La Ley de Seguridad Interior avanza sin frenos, y ese es un grave problema

Este 2017 empezó con dos temas centrales en la agenda noticiosa: Donald Trump, en el plano internacional, y las protestas (y las reacciones del gobierno frente a ellas) por el gasolinazo, en el nacional. Por casi dos meses es prácticamente de todo lo que hemos hablado y, si bien han habido razones para ello, la centralidad de estos temas puso en segundo plano otras situaciones que, igual de apremiantes, han estado moviéndose sin la atención necesaria; éste es el caso de la “Ley de Seguridad Interior” que, desde las secretarías de la Defensa Nacional y Marina han estado presionándose para su aprobación en San Lázaro. La semana pasada, las fuerzas armadas lograron una victoria: la propuesta de ley ya fue aprobada en comisiones y “sólo” falta su aprobación en sesión plenaria. (Vía: Proceso)

Durante los últimos meses del año pasado, el secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos, se convirtió en un personaje recurrente en los medios por lo cambiante de sus declaraciones: de exigir una legislación para el actuar de “sus muchachos” a decir que esos mismos muchachos estarían “más que felices” de regresar a sus cuarteles, hasta un seco “apoyaremos al presidente en lo que ordene”. Se cumplían diez años de la “guerra contra el narcotráfico” y los resultados eran (son) evidentes para todo el país: a los casi doscientos mil muertos, los treinta mil desaparecidos, los millones de desplazados y las 9 mil denuncias en la Comisión Nacional de Derechos Humanos contra las fuerzas armadas, se le sumaban los escándalos de Tlatlaya, Ayotzinapa, Nochixtlán y Apatzingán. (Vía: Milenio)

En medio de esto, la exigencia del general no era algo descabellado: en verdad es urgente legislar los límites de la actuación de las fuerzas armadas, de verdad urge definir si los tribunales militares son una forma “correcta” de procesar las violaciones de derechos humanos cometidas por miembros del ejército… Ante la insistencia de Cienfuegos, en el Senado y en San Lázaro aparecieron iniciativas de ley que, más que regular un regreso a los cuarteles o proponer otras formas de enfrentar el muy real problema dela violencia y el narcotráfico, era una regulación del Estado de excepción en el que buena parte del país ha vivido desde 2006. (Vía: El Universal)

La propuesta de ley había iniciado una discusión sobre el papel del ejército y las fuerzas armadas, sobre los Derechos Humanos y la aplicación del “estado de Derecho”… pero llegó Trump. Y la misma llegada de Trump le dio un nuevo aire a las intenciones del general secretario Cienfuegos.

Tras las supuestas filtraciones de la llamada Trump-Peña Nieto y tras la confirmación del mismo presidente de los Estados Unidos de haber “bromeado” sobre el envío de tropas a México, los jefes de las fuerzas armadas convocaron a una reunión con los presidentes de las comisiones de Seguridad de San Lázaro. Una breve nota en El Universal el 4 de este mes reportaba la reunión, en ella, la presidenta de la comisión de Gobernación, la priísta Mercedes Guillén confirmaba que habría una reunión, pero que no sería pública, pero (y ésta es la cita literal de El Universal):

lo que podemos hacer es que les diga qué fue lo que se trató, estaremos ajustando el día. (Vía: El Universal)

En las semanas que Donald Trump lleva de presidente, la forma como México se relaciona con Estados Unidos entró en crisis y, aún, seguimos adaptándonos; pero comentarios como el que hiciera el presidente de EE.UU. respecto a las tropas también forzó un cambio radical en cómo se piensa a sí mismo el ejército nacional: aceptar o tolerar la mera mención de esto implica la derrota moral y política de un ejército que se ha desgastado por diez años. Y ésto es algo que ni Salvador Cienfuegos ni el almirante secretario Vidal Francisco Soberón pueden tolerar. (Vía: Proceso)

Incluso los comentadores del gobierno están tratando de justificar la urgencia de votar una ley que, si se aprueba tal y como está, podría ser una amenaza para la vida civil y la muy frágil democracia del país:

El escenario es grave. Los efectos del aumento en el precio de la gasolina ya se sienten; la inversión extranjera está detenida hasta esperar cuáles serán las políticas que adopte contra México el hombre más poderoso del mundo. Los procesos electorales tanto de este año, como el federal de 2018, dividen al país en varias fracciones [sic], aun y a pesar de que oficialmente todavía no comienzan. El blindaje que debe tener el país solamente lo puede construir México. La promulgación de la ley de seguridad interior dará certeza y fortaleza a todos los mexicanos, ya que un ambiente económico por mucho peor al que vivimos actualmente producirá un mayor deterioro en el tejido social. (Vía: Milenio)

Ante este escenario monstruoso (que, en mucho sí es el actual), el columnista propone un ejército, una marina y una policía federal fuerte y ¿sin límites? Si por diez años la estrategia de enfrentar violencia con violencia no ha funcionado, y ha sido cruelmente demostrado una y otra vez que no ha funcionado, ¿de verdad es éste el único camino?