López Obrador regresa a los medios y a su tercer campaña presidencial

Más que Enrique Peña Nieto, que Felipe Calderón, incluso que Vicente Fox, quien ha dominado la escena política ha sido Andrés Manuel López Obrador: desde el rechazo o el apoyo, el actual presidente de Morena ha sido una preocupación para medios, para la clase política y ha sido objeto constante de un diálogo tácito entre las políticas y las declaraciones que han buscado minar su presencia en la palestra y que, sin embargo, lo han mantenido en el centro de atención.

Desde el 2000, cuando ganó la jefatura de gobierno del Distrito Federal, la relación que mantendría el tabasqueño con los medios sería una de un magnetismo extraño: al mismo tiempo que era constantemente atacado, sus declaraciones aparecían a diario, se buscaba entrevistas con él y sus conferencias diarias a las seis de la mañana eran parte de la agenda periodística diaria.

Lo ocurrido en el proceso electoral del 2006: la campaña del “peligro para México”, el conflicto post-electoral, el cierre de Reforma por semanas y la presidencia “legítima” con la que se investiría pudieron haber sido el fin de su carrera política no sólo por la sobreexposición en los medios, sino, también, por los muchos errores que cometiera su campaña. Pero llegó el 2012 y, con el proceso electoral, resurgió Andrés Manuel.

En general, el discurso de López Obrador no ha cambiado mucho en su núcleo ideológico ni en sus propuestas políticas desde su primera campaña presidencial en 2006. Por un lado, la denuncia constante de un grupo particular de intereses privados que dominan la agenda política, la “mafia en el poder”, y la necesidad, en consecuencia, de centrar el ataque a la corrupción en su “proyecto alternativo de nación”. Sin embargo, algo sí ha cambiado en este, su tercer resurgimiento en medios: ha abrazado un discurso conciliador sin dejar de lado la crítica al sistema político actual.

Este último acercamiento a los medios “principales” -que quienes podrían ser sus competidores para el 2018 ya acusan de “actos anticipados de campaña”- resulta difícil de interpretar, porque, en realidad, nunca se ha alejado de los medios: su presencia, su “amenaza” ha sido una constante y, si bien fue constantemente referido los últimos cuatro años, ahora, en las últimas semanas ha aparecido, ya no como comentario, sino como entrevistado y, todo apunta, ha aprendido de sus errores.

Lo ocurrido en el plano internacional en este 2016 será una lección frente a la que toda la clase política tendrá que tomar una postura: “aprender” del éxito del lenguaje del odio y la explotación de los miedos de la mayoría del electorado utilizados por el presidente electo Donald Trump y las campañas de Brexit en Inglaterra y el “No” por el tratado de paz en Colombia. O rechazarla completamente: proponer, desde el plano político, una forma de resarcir los daños provocados (en México) por una guerra sin cuartel contra la población los últimos diez años, la corrupción constantemente denunciada, el impacto negativo en la economía familiar…

Parece ser que la apuesta de López Obrador es, justamente, la segunda opción: marcar una línea clara sobre la urgencia de unidad y fraternidad en un país dividido, siguiendo, así, el camino de proyectos como Podemos, en España, Syriza, en Grecia o el discurso de Bernie Sanders, durante las campañas primarias de los Estados Unidos.

Quizá el mayor espacio que ha tenido en estos meses fue la entrevista de casi una hora que le realizara el equipo de Despierta con Loret de Mola. Tras dos campañas presidenciales, tras casi dieciocho años de un constante contacto con una prensa que le es contraria, el tabasqueño mantuvo el tono y los temas que le son característicos: la crítica a la clase política, la denuncia de la corrupción y este nuevo tono que mencionábamos. Pudo, gracias a las preguntas planteadas por el equipo de periodistas, hablar de uno de los “lugares comunes” de los últimos meses: las comparaciones entre su persona y Donald Trump, aclaró unas cuantas preguntas sobre su salud y, contrario a lo que ocurrió durante la campaña presidencial del 2006 en el programa Tercer Grado, se mantuvo calmado e, incluso, respondía a los chistes y comentarios de de Mola. (Vía: Noticieros Televisa)

Este último acercamiento de Andrés Manuel con los medios, también, ha venido acompañado de una serie de declaraciones sorpresivas de periodistas que se les había creído enemigos acérrimos del tabasqueño: desde Adela Micha hasta José Ramón Fernández (quien, por lo general, mantiene sus comentarios de política a lo mínimo). En entrevista para El País, Micha contestó, incluso, que “es un personaje que admiro profundamente. Me parece que es el único líder real que hay en el país.” (Vía: El País) Mientras que Fernández, en entrevista con Jorge Van Rankin, no sólo hizo un comentario semejante al de Micha, sino que, además, problematizó la lectura de López Obrador como un “Trump mexicano” o “comunista” y comentó que “pudo haber sido presidente, pero le acomodaron los votos”.

Si bien, hoy, los “presidenciables” siguen apareciendo por todo el país: gobernadores, secretarios de estado, líderes de partido y miembros de familias ex-presidenciales, del único que se han sabido siempre sus intenciones, es López Obrador. Frente a un Revolucionario Institucional debilitado por una presidencia desquebrajada y los constantes escándalos de corrupción de sus ex-gobernadores; frente a un Acción Nacional divido entre dos corrientes que, igual de poderosas al interior, no terminan de convencer al electorado, y frente a una izquierda partidista invisibilizada por sus propios escándalos, conflictos internos y falta general de coordinación, la figura de Andrés Manuel vuelve, por tercera ocasión, a resurgir y a ser, de nuevo, tema de discusión por su peso en las encuestas, por sus propuestas políticas, por la experiencia que, quiéralo o no, ha reunido frente a unos medios en constante roce contra su persona y su “proyecto de nación”.

La del 2018 es su último intento de alcanzar la presidencia de la República, lo ha dicho él mismo. (Vía: Aristegui Noticias) Quizá, también, aprendió de la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, quien tras su tercer campaña decidió retirarse de la palestra política. Tal vez sea éste su última oportunidad, quizá, por lo mismo, habrá de ser su campaña a la que habrá que prestarle toda la atención.