“Gasolinazo” aumenta presiones inflacionarias

Gasolinazo

Era inevitable, por más que el gobierno quisiera defender que los aumentos en los precios de la gasolina no tendrían consecuencias inflacionarias era defender lo indefendible, era renunciar a un principio no solo de economía básica, sino a una cuestión de sentido común. Parece ser que los hechos económicos alcanzaron a los discursos y a la retórica del gobierno que no supo comunicar de forma eficiente tanto las causas y por tanto los objetivos de las medidas tomadas, como las consecuencias no deseadas o los daños colaterales que tendrían tales determinaciones económicas.

El gobierno reaccionó tarde y mal, no supo explicar la pertinencia de las medidas tomadas, no supo defender las ventajas de un modelo económico abierto a la competencia, ni tampoco las desventajas a largo plazo, en términos del aumento de la deuda pública, de mantener controlados y subsidiados los precios de los combustibles. En realidad el gobierno fue víctima de su propia demagogia, ya que promovieron mal la reforma energética, buscaron defenderla a través de mentiras, como las que aseguraban que con esta se acabarían los famosos gasolinazos, es decir no supieron desligar la liberalización, en donde fluctúan libremente los precios según las condiciones del mercado global, de los ajustes sufridos por el mantenimiento de precios artificiales, los cuales todavía prevalecen y que se materializan en los famosos gasolinazos. 

Pero, lo más risible de todo es que hasta el último momento se defendiera el argumento sin sustento de que el aumento del precio de los combustibles no tendría impactos en la inflación. Parece ser que desconocen las formas en que funcionan las cadenas productivas, en donde prácticamente todos los sectores de la economía utilizan directa o indirectamente combustibles para operar, en consecuencia un aumento en los costos de los energéticos impactan invariablemente en el precio final de cualquier producto o servicio.

Ahora, vemos que lo previsible llegó, los gasolinazos impactaron a la inflación de la primera quincena de enero, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un incremento que supera el objetivo planteado por el Banco de México de 3% con un margen de +/- un punto. Este nivel inflacionario no se había visto desde hace más de cuatro años, cuando todavía sufríamos los efectos de la crisis económica de 2008.

Según el INEGI, organismo autónomo encargado de medir entre otras cosas el INPC, la inflación alcanzó un nivel de 4.78% anual, cifra que no se había registrado desde la segunda quincena de septiembre de 2012. Si comparamos la inflación de esta quincena con respecto a la anterior observamos que hubo un aumento de 1,51 %, incremento que no se  veía desde 1999, es decir, no se había presentado un aumento de esa magnitud desde hace 18 años.

Como hemos dicho, los productos y servicios que más aportaron a estos incrementos fueron los combustibles (gasolinas, diesel y gas LP), los cuales aumentaron entre un 15 y un 21%.  Estos aumentos impactaron de manera inmediata en los precios del transporte público y de los automóviles, y de manera gradual en los precios de productos de consumo básico, los cuales también incrementaron sus costos de producción y distribución en distintos mercados a consecuencia del aumento de los precios de los energéticos.

Se prevé que al final de este año se estabilicen las presiones inflacionarias a raíz de la fluctuación libre de precios, los cuales se moverán hacia arriba o hacia abajo incluso por hora del día, en ese sentido tendrán menores presiones inflacionarias que las que se generan con un mercado de precios fijos y controlados. Asimismo, recordemos que la inflación es un índice central para observar el desempeño de cualquier economía, en ese sentido, aunque en México ha aumentado considerablemente aún se encuentra dentro de límites estables y manejables, esto quiere decir, que la economía mexicana se encuentra sana independientemente de la percepción que tiene el sentido común, la cual apunta al pánico y a las ideas infundadas de que estamos al borde de una crisis económica. (Vía: El Financiero)

 

 

 

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