México: “candil de la calle, oscuridad de su casa”

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Es muy común en la cultura popular llamar “candil de la casa, oscuridad de su casa” a alguien que actúa de forma ambivalente, es decir, a aquella persona que hacia afuera muestra y exige de los demás un comportamiento ejemplar, pero en su vida privada hace todo lo contrario a lo que pregona en público. Ese viejo refrán describe perfectamente el comportamiento de los gobiernos mexicanos en buena parte de su historia en términos de lo que buscan proyectar hacia el extranjero y las formas en que opera internamente.

No es nuevo que México busque proyectar una imagen ejemplar en política internacional; los gobernantes hablan sin empacho sobre temáticas de derechos humanos, de migración, de seguridad, etc., mientras a nivel interno el cumplimiento de dichos rubros puede ser evaluado de forma negativa. El tema migratorio es un ejemplo paradigmático de ese comportamiento contradictorio, para no decir hipócrita, debido a que sin reparo exige a otros países el imperativo de respetar los derechos humanos de los migrantes mexicanos en otros países.

Estados Unidos normalmente es el blanco de esas críticas, constantemente México se rasga las vestiduras por el trato que da ese país a los migrantes ilegales mexicanos y, como si fuera una autoridad moral, exige a ese país la implementación de políticas públicas que garanticen los derechos humanos de esas personas.  Es decir, exige que el país receptor se haga responsable de las personas que su mismo sistema expulsa, esas personas a las que no les garantizó educación, empleo y seguridad y que los obligó a salir de sus lugares de origen.

No obstante, todas esas exigencias que hace hacia otros países en temas de migración es incapaz de cumplirlas y garantizarlas en su propio territorio. Es bien sabido que México es un país altamente riesgoso para los migrantes que vienen de Centroamérica, ya que se enfrentan a peligros que vienen desde el crimen organizado hasta instituciones de todos los niveles de gobierno.

En ese sentido, el estado mexicano no ha garantizado un mínimo de derechos a los migrantes que entran a su territorio, las autoridades constantemente violan sus derechos humanos y no les otorgan un mínimo de condiciones de seguridad durante su estancia. Asimismo organizaciones criminales de manera impune los persiguen, los privan de la libertad y los asesinan; las mujeres y los niños son los grupos más vulnerables ya que están expuestos a crímenes relacionados a la explotación sexual y la trata de personas. (Vía: Proceso)

Así pues, según el informe presentado por la Misión Internacional de Observación de los Derechos Humanos en la Frontera Guatemala-México, no son solo los migrantes los que sufren acoso y persecución, sino también los defensores de derechos humanos que se encuentran operando en la región sufren de algún tipo de violencia por parte de autoridades o miembros del crimen organizado.

Dicha organización, compuesta por un conjunto de observadores internacionales provenientes de países como Estados Unidos, Canadá, España, El Salvador y Colombia siguieron algunas de las principales rutas que siguen los migrantes en la frontera sur de México. En su informe, muestra que en muchos casos las autoridades y el crimen organizado se encuentran coludidos y operan de manera conjunta y sistemática para perseguir y explotar a los migrantes que transitan por el país para llegar a Estados Unidos.

Esta situación resulta contradictoria si observamos la actitud que ha tomado no solo el gobierno mexicano, sino gran parte de la sociedad frente al discurso de Donald Trump respecto a los migrantes mexicanos, en donde se escandalizan por el racismo y la discriminación que va creciendo en el norte pero, al mismo tiempo, hay un comportamiento muy similar hacia los migrantes que entran a nuestro país desde el sur. (Vía: Proceso)