¿Por qué todos necesitamos redes de apoyo contra la violencia?

Se contabilizan casi 19 mil jóvenes desaparecidos en los últimos 10 años. Para todos los menores de 29 años en esta país, sufrir un secuestro, tortura y asesinato por agentes de seguridad pública o grupos criminales es un peligro real y presente. No importa si son estudiantes o desempleados; si viven en grandes ciudades o no se meten nunca en relación con ninguna organización criminal; pueden sufrir todo esto, los casos existen.

Uno de los grandes protagonistas en esta horrible historia es, sin duda, el Estado mexicano, sobre todo, por su lento o nulo actuar y sus omisiones en estos 19 mil casos que siguen abiertos hasta el momento. Hay que insistir en que es responsabilidad del Estado proveer seguridad a los ciudadanos, permitirles el acceso a la justicia, y ayudar a los familiares a conocer la verdad de lo que pasó con sus seres queridos, tener reparación y las garantías de no repetición. Esta omisión actúa en todos los casos abiertos, y en muchos otros más que no han sido identificados o de los que no sabemos casi nada.

Redes de apoyo en operación: casos que hablan

Casi 19 mil desapariciones es un número muy grande. ¿Por qué sólo una mínima parte de ellos llegan a nuestros oídos? Los medios no pueden cubrirlos absolutamente todos, simplemente no hay espacio. Pero, ¿qué es lo que hace que un caso llegue, y otro no?

La razón por la que un caso pasa a tema nacional y otro no, tiene que ver mucho más con las víctimas que con los ofensores o los medios que publican la noticia. Específicamente, tiene que ver con sus redes de apoyo. Tomemos el caso de los estudiantes de cine asesinados en marzo pasado en uno de los estados del país con mayor índice de desapariciones, Jalisco.

Desaparecidos México Redes De Apoyo Qué hacer
Imagen: Especial

Tres estudiantes de cine en Guadalajara, Javier Salomón Aceves, Marco Francisco García y Jesús Daniel Díaz, fueron secuestrados por un grupo criminal que los confundió con sus adversarios. Fueron transportados a una casa de seguridad, en donde fueron torturados y asesinados. Más tarde, los cuerpos fueron una vez más trasladados y disueltos en ácido en otra casa más.

Lo sucedido es un capítulo más de la película de terror que se vive en México, y otro testimonio de lo peligroso que es ser estudiante en este país. Es un caso atroz, pero no es el único. Si en algo destaca la desaparición de Javier, Marco y Jesús, es las autoridades le dieron seguimiento a un caso.

Este seguimiento a la verdad que hasta ahora se ha dado, no ha sido una muestra de buena voluntad política del gobernador, sino la insistencia del grupo de apoyo en torno a los desaparecidos. En efecto, sus familiares, sus amigos, compañeros y universitarios de toda Guadalajara salieron a las calles a exigir justicia desde los primeros días, desde mucho antes que se supiera el destino final de los estudiantes.

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Gracias a sus movilizaciones, en pocas horas sus casos fueron reconocidos y causaron la indignaciones de millones de mexicanos; intervinieron figuras públicas de gran relevancia, como el cineasta ganador del Oscar, Guillermo del Toro. Las autoridades, por su parte, fueron negligentes y lentas para actuar. Después de que se hizo la denuncia, pasaron cuatro horas para que llegara a una institución policiaca, y la activación para resolver el crimen no se hizo patente hasta que el gobernador se vio presionado para intervenir, una semana más tarde.

Sin sus familiares, sin sus compañeros de la Universidad de Medios Audiovisuales, sin los estudiantes de las otras universidades de Guadalajara, sin el cineasta tapatío y famoso internacionalmente, sin los medios y sin la movilización social a nivel nacional; estaríamos hablando de otra cifra anónima dentro de los 19 mil. No tiene que ver con el género o la posición social, sino con las personas que están detrás.

Casos que callan: sin derecho a la verdad

Desafortunadamente, no todos los casos llegan a conocerse y a investigarse tanto como el de los estudiantes de Guadalajara. Tomemos un ejemplo: días antes de la desaparición de los estudiantes de Guadalajara, se desató un tiroteo a las afueras de un centro comercial, en Río Blanco, Veracruz. En este tiroteo fueron asesinadas dos jovencitas de 16 y 14 años, las hermanas Nefertiti y Grecia Camacho Martínez.

