El CNI instaura el Concejo Indígena de Gobierno y, con él, a su vocera y candidata para 2018

El día de ayer, el Congreso Nacional Indígena (CNI) conformó un Concejo Indígena de Gobierno (CIG), como, desde el año pasado, había anunciado que lo haría. Al frente de él (al menos como representación, pues su organización no es jerárquica) ha elegido, por votación directa, a María de Jesús Patricio, indígena nahua originaria de Tuxpan, Jalisco.

El CNI es una agrupación nacida en 1996 tras los Acuerdos de San Andrés, en él se reúnen una amplia diversidad de pueblos indígenas de todo el territorio nacional: alrededor de 52 naciones y pueblos se reúnen cada cierto tiempo para plantear una agenda, buscar formas de apoyo colectivo y, en general, visibilizar y comunicar las luchas locales. (Vía: NYT)

Aunque en muchas ocasiones el CNI se ve acompañado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), no forman parte uno del otro: son organismos independientes que simpatizan uno con el otro, pero cada uno son opciones de organización indígena diferente. No existe un “bloque indígena” homogéneo, no todos los pueblos indígenas están representados en el CNI ni todos apoyan las estrategias de lucha del EZLN.

En octubre del año pasado, por medio de un comunicado, el CNI anunció sus intenciones de lanzar una candidatura independiente para las elecciones presidenciales del 2018, lo que fue recibido (casi unánimemente) con reprobación, desprecio o sospecha: por la derecha y los partidos en el poder, era nada más que “una ocurrencia”, por la izquierda institucional, una forma de “favorecer” a “los de siempre”, pues se dividiría el voto y, al final, sería un ejercicio que favorecería al Partido Revolucionario Institucional, para muchos politólogos, columnistas y comentaristas, no era más que un intento de “volver a recuperar” protagonismo para el EZLN en un momento en que, después de 23 años, estaba siendo olvidado. (Vía: El País)

A cada una de esas acusaciones, desprecios y sospechas, el CNI respondió en el comunicado en el que declaraba la conformación del CIG:

“Ratificamos que  nuestra lucha no es por el poder, no lo buscamos; sino que llamaremos a los pueblos originarios  y a la sociedad civil a organizarnos para detener esta destrucción, fortalecernos en nuestras resistencias y rebeldías, es decir en la defensa de la vida de cada persona, cada familia, colectivo, comunidad o barrio. No nos confundan, no pretendemos competir con los partidos políticos porque no somos lo mismo, no somos sus palabras mentirosas y perversas. Somos la palabra colectiva de abajo y a la izquierda, esa que sacude al mundo cuando la tierra retiembla con epicentros de autonomía.” (Vía: Congreso Nacional Indígena)

María de Jesus Patricio, conocida por muchos como “Marichuy”, ha sido por años una defensora de primera línea de la medicina tradicional de su comunidad, galardonada en varias ocasiones por la Universidad de Guadalajara, por el gobierno de su estado y por diversas comunidades indígenas por su labor como cuidadora, activista y defensora de la tierra y las tradiciones nahuas. Más que la candidata, será la vocera del CIG, más que su rostro, será un rostro que, como afirma Carlos González, uno de los voceros del Congreso, les va a aguar la fiesta “a los de arriba”. (Vía: Animal Político)

Los periodos electorales, en la historia moderna de México, siempre han sido momentos de cambios: más allá de alternancias e incrementos de violencia, desde 1910 (pasando por 1970, 1988, 1995 y 2012), son espacios creados “para” la ciudadanía que son tomados por la sociedad, como apunta Luciano Concheiro para el New York Times:

“Aunque de alguna forma es cierto que la propuesta de participar en las elecciones presidenciales del 2018 con una candidata indígena se parece más a una performance de arte contemporáneo que a una operación de realpolitik, esto no significa que su impacto será netamente de corte simbólico.” (Vía: NYT)

O para ponerlo en las palabras del propio Concejo:

Ratificamos que  nuestra lucha no es por el poder, no lo buscamos; sino que llamaremos a los pueblos originarios  y a la sociedad civil a organizarnos para detener esta destrucción, fortalecernos en nuestras resistencias y rebeldías, es decir en la defensa de la vida de cada persona, cada familia, colectivo, comunidad o barrio.” (Vía: Congreso Nacional Indígena)