El Santo: 99 años de leyenda enmascarada

El 23 de septiembre de 1917 nació Rodolfo Guzmán Huerta en Tulancingo Hidalgo. Este nombre quizá no diga mucho, pero Rodolfo Guzmán fue quien encarnó a uno de los héroes populares más emblemáticos del siglo XX en México: Santo, el enmascarado de plata. A 99 años del nacimiento de Santo, les dejamos una revisión de la historia de este personaje.

El 23 de septiembre de 1917 nació Rodolfo Guzmán Huerta en Tulancingo, Hidalgo. Este nombre quizá no diga mucho, pero Rodolfo Guzmán fue quien encarnó a uno de los héroes populares más emblemáticos del siglo XX en México: Santo, el enmascarado de plata. A 99 años del nacimiento de Santo, les dejamos una revisión de la historia de este personaje.

La lucha libre llegó a México en los años 30 gracias al empresario Salvador Lutteroth, quien vio en Texas el primer espectáculo de lucha libre y decidió importarlo. Los primeros espectáculos fueron con luchadores extranjeros en un gimnasio abandonado que rentaba su ring de box. Primero se luchó ahí con poco público y luchadores extranjeros, después creció su popularidad, empezaron a luchar mexicanos y se mudaron a un recinto icónico: la Arena Coliseo.

El nombre de este lugar no niega los profundos orígenes de la lucha libre: nos remite a tiempos clásicos, épocas doradas y a su vez violentas. Pan y circo, o tortas y luchas. Diez años después se fundó la Arena México. Ésta verá nacer a grandes luchadores, héroes de chicos y grandes, sin importar origen ni condición social. No obstante, el más importante y emblemático de todos ha sido Santo.

Santo es el nombre que adoptó Huerta tras incursionar como luchador con otros pseudónimos que no pegaron. Había sido antes Rudy Guzmán, Hombre Rojo y Murciélago II. Pero no fue hasta 1942 cuando debutó como Santo. El cambio lo dio gracias a su entrenador, Jesús Lomelí, quien le propuso cambiar Murciélago II y le dio tres opciones: El Ángel, El Demonio o El Santo. Lomelí le dijo:

“Tienes que ser tú mismo, y para eso tienes que ser otro”.

Se dice que se basaron en Simón Templar alias El Santo, un justiciero de las novelas policiales de Leslie Charteris para el nombre nuevo. Santo declaró:

“Al principio tenía miedo de llamarme el Santo porque la gente qué iba a pensar, que me estaba burlando de Dios o algo. Pero luego me aceptaron y el nombre me gustó”.

El momento que marcó y consolidó a Santo como héroe dentro del mundo de la lucha libre fue cuando ganó la máscara a Black Shadow, en 1952. Apostar la máscara es apostar la identidad (y a veces la trayectoria) dentro de la lucha libre. Black Shadow perdió ante Santo y éste lo desenmascaró, y con ello se consolidó como el nuevo héroe.

Fue ahí también cuando su enemistad con Blue Demon empezó. Santo se precipitó a quitarle la máscara a Black Shadow y Blue Demon lo detuvo con un golpe. La máscara sólo se la puede quitar quien la porta. Con el incidente, Santo probó su superioridad y así se consolidó definitivamente como el luchador del momento.

Al cuadrilátero le quedó grande el héroe, a tal grado que ya no cupo solamente dentro de los límites de las cuerdas y se desbordó hacia otros medios. El hombre se hizo héroe y el héroe se hizo mito, y el Santo triunfó primero en los combates en las arenas (en vivo y televisadas), después protagonizó su propia historieta y por último dio el salto hacia las películas. El éxito televisivo y en las historietas fue prácticamente inmediato, ya que en 1951 al Santo se le veía desde las televisiones y se le leía con un tiraje de 300 mil ejemplares por número (con dos números a la semana).

Santo era un luchador bueno, defensor de los desvalidos, justiciero, un caballero elegante pero también un ídolo del pueblo. Estas características lo llevaron a ser el héroe que México necesita. Tras el estancamiento del cine nacional rural y de rancheras, la industria cinematográfica necesitaba de protagonistas nuevos que garantizaran la conservación de los valores nacionales estables, pero también el éxito con la audiencia. Santo protagonizó 52 películas a lo largo de su carrera, en las que se enfrentó a hombres infernales, zombis, mafias, secuestradores, estranguladores, cazadores de cabezas, brujas, lobas, momias, asesinos, villanos del ring, furia de karatecas, y poderes satánicos, por mencionar a unos cuantos de sus enemigos.

Es gracias al Santo que nos explicamos la existencia de Superbarrio o Fray Tormenta: luchadores que también han sido héroes populares, garantizan el bienestar de una comunidad y defienden a los desvalidos. Tampoco se encuentra demasiado lejos el sub-comandante Marcos y su legitimación enmascarada. Mostrar el rostro se vuelve frágil, algo de lo que uno desconfía.

Santo mostró su rostro en televisión nacional pocas semanas antes de morir. En el programa Contrapunto, de Jacobo Zabludosvky, se levantó la máscara plateada. Expuso entonces su rostro desnudo, recordándonos que detrás de todo el mito siempre estuvo Rodolfo Guzmán Huerta, un jovencito nacido en Tulancingo, Hidalgo. Este recordatorio podría pensarse iluso, al Santo se le salió de las manos el Santo mismo. Era un hombre, era un luchador pero sobre todo era un mito andante, tan maravilloso que se antojaba ficticio.

El 6 de febrero de 1984 el periódico Alarma! se imprimió con un contundente encabezado: “El Santo al cielo”. El Enmascarado de Plata, después de una carrera de luchador, superhéroe, elegido y defensor del Bien, falleció después de lo que sería su última lucha, debido a un paro cardiaco. Este encabezado, más allá del refrán, pone de manifiesto la santidad de la cual el luchador era partícipe desde que estaba vivo.

A Santo no lo enterraron como el hombre debajo de la máscara, Rodolfo Guzmán Huerta nacido era simplemente una excusa para el papeleo burocrático. Santo era Santo sin importar si había alguien detrás de él. La máscara se volvió el todo y el Santo se volvió verdaderamente un Santo de legitimación popular, un héroe de mito moderno, y una canonización tan lejos del Vaticano y tan cerca de la Doctores.

Ximena Rojo, @mujerdeldemonio

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