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Dan premio y recuerdan a estudiantes de GDL en #Ariel60

Una comparación ociosa, pero la entrega de los premios Ariel de 2018, el Oscar mexicano, en su edición número 60, estuvo rodeada de los mismos problemas e invisibilidad de siempre, pero además del recuerdo de los estudiantes cine desaparecidos y asesinados en Guadalajara.

La entrega fue como casi todos los años, con un público que siempre ha estado así, frente a la falta de visibilidad de manera masiva, demostrando lo olvidada que está la industria de cine mexicano en el mismo territorio nacional.

Sin embargo, destacó que en esta ocasión se buscó dar un espacio constante a los problemas que enfrentan como gremio cinematográfico, que no son solo de presupuesto o de exposición, sino de la misma inseguridad que llevó a la desaparición forzada de tres estudiantes después de realizar una grabación.

En representación de los estudiantes asesinados y de los jóvenes que estudian cinematografía, Lucía Bello, Mónica Ruiz e Ignacio Rosas Landa dieron un discurso, en el que precisaron que este clima de inseguridad es responsabilidad de las autoridades:

“Es un dolor desbordante producido por una guerra declarada desde nuestras instituciones pero cuyos funcionarios juegan en bandos indefinidos

También otros más se sumaron al reclamo por el caso de estos tres estudiantes, que fueron secuestrado, torturados y disueltos en ácido, en la misma semana que otras cinco personas fueron privadas de la libertad en Jalisco.

Everardo González, ganador por su documental La Libertad del Diablodonde elabora un discurso sobre cómo se ha adentrado la violencia en México, dijo que a su generación le tocó grabar este tipo de cine.

Dentro de la selección para esta entrega, hubo varios trabajos, como Vuelven y el ya citado de González, que tocan la violencia y el narcotráfico. Es un problema que no solo está en el cine como tema, sino como realidad paralela a la producción de esta industria.

Aunque la entrega del Ariel siempre sea un evento, por demás olvidado, que busca resaltar la industria mexicana, la realidad desborda lo elegante y producido que pueda ser el evento.

Constantemente, quienes reciben galardones en esta selección, utilizan su tiempo en la aceptación del premio para evidenciar la precaria condición en la que trabajan los realizadores, actores y distribuidores.

Existe un gran desbalance entre las producciones que reciben presupuestos estratosféricos a las que son galardonadas en el Ariel. Claro, no se espera que una cinta melodramática como Lo Más Sencillo es Complicarlo Todo se equipare en presupuesto con las demás exhibidas aquí.

Sin embargo, queda claro que el cine mexicano necesita que su presupuesto sea aplicado de una manera más equitativa para que pueda competir como industria a nivel internacional y, por supuesto, a nivel local.

También, las condiciones para que eso suceda no dependen solo de los que trabajan en la industria mexicana, pues queda claro que es un riesgo latente para todos los que salen a grabar el ser afectados por condiciones de violencia generalizada que no los tienen como blanco especifico.

Con información de Reforma