AMLO propone ‘amnistía’ para el narco: ¿es posible en México, cuáles serían sus problemas y costos?

AMLO propone amnistía a narcos, aquí lo analizamos

El pasado fin de semana, en el municipio de Quechultenango, en Guerrero, Andrés Manuel López Obrador comentó, casi de manera improvisada, que está analizando la posibilidad de otorgar una amnistía a los “líderes del narcotráfico” siempre y cuando las víctimas o sus familiares estuvieran de acuerdo en cada caso.

En su discurso, en el que mencionó el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y la violencia generalizada, de la que Quechultenango no está exento: apenas hace unas semanas un comando armado asesinó al líder de Movimiento Ciudadano y ex alcalde, Armando Arturo López Lozano. (Vía: El Sur)

“Si es necesario… vamos a convocar a un diálogo para que se otorgue amnistía, siempre y cuando se cuente con el apoyo de las víctimas, los familiares de las víctimas. No descartamos el perdón. En mi tierra siempre se dice ‘ni perdón ni olvido’, yo no comparto eso. Yo sí creo que no hay que olvidar, pero sí se debe perdonar, si está de por medio la paz y la tranquilidad de todo el pueblo” (Vía: Animal Político)

Las críticas gratuitas

Como era de esperarse, a las pocas horas de haber mencionado esto comenzaron a lloverle críticas. Desde sus futuros contrincantes por la presidencia (como Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Margarita Zavala), hasta las principales columnas de opinión en los medios nacionales.

Y es que, en una primera instancia, este comentario va a contra sentido de la política contra la droga y el narco de los últimos 30 o 40 años, sino, también, les otorgó un terreno fértil para frases impactantes y ataques directos.

Antecedentes de amnistías

Sin embargo, hay quien ha trazado paralelos entre  la propuesta de López Obrador y los procesos de paz en zonas de conflictos armados como Irlanda, el país Vasco, Colombia y Palestina, en donde se han ofrecido amnistías bajo restricciones sumamente reglamentadas.

Pero el conflicto en México es completamente diferente a los de disidencia política, identitaria o religiosa de esas zonas de conflicto. Si bien todo evento es político, las razones detrás del narcotráfico y el enfrentamiento con el Estado no tiene un fin político en sí: no es la separación o la unión de una zona ni un odio racial o religioso, sino es, más bien, un conflicto comercial y de mercados.

Una propuesta como la de Andrés Manuel, si bien improvisada y sin un plan detrás de que la sustente, aunque no haya nacido en contextos semejantes al colombiano, palestino o irlandés, permite imaginar (críticamente) una solución diferente a la de la confrontación directa. Sin embargo, ¿no se parecería mucho esto a la pax priísta que, a partir de acuerdos secretos, mantuvo ‘a raya’ al narcotráfico… o, por lo menos, oculto?

¿Desde dónde ‘negociar’ una amnistía en un Estado coludido con el narco?

Por otro lado, ¿desde qué posición se sentaría a negociar una amnistía el gobierno federal si Andrés Manuel llegara a la presidencia?, ¿qué parte del aparato estatal representaría: a las policías coludidas con los cárteles, a los alcaldes y gobernadores sospechosos de nexos con el narcotráfico, al ejército y Marina, señalados miles de veces como violadores de derechos humanos?

Pongamos, por caso ejemplar, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ya que el mismo López Obrador fue quien lo mencionó. Cada uno de los involucrados en su desaparición: desde la policía y el alcalde de Iguala y el batallón 27 asentado a pocos kilómetros de los hechos, todos son representantes con diferentes grados de responsabilidad del Estado mexicano y ninguno puede decirse libre de participación en esa noche del 26 y 27 de septiembre de 2014.

Si ocurriera algo así de nuevo, ¿a quién se le ofrecería amnistía: al soldado, al policía, al alcalde… o se les juzgaría aún más fuerte por ser parte de ese Estado negociador?

La urgencia de hablar

La clara improvisación del virtual candidato de Morena evidencia, también, que ningún partido ha tomado en serio la crisis de violencia en la que se encuentra el país completo: incluso su partido ha señalado que, “de ser necesario”, el ejército permanecería en las calles; mientras, el Frente Ciudadano señala, simplemente, una lista de buenos deseos que “diseñará” una vez en el poder. La continuación de Meade, del lado del PRI, no augura un cambio radical de la estrategia de Peña Nieto.

Quizá haya algo bueno que rescatar de la opinión de Andrés Manuel: finalmente (por fin) estamos teniendo una discusión que desde el 2006 debimos haber tenido: ¿qué hacemos para frenar todo esto?

Raúl Cruz Villanueva