El desastre de Gabino Cué

cue

A seis años de la alternancia en Oaxaca, estado en donde el PRI había gobernado prácticamente durante más de 70 años, este cambio de partido más que positivo, lo que dejó fue estado hecho un desastre. Gabino Cué, candidato ganador a la gobernatura en 2010 por la alianza PAN-PRD, no representó un cambio y no hizo mucho más que sus antecesores priístas, quienes por cierto, llegaron al poder con la reputación de caciques y corruptos, ahí están Ulises Ruiz y José Murat como ejemplos.

No, no hubo cambio y podemos decir que las cosas empeoraron en el estado, en donde se vive una crisis de gobernabilidad, de derechos humanos, de inseguridad y de corrupción, sin mencionar el poco o nulo avance en temas de infraestructura para la inversión. Podemos decir que Oaxaca es el estado de lo inconcluso. A Gabino Cué le quedó chico el puesto; la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) lo rebasó, si bien fue correcto su apoyo al gobierno federal en términos de quitarle a la CNTE el control de los recursos y las plazas en el estado, rompiendo así con las décadas de corrupción y clientelismo entre el magisterio y el gobierno local; no supo reaccionar y actuar ante la enfurecida CNTE que se dedicó todos los días a boicotear y a transgredir la vida cotidiana y la economía del estado.

Su respuesta fue tímida y poco eficiente, solo véase el caso del operativo conjunto con el gobierno federal en Nochixtlán que resultó en un verdadero desastre. Esa pifia tuvo consecuencias políticas graves y fue el principio del fin de su gobierno, ya que para varios sectores de la opinión pública la CNTE pasó a ser una víctima del gobierno represor, eso de cierta forma le dejó las manos atadas y permitió al magisterio radicalizar sus acciones con total impunidad, aumentaron los bloqueos, los saqueos y el vandalismo que tuvieron como consecuencia la disminución de actividades económicas y productivas en la región, causando pérdidas económicas por más de 1700 millones de pesos. (Vía: El Universal)

Dicha incapacidad para gobernar el estado y para aplicar la ley agravó la situación en un estado que ya de por sí tiene poco desarrollo y crecimiento económico. Esa inoperatividad se ve reflejada en la desatención a recomendaciones de organizaciones de derechos humanos, quienes señalan que de 96 recomendaciones emitidas, solo fueron atendidas 8, la mayoría relacionadas a violaciones de derechos humanos de presidentes municipales y al tema magisterial, específicamente al Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca. (Vía: Proceso)

Pero eso no es todo, el plan de infraestructura presentado al inicio de su gobierno también resultó ser un fracaso, en donde adelantó una inversión de 50 mil 944 millones de pesos para llevar a cabo proyectos como son: una presa hidroeléctrica, en el Paso Jimiltepec; otra presa en Sola de Vega para llevar agua a la capital; dos unidades deportivas en la capital; un penal de máxima seguridad; un centro de convenciones e infraestructura de una carretera para conectar a la capital con el Istmo.

Asimismo prometió terminar el centenar de hospitales y clínicas inconclusas durante la gestión de Ulises Ruiz, de las cuales solo se han concluido tres y uno de ellos está sin operar por falta de personal y equipo, a pesar de que se invirtieron 500 millones de pesos en él. (Vía: El Universal)

El porvenir de Oaxaca se ve cada vez más complicado, la crisis política y social del estado vuelve complicada la aplicación de políticas sociales y económicas para el desarrollo. En un estado donde el gobierno no aplica la ley de manera eficiente permitiendo que grupos clientelares y mafiosos operen con total impunidad (por cierto bajo el cobijo de organizaciones sociales y de derechos humanos, véase: La Jornada), luce complicada la aplicación de programas como el de las Zonas Económicas Especiales. Si no hay garantías de gobernabilidad, de aplicación y respeto a la ley y al libre tránsito, Oaxaca no será un destino atractivo para la inversión. Gran paquete el que recibe el gobernador electo Alejandro Murat. (Vía: El Financiero)