Los bonos de fin de año de nuestros funcionarios

INE

En los últimos años, la clase política ha repetido hasta el cansancio que está trabajando arduamente para gastar los recursos públicos de manera más eficiente, incluso han prometido un superávit fiscal para el próximo año. Para cumplir todo esto han hecho recortes presupuestales muy fuertes en el paquete económico de este año y, para promover dichos ajustes, el gobierno se ha llenado la boca de que es imperante imponer un estado de austeridad en las finanzas públicas, con el fin de reducir la deuda pública que se encuentra en un riesgoso 50% del PIB.

Pero esto ha sido pura y mera demagogia, vemos que se reducen presupuestos en todas las dependencias, pero no hay una reforma en las formas en que estas gastan sus recursos, es decir, con mucho o poco dinero, las instituciones siguen operando  de forma ineficiente en sus finanzas, en realidad poco se modifica ese característico derroche de recursos en gastos innecesarios que son pagados con sumas excesivas. El gran ejemplo de esto son los llamados “bonos de fin de año”, los cuales son prestaciones que se encuentran por encima de la ley y que son pagadas a funcionarios públicos de alta envergadura.

Estos “bonos” son una muestra de la demagogia con la que opera la clase política, no se puede promover la austeridad si no se empieza por demostrar una voluntad genuina de llevarla a cabo a través de modificaciones que vuelvan más eficientes las formas en que se ejerce el gasto público ¿es necesario pagar prestaciones por encima de la ley a funcionarios que ya de por sí tienen sueldos elevados? Por supuesto que no, la llamada austeridad debería de empezar por dejar de solventar ese tipo de gastos que van desde seguros de gastos médicos mayores, vales de gasolina, vales de despensa y los llamados “bonos de fin de año”, por supuesto que estos gastos son aparte de las prestaciones de ley que reciben.

Hay que aclarar que el “bono de fin de año” es una prestación que se paga independientemente del aguinaldo a funcionarios como diputados, senadores, magistrados de la SCJN y consejeros del INE. Esta prestación eleva considerablemente el gasto, ya que en promedio cada funcionario se lleva entre 500 y 600 mil pesos cada uno en el total de prestaciones oficiales y no oficiales, en ese sentido, si hacemos las sumas correspondientes vemos que la federación está gastando más de 100 millones de pesos, lo cual resulta un derroche de recursos innecesario que podría ser utilizado de manera mucho más eficiente. 

ahora, veamos algunas cifras concretas: los diputados y senadores se llevaron de “bono de fin de año” una cantidad de 361 mil pesos de bono navideño, al cual además hay que sumarle 357 mil pesos de aguinaldo, dieta mensual y apoyos legislativos, dando un total de aproximadamente 718 mil pesos por cada uno de los legisladores. Por su parte, los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se llevarán este fin de año poco más de medio millón de pesos en prestaciones; por otro lado, el auditor superior de la federación se llevará más de 400 mil pesos y el presidente de la CNDH una suma de 404 mil 138 pesos en aguinaldo, bonos y demás prestaciones laborales.

Pero eso no es todo, también los consejeros del Instituto Nacional Electoral, que ya de por sí le cuesta una fortuna a los contribuyentes, se aprobó un “bono de fin de año”. Cada uno de los 11 consejeros se llevó este fin de año una suma de 650 mil 208 pesos, de lo cual se incluye su sueldo neto de 177 mil 466 pesos, más el bono de fin de año de 472 mil 742 pesos. Además de los consejeros, también el secretario ejecutivo, el contralor general, seis directores ejecutivos y el titular de la Unidad Técnica de Fiscalización se llevarán un bono que oscila entre los 300 y los 400 mil pesos. 

Como podemos ver, las prestaciones de fin de año de los consejeros y altos funcionarios del INE triplica las sumas otorgadas a los legisladores. No olvidemos además que esa institución se está construyendo un nuevo edificio que costó 10 mil millones de pesos, otro gasto que en realidad no era necesario si tomamos el contexto económico que atraviesa el país; como podemos ver, las políticas de austeridad están dirigidas a la ciudadanía y no incluyen el derroche de la clase política mexicana que sigue viviendo en una burbuja de autorreferencia. (Vía: El Universal)

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