Desde los primeros atisbos de civilización, manipulamos genéticamente a los seres vivos que nos rodean; la diferencia es cómo: no es lo mismo domesticar a los lobos con las generaciones hasta volverlos perros, o controlar los pastos silvestres hasta obtener campos enteros de trigo, que modificar en un laboratorio el ADN de un ser vivo. El problema es que las ventajas pueden ser del mismo calibre que los posibles riesgos.
#HOY Marcha Mundial contra Monsanto: 40 países y más de 400 ciudadeshttps://t.co/bsRPE0qwWL#FueraMonsanto #FueraBayer #FueraSyngenta #20M pic.twitter.com/I686ex00Db
— BASTA DE AGROTOXICOS!!! (@Noamonsanto) May 20, 2017
El peligro se hace mayor cuando el negocio de los transgénicos recae sobre un puñado de compañías que no se distingue por ser precisamente amable ni con el medio ambiente ni con los agricultores ni con los gobiernos ni con la población. De ahí que en el foro “El maíz en México: Amenazas y alternativas” celebrado en el Museo Nacional de las Culturas, el investigador de la UNAM Emmanuel González-Ortega señalara los organismos genéticamente modificados no sean la solución. (Vía: Sin Embargo)
Para el investigador del Instituto de Ecología de la máxima casa de estudios, los alimentos transgénicos no sólo no son la mejor opción para paliar el hambre mundial, sino que además contribuyen acelerar el cambio climático, como se sugiere en varios estudios al respecto. Casi 800 millones de personas padecen hambre en el mundo; y mientras muchos apuntan a la mala distribución de la comida (la inmensa mayoría de esta gente se encuentra en países subdesarrollados), también hay quien cree que los transgénicos son parte del problema y no de la solución.
#BastaDeMitos: La ciencia y la #tecnología pueden mejorar el campo. Queremos responder tus dudas y comentarios. #aFavorDeLaCiencia pic.twitter.com/VjM5qOGErU
— Bayer Crop Science México (@Bayer4CropsMX) May 20, 2017
Para muchos otros la discusión no recae en el carácter de los productos transgénicos sino en la forma en que compañías como Monsanto los comercializa: el problema no es la técnica per se sino la empresa responsable de ella. Para la organización Greenpeace es particularmente preocupante que Monsanto, Bayer, Syngenta, Pioneer y Dow Agroscience traten de “controlar la agricultura del mundo”.
Entre sus joyas, Monsanto ha demandado agricultores cuyas tierras han sido contaminadas con sus semillas y, particularmente, mantiene un monopolio de semillas, donde el agricultor necesariamente debe resurtirse una y otra vez con el mismo proveedor cada temporada. Las declaraciones de Greenpeace apuntan a que el problema es Monsanto y no necesariamente los transgénicos. De ahí que durante su intervención el investigador Emmanuel González-Ortega hiciera hincapié en las ocasiones en que se ha demostrado que los productos desarrollados por Monsanto son tóxicos y peligrosos para seres humanos y para el medio ambiente. (Vía: Greenpeace)
El picor del #chile depende de la cantidad de capsaicina que tiene. ¿Eres fanático del #picante? pic.twitter.com/bHB3vEATMQ
— Bayer Crop Science México (@Bayer4CropsMX) May 23, 2017
Por sumarte la compañía alega que busca un diálogo abierto con todo aquel que desee saber sobre los procedimientos de la compañía transnacional, pero sus detractores no parecen convencidos. Incluso hay quien sostiene en la comunidad científica y en la industria agrícola una postura intermedia, a favor de los transgénicos pero en contra de las prácticas comerciales de Monsanto. A muy pocos días de una marcha mundial en contra de Monsanto, la duda no es quién tendrá la razón en el debate sino quién tiene en sus manos el futuro alimentario de la humanidad.
