Albergue de Solalinde enfrenta amenazas, cierre y acoso

En la población de Chahuites, Oax., el sacerdote y activista Alejandro Solalinde abrió en el 2014 un albergue para los migrantes centroamericanos que cruzan a pie el territorio nacional. El de Chahuites es un albergue satélite al que abriera en Ixtepec, “Hermanos en el camino”.

Chahuites es una población en el sueste del estado de Oaxaca, colindante con Chiapas; su posición es estratégica para quienes, sin dinero para poder pagarle a un pollero o para ir pagando las “cuotas” que los cárteles y agentes de migración exigen en “La Bestia”, no tienen otra alternativa más que cruzar a pie cerros, desiertos y selvas en busca de su destino: los Estados Unidos.

Cuando fue inaugurado el albergue, Solalinde explicó una razón más burocrática para abrirlo:

“Nosotros lo que pretendemos es que los migrantes víctimas puedan recibir su visa migratoria tras interponer su denuncia penal, nada se está haciendo a lo oscurito, nosotros estamos apoyando con este albergue para evitar que los migrantes sean perseguidos por el Instituto Nacional de Migración, debido a que hay una estación migratoria en Tapanatepec y es una barrera enorme que impide que lleguen hacia Ciudad Ixtepec, por eso Chahuites fue la mejor opción.” (Vía: El Imparcial)

El padre Solalinde ha luchado por abrir albergues a lo largo de la ruta del migrante (tanto el lado de Veracruz, por donde corre “La Bestia” como por la costa oeste, por donde caminan miles), sin embargo se ha enfrentado a una resistencia doble: por un lado, las diferentes formas de discriminación que se articulan sobre las personas migrantes y, por el otro, la articulación entre el crimen organizado y las autoridades migratorias y políticas que explotan la vulnerabilidad legal y económica de los migrantes. (Vía: Martínez, La Bestia)

Uno de esos casos se registró en 2011, en Tultitlán, EdoMex, municipio colindante a la CDMX en donde, a pesar de un largo proceso de negociación con los pobladores, pudo más la presión del INM y el alcalde priísta, Marco Antonio Calzada Arroyo, y la población completa rechazó la idea. Poco tiempo después, el cuerpo de Julio Fernando Cardona Agustín, migrante centroamericano de 19 años de edad, apareció sin vida en la localidad. (Vía: El Universal)

El albergue de Chahuites ha sido objeto de ataques y amenazas desde que el padre Solalinde inauguró el albergue (junto con el Ombudsman de Derechos Humanos del estado y el alcalde municipal): disparos al aire, vigilancia de camionetas, ataques directos de excandidatos a la presidencia municipal han sido parte del día a día.

Los ataques subieron de intensidad: ahora, el actual alcalde municipal, Leobardo Ramos Lázaro (afiliado a Movimiento Ciudadano), amenaza con clausurar el albergue porque, según él, fue una promesa de campaña hecha a los pobladores y “no les puede fallar”. Trabajadores del albergue han comentado que el alcalde y sus empleados utilizaron “una serie de comentarios xenofóbicos y discriminadores” contra los migrantes y contra ellos mismos. (Vía: Proceso)

Solalinde ya ha denunciado los ataques, las amenazas y esta intentona de clausurar un albergue vital para miles que no sólo huyen de la violencia de este país, sino de la muerte en los que eran sus hogares. ¿Servirá de algo su nominación al premio Nobel de la Paz para visibilizar estos problemas?

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