Feminicidios cada vez más violentos

Con las cifras tan altas de feminicidios en el país, poca atención se le está dando a la violencia con la que éstos son ejecutados.

Apenas el pasado 19 de octubre, miles de mujeres marcharon en la Ciudad de México y decenas de ciudades del país, uniéndose a una convocatoria latinoamericana para visibilizar los feminicidios, para exigir que se castigue a los culpables y para crear consciencia de que la violencia contra la mujer nace en las mismas familias, en una cultura machista que convierte en objeto a la mujer -en un objeto desechable, además.

Cuando, en promedio, siete mujeres son asesinadas diariamente en el país, números tan impactantes pueden hacer que la forma como esos mismos feminicidios son llevados a cabo quede oculta.

El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio está buscando atraer la atención al hecho de que no sólo son los números de feminicidios los que están creciendo, sino la violencia misma de la que son víctimas las mujeres asesinadas: cada vez se van haciendo más “comunes” notas impactantes de mujeres en maletas, autos, terrenos baldíos… por ejemplo, en 2013, 32 de cada 100 mujeres asesinadas presentaba marcas evidentes de violencia. (vía: Animal político)

La Ley General de Acceso de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia y del Delito del Feminicidio indica que, para que un asesinato sea considerado como feminicidio tiene que cumplir ciertos “requerimientos”, entre ellos, que el cuerpo haya sido violentado física o sexualmente y que haya sido “expuesto”, abandonado, en un lugar público; es decir que el feminicidio es en sí mismo, desde su definición legal, un crimen atrozmente violento que, para la CNDH es “una forma extrema de violencia.” (vía: La Jornada).

Entre enero y junio de este año, tan sólo en la Ciudad de México, se han registrado 36 asesinatos, sin embargo sólo 24 han sido catalogados (e investigados) como feminicidios (vía: Reforma).

Fiscales, familiares de víctimas y ONGs se enfrentan constantemente a jueces que no dictaminan esos asesinatos dolosos como feminicidios, lo que reduce recursos para la investigación (algo que ocurre con particular insistencia estados con Alerta de Género, como el Estado de México o Veracruz) y reduce las sentencias, en el raro caso que el culpable del crimen sea enjuiciado. (vía: La Jornada)

Las autoridades consideran los casos más extremos como “casos aislados”, lo que cancela cualquier lectura de un problema mucho mayor y, con ello, la búsqueda de mecanismos mucho más amplios que busquen prevenir y reducir estas estadísticas.

Este incremento en la violencia de los feminicidios viene a la par de un alza indiscriminada en los asesinatos de mujeres trans, crímenes que también son ejecutados con una violencia desatada. Cuando cerca del 90% de las muertes de mujeres en el país quedan sin un culpable; cuando sus cuerpos cada vez aparecen más vejados, más públicas sus muertes, la consigna con la que marcharon miles de mujeres en todo el país el pasado miércoles 19 no sólo no es una exageración, sino una terrible realidad.