producción.

Es claro que el cambio climático no nos hará desaparecer como especie, ni mucho menos; pero requerimos de otro mundo para que sus efectos no sean catastróficos para nuestra vida en la Tierra. Desde hace años los desastres ecológicos han anunciado el desastre, ahora estamos casi en la última llamada, sin una reestructura mayor, las consecuencias serán mayúsculas.