El mal de la publicidad del gobierno, ¿se puede resolver?

Están en todas partes. Ha sido un tema en el Congreso al menos desde las elecciones del 2000 y más tarde con los excesos de Fox, pero han pasado quince años y todas legislaciones no han hecho sino mantener el mismo modelo con los comerciales del gobierno. Seguimos alucinando la publicidad del gobierno federal y las caras de cuanto gobernador quiera ser visto en la calle.

El gasto en publicidad es uno de los más cuestionados dentro de un presupuesto de por sí excesivo para los gobiernos locales, federales y las cámaras legislativas. No cabe duda de que la comunicación social es clave para cualquier gobierno, pero, ¿se puede marcar una línea entre eso y la promoción personal?

Es importante que los gobiernos informen constantemente sobre sus actividad, sus logros, sus compromisos y lo que le queda por hacer; de manera que los ciudadanos cuenten con información oportuna, transparente y precisa sobre lo que hacen. Pero desde hace tiempo, en México esto se ha transformado en una plataforma para la desinformación y la promoción personal.

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Por ejemplo, es fácil acceder a los comerciales de Presidencia en los que Peña Nieto explica los logros de su sexenio; pero es difícil acceder a información de interés general, como el nivel de la violencia por región, los feminicidios, las acciones emprendidas para limpiar la corrupción de varios municipios, los desastres ecológicos que causa la industria minera o contratos en compras presidenciales, como la Casa Blanca (que si no fuera por una investigación periodística, no sabríamos de ella) o el avión y el hangar presidenciales.

¿Se puede decir que tener muchos comerciales de gobierno significa tener comunicación con la ciudadanía o transparencia?

Los comerciales en televisión, radio e internet suelen ser plataformas de promoción personal y no cápsulas informativas. No es raro, después de todo, un comercial trata de vender algo, no está hecho para brindar información certera de nada. Entonces, ¿cómo podemos justificar que existan comerciales de presidencia, si no informan ni se comunican con la ciudadanía?

Según un informe de Fundar, en el primer año de gobierno, Peña Nieto gastó más en publicidad que sus antecesores: 7.1 mil millones de pesos, frente a 5.2 de Calderón y 3.5 de Fox. De ese monto, los mayores beneficiarios fueron las televisoras, que se repartieron mil millones (sin tomar en cuenta las plataformas de radio e internet que también poseen Televisa y TV Azteca, y sin la publicidad de Canal 40, que opera de manera independiente, pero pertenece al grupo de TV Azteca). ¿Por qué las televisoras tienen esas ganancias, si se supone que por ley el gobierno tiene derecho a tiempo al aire sin pagar nada?

Foto: Daniel Go
Foto: Daniel Go

Para el ejercicio presupuestal del 2016, Presidencia propuso un recorte en casi todos los rubros del gasto corriente, excepto en dos, en los que propusieron aumentos. ¿Cuáles son estos dos rubros que según el presidente necesitan más dinero que antes? Por un lado es la Oficina de Presidencia, que pide 18% más, y por supuesto la dedicada a la Comunicación, que para 2016 solicita 30% más que para el 2015 (155 millones 887,577 pesos).

¿Es esto un indicador de lo que es importante para Presidencia? ¿El aumento corresponde al hecho de que cada vez estamos más cerca de las elecciones de 2018? Y todo esto sumado a un ya de por sí gasto excesivo en comunicación por parte de todo el gobierno federal.

Lo que ocurre en el gobierno federal no es muy distinto a lo que hacen los gobiernos locales o el propio poder legislativo. ¿A quién sirven esos comerciales? ¿Los necesitamos para enterarnos de lo que hace nuestro gobierno? ¿Lo que sale en los comerciales es lo que realmente ocurre en México?

Otra vez contra la publicidad

Una vez más, el tema de los comerciales y la promoción personal se encuentra en discusión. El actual presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones declaró la semana pasada que habría que evitar que se usaran los tiempo oficiales para promocionar personas con fines electorales. Se refería específicamente al presidente del PAN y a Andrés Manuel López Obrador, que este fin de semana se convirtió en el nuevo presidente de Morena.

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Ante este panorama, el Partido de la Revolución Democrática propuso una iniciativa para prohibir los comerciales de gobierno. Según ellos, no sirve de nada impulsar medidas paliativas, como limitar tiempos o calcular presupuestos; porque no importa el tipo de regulación que se establezca en el tema, siempre habrá forma de darle la vuelta.

Según la propuesta presentada por el senador Zoe Robledo:

“Queda prohibido, para los poderes públicos, los órganos autónomos, las dependencias y entidades de la administración pública y cualquier otro ente de los tres órdenes de gobierno, la contratación y difusión de propaganda bajo cualquier modelo de comunicación social“

En otras palabras, no más comerciales engañosos o letreros de plástico con las caras de gente que no conocemos (y probablemente no queremos conocer). La propuesta tiene que ser discutida aún, pero se ve difícil que se apruebe así como está. ¿Realmente el Congreso estará dispuesto a renunciar a los enormes negocios de la publicidad?

Probablemente pienses que este es un tema poco importante, ¿a quién le importa la publicidad del gobierno y lo que dicen ahí? Bueno, pues en ese caso vale la pena recordar uno de los regímenes que más se apoyaron en la publicidad: el nazismo. Adolf Hitler opinaba que la publicidad era un “arma terrible“, y la utilizó extensamente.

Foto: Michael Dawes
Foto: Michael Dawes

Según Steven Luckert, director de la exposición sobre la publicidad nazi en Washington, el control sobre la imagen y los símbolos que logró el partido nazi le permitieron crecer de un minúsculo grupo de derecha a un terrible régimen opresor. La publicidad de Hitler no solo logró llevarlo al poder, también le valió el apoyo de todo un país para llevar a cabo un exterminio masivo de seres humanos.

Claramente, el gobierno mexicano es muy distinto al partido nazi. Pero vale la pena recordar aquí lo que fue capaz de hacer la publicidad sin control para dejar en evidencia lo importante que es controlarla. Un gobierno que se construye sobre lo que promociona no puede ser considerado democrático.

Por: Redacción PA.