Cámaras y focos, el plan de Rectoría para frenar la inseguridad en Ciudad Universitaria

La inseguridad en Ciudad Universitaria era una constante que los miles que la visitamos, que estudiamos o trabajamos ahí ya habíamos normalizado: que se “perdieran” suéteres, celulares, incluso carteras era parte de la vida diaria. Lo que no era que en una sola semana fueran encontrados dos cuerpos.

El feminicidio de Lesvy y descubrimiento, un mes después, del cuerpo de un joven (aún sin que sea determinada ni la causa de muerte ni el nombre) en La Cantera, fueron un rompimiento de la “normalidad” de una crisis profunda que se vive en cada espacio de Ciudad Universitaria: lo que supuestamente es un “espacio seguro”, un “lugar privilegiado” para el conocimiento, la cultura y la discusión de ideas ha quedado descubierto como parte de una ciudad -sí, parece que estamos diciendo obviedades, pero a veces es necesario repetirlas- con un problema grave de seguridad y, frente a eso, ninguna autonomía universitaria va a frenar la situación en la que se encuentra CU.

Tras el feminicidio de Lesvy y las protestas que exigieron justicia por ella y seguridad para todxs, el rector Enrique Graue Wichers se reunió con la Secretaria de Gobernación de CDMX, Patricia Mercado. En esa reunión, aseguraron los dos, se conversó sobre la “crisis de seguridad” que aqueja a la comunidad universitaria, así como de las medidas que podría tomar la Universidad Nacional Autónoma de México para responder ante ello. A los pocos días, un cuerpo “en alto grado de descomposición”, fue descubierto después de 30 días en un estanque de La Cantera. (Vía: Animal Político)

Ahora, con la presión de buena parte de la comunidad universitaria, la rectoría de la UNAM, junto con la Junta de Gobierno de la institución, hicieron público un decálogo (muy a la usanza del presidente…) para enfrentar la “crisis” de seguridad:

  1. Vigilancia permanente en las inmediaciones y accesos de Ciudad Universitaria
  2. Extender y reforzar la iluminación en todas las zonas de los campi
  3. Ampliar número de cámaras de seguridad en zonas “vulnerables”
  4. Instalar bases de vigilancia
  5. Colocar botones de emergencia en lugares “determinados por las comisiones locales de seguridad”
  6. Reforzar controles de seguridad en accesos y salidas
  7. Controlar el acceso de taxis sin pasaje
  8. Mejorar seguridad en el transporte interno
  9. Incrementar la vigilancia y patrullaje por las noches en las instalaciones
  10. “Continuar” el combate a la venta de droga dentro de las instalaciones universitarias (Vía: Milenio)

Más que un programa, el decálogo parece una serie de soluciones improvisadas, dentro del “sentido común” de la seguridad: reducir y controlar las libertades en pos de “luchar” contra un problema que va mucho más allá de la iluminación, las cámaras o los botones de emergencia.

De la misma manera, como ya lo han comentado activistas y académicos, no hay ni asomo de un protocolo de género: la muerte de Lesvy fue un crimen de género, los ataques y agresiones contra las mujeres en la UNAM no dependen de la iluminación ni de la vigilancia ni de la existencia o no de cámaras, ni tampoco de campañas publicitarias o conferencias o apariciones en medios, sino de acuerdos y propuestas completos y complejos.

Faltaría, también, esperar por el momento en el que nos demos cuenta que la UNAM sí está dentro de la CDMX y que, por lo mismo, comparte los mismos problemas, las mismas “crisis” y el mismo abandono del Estado como toda la ciudad.

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