“Las dos jóvenes trataron de explicarles a los oficiales que no tenían nada que ver con los criminales, pero aun así fueron ejecutadas”.

El tiroteo comenzó cuando una patrulla interceptó a una camioneta. Sus ocupantes comenzaron a disparar y los policías respondieron, el saldo fue de tres muertos, entre los que se encontraban las dos hermanas. Rápidamente, las autoridades vincularon a Nefertiti y Grecia con el crimen organizado, incluso se manejó la versión de que la mayor era pareja de un líder criminal.

Sin embargo, un par días después apareció una fotografía en que se muestra a una de las jovencitas, viva y sometida a los policías, totalmente indefensa y sentada en el pavimento. Una fotografía posterior la muestra momentos después, ejecutada. ¿Por qué le dispararon los policías? Plumas Libres documentó el testimonio de personas que presenciaron los hechos.

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Imagen: Especial

Según ellos, las dos jóvenes trataron de explicarles a los oficiales que no tenían nada que ver con los criminales, pero aun así fueron ejecutadas. Adicionalmente, testigos declararon que la SSP manipuló la escena y sembró armas en los cuerpos de Nefertiti y Grecia.

El caso ha generado muchas dudas, pero el gobernador panista de Veracruz, Miguel Ángel Yunez, insistió enfáticamente en que las dos eran criminales, sin ninguna prueba en su contra. Los familiares declararon que ni siquiera vivían en Río Blanco, sino en Puebla. Estaban ahí visitando a su madre y en el momento de la ejecución iban al cine.

Algunos medios se han apresurado a condenar a las dos jóvenes, junto a la Fiscalía, que declaró:

“No estudiaban, no trabajaban, eran agresivas, y habían abandonado el hogar y por lo menos una de ellas se autoflagelaba, haciendo alegoría a su próxima muerte y tenía tendencias suicidas; lo cual, concluye el análisis, generó las condiciones para que participaran ellas en estas actividades ilícitas.”

Sobra decir que ninguno de estos elementos, de los que tampoco aportan pruebas, por cierto, es suficiente como para considerar a las jóvenes “criminales”. Otra parte de su análisis asegura que una de ellas compartía tatuajes que “completaban” a los del otro abatido. Y eso es todo, ni una palabra sobre la fotografía o la ejecución extrajudicial.

No parece que vayamos a saber la verdad pronto. No hubo compañeros de clase que las apoyaran, sus familiares no conocen a nadie, ningún mexicano o mexicana notable tuiteó a su favor. Estas jóvenes fueron marginadas del derecho a la verdad, y las autoridades salieron a desacreditarlas antes de que recibieran ningún apoyo.

Apoyo y cuidado, seguridad ciudadana frente a las omisiones de estado

Los casos que recordamos ahora ocurrieron prácticamente al mismo tiempo en lugares opuestos del país. En uno las redes de apoyo consiguieron que las autoridades condujeran una investigación y obtuvieran pruebas; en el otro, las dos jovencitas pasaran al anonimato a pesar de que es muy probable que hayan sufrido un crimen de estado.

La razón por el que unas desapariciones llegan a la opinión nacional no es solo el género, la clase social o la edad. Los casos que han llegado son suficientemente diversos como para atestiguarlo, como los de los 43 estudiantes en Iguala o el asesinato de Lesby Berlín en la CDMX. La diferencia es el grupo de apoyo que se forma en torno a las víctimas.

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Imagen: Especial

Es responsabilidad del Estado; pero son nuestros jóvenes los que están pagando esa omisión con sus vidas. Son ellos a quienes secuestran, torturan, asesinan… ellos son los que ponen los muertos. No basta con señalar la responsabilidad del Estado, podemos hacer algo para dar cauce a nuestras exigencias, para protegernos entre nosotros y prevenir que estas escalofriantes cifras disminuyan antes de crecer.

En un contexto como el nuestro, las redes de apoyo y cuidado ciudadanas son una necesidad que podría salvarnos la vida, o al menos que puede conducirnos a la verdad sobre dónde están nuestros jóvenes, por qué murieron y cómo se va a garantizar que nunca más volverá a suceder.

Por Fernando Barajas

Por: Redacción PA.