La red de agua potable de la CDMX está hecha de material cancerígeno

El asbesto es un material que ya fue reconocido como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
cancerígeno

De acuerdo con el diario español El País, en la Ciudad de México, el agua potable que se consume se distribuye a través de tuberías de asbesto, un material que ya fue reconocido como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Y es que aún cuando los tubos son reemplazados por otros hechos de polietileno cuando se rompen, la mayor parte de la red sigue siendo de asbesto, según lo confirmó el propio Gobierno capitalino. El daño más reconocido del asbesto a la población es el caso de los obreros que tienen contacto directo con el material.

Sin embargo, todos los organismos internacionales de salud han mencionado de que no existe un nivel seguro de exposición. Pero aún a pesar de tales advertencias, México es el principal importador de asbesto en América Latina.

“Todas las formas de asbesto son cancerígenas para el ser humano”, especificó la OMS en una nota de 2014 sobre las enfermedades relacionadas con este material de construcción.

Ya la agencia estadounidense para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades había referido que el agua potable puede contener asbesto de fuentes naturales o de cañerías. “Las fibras de asbesto no se evaporan al aire ni se disuelven en agua”, advierte, por lo que su inhalación o ingestión provoca que las partículas se alojen en los pulmones o el tubo digestivo, dañando sus células.

Los riesgos del asbesto –o amianto- son tan conocidos por su peligrosidad para la salud humana que más de 50 países han prohibido o limitado su uso, como la Unión Europea, Argentina y Honduras.

Sin embargo,México, lejos de imitar estas restricciones, se ha opuesto al convenio de Rotterdam, que obliga a los países exportadores a etiquetar este producto como cancerígeno, según explicó la profesora Guadalupe Aguilar, miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México, quien dirige al único grupo en el país que ha investigado los daños provocados por el asbesto. Esto se debe, agrega Aguilar, a que México es el principal importador de amianto en la región, principalmente desde Brasil.

“La mayor parte de la red de abastecimiento de agua potable es de asbesto”, reconoció el director del Sistema de Aguas de la ciudad de México (SACMEX), Ramón Aguirre Díaz.

El funcionario explicó que la red tiene un promedio de 60 años de antigüedad y fue construida antes de conocerse sus efectos nocivos. Los tubos son reemplazados por otros de polietileno de alta densidad pero sólo cuando se presenta una fuga o alguna falla que haga urgente su reemplazo.

En la delegación Cuajimalpa por ejemplo, hay 289.244 metros de tubería de asbesto cemento y sólo 7.151 de polietileno. Las fugas también son un factor de riesgo, según los expertos, pues al romperse el asbesto libera partículas que no se desintegran y quedan en el agua, además de que los trabajadores que reparan la fuga entran en contacto directo con el material.

Y en referencia al riesgo de que la población desarrolle cáncer por consumir agua de esas tuberías, Aguirre rechazó esta posibilidad, pues según él, sólo los trabajadores lo desarrollan por el contacto directo, “y aquí ya ni hay fábricas”. La razón por la que las tuberías de asbesto deben ser reemplazadas, según el director de Sacmex, no es el riesgo de cáncer sino su fragilidad, que provoca hasta un 40% de fugas.

La realidad es que se ha venido trabajando pero no con la intensidad que se requiere por la falta de recursos. Sí se hacen trabajos pero se requiere invertir mucho más en ese renglón, por eso tenemos una incidencia alta de fugas”, admitió el funcionario, e indicó que se requieren al menos mil millones de pesos por año (unos 54 millones de dólares) para la sustitución de tuberías, adicionales a los 12.000 millones (652 millones de dólares) que actualmente ya le asigna el congreso local al Sistema de Aguas.