La industria de la moda es la segunda más contaminante en el mundo

Después de la industria petrolera, la industria de la moda es la que tiene peor impacto social y ecológico
"Venus de los trapos" de Michelangelo Pistoletto, 1967

Qué bonita blusa. ¿Dónde la compraste? ¿Cuánto costó? ¿Le pagaron lo suficiente a los trabajadores que la hicieron? ¿De dónde viene? ¿Cuánto contaminó su producción? Prepárate porque te voy a contar todo lo que implica el proceso de producción de nuestra ropa y el impacto que tiene social y ecológicamente. 

Antes que nada, hablemos sobre el proceso de producción de las prendas:

  • Primero se cultivan los materiales necesarios para hacer fibras (como el algodón) o se crean fibras sintéticas.
  • La fibra después se convierte en hilo y se tiñe directamente antes de comenzar a realizar el entramado de la tela.
  • La tela se corta en patrones y éstos se cosen para hacer la prenda.
  • Finalmente, la prenda se distribuye a las tiendas para su venta.

Hasta ahí todo suena bastante sencillo. El problema es que el proceso ha dejado de ser cíclico pues cambios en la industria han hecho que el tiempo de vida de las prendas es de treinta y cinco días, después de lo cual se desechan.

La necesidad de estar “a la moda”, nos obliga a estar constantemente tirando la ropa. Las grandes corporaciones se benefician de estas políticas, pues el negocio de la moda produce 1.2 trillones de dólares al año. Anualmente, se compran 80 billones de prendas de ropa y la mayoría no se usan más de cinco veces.

Así, cada año se producen 150 billones de prendas, lo suficiente para que cada persona tuviera veinte prendas que estrenar cada año. Sin embargo, el 75% del consumo mundial sucede únicamente en Europa, China, Japón y Estados Unidos.

Países de menor ingreso reciben ropa utilizada en los cuatro países previamente mencionados. Según el artículo The Global Environmental Injustice of Fast Fashion, 500,000 toneladas de ropa ya utilizada son transportadas a países con menor ingreso, donde se venden en mercados locales.

Contaminación en el proceso de producción

La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, sólo después de la petrolera. La producción textil es responsable del 20% de las aguas residuales a nivel global y de 10% de las emisiones globales de carbono y el teñido textil es el segundo mayor contaminante de agua limpia, después de la agricultura.

El cultivo de los materiales para hacer fibras implica sustancias químicas y pesticidas que pueden ser dañinas para los trabajadores que las manejan día con día. Un cuarto de todos los químicos producidos en el mundo se utilizan en la industria textil y cada año se desechan 2.5 billones de toneladas de agua sucia. (Vía: Forbes)

Contaminación de agua a través de agua tratada para teñido. (Imagen: Central Cero)

1. Curtido de cuero

Por ejemplo en Bangladesh, país con mayor demanda de cuero, el hedor de los curtidos afecta a todos los poblados. Los trabajadores utilizan sustancias como el cromo (que ya fue prohibido en Europa), que en altas temperaturas se puede convertir en cromo hexavalente, cuya inhalación pude causar cáncer nasal y de pulmón.

Impacto de la industria del curtido de cuero en Bangladesh. (Imagen: Pulitzercenter)

La situación laboral es tan precaria que los trabajadores no sólo no cuentan con uniformes protectores, sino que no son informados sobre el peligro de las sustancias que manejan. Aun con náuseas, dolor de estómago y fiebre, deben continuar trabajando para no perder su puesto en el que ganan menos de veinte pesos al día.

2. Elaboración de mezclilla

La elaboración de mezclilla desgastada es uno de los procesos más dañinos para el trabajador. Para que los jeans se vean gastados, deben de ser tratados con arena que contiene cuarzo. Esto se logra disparando la arena sobre los pantalones mientras se agitan.

El problema es que la arena cae también en los ojos de los trabajadores y ellos se ven forzados a respirarla. Las partículas de cuarzo se alojan en los pulmones, lo que a la larga causa muerte por asfixia.

Aunque la medida está prohibida por gobiernos con importantes fábricas de ropa, como el turco, es un procedimiento que se sigue realizando en países como China. Aun cuando se prohibió el método de disparar arena, se permite tallar los pantalones con ella, lo que sigue siendo dañino.

Trabajadores desgastan pantalones de mezclilla en China. (Imagen: El Confidencial)

3. Fibras textiles

Todos los textiles son responsables de parte importante del daño ecológico que produce la industria de la moda. Los textiles no biodegradables (como polyester, spandex, nylon y rayón) tardan hasta 200 años en degradarse y el costo ecológico actual de producir textiles biodegradables los hace igual de dañinos.

Cada año se talan 70 millones de árboles y se utilizan 70 millones de barriles de petróleo para producir las fibras sintéticas. Al lavar el polyester, se desprenden partículas, microplásticos, que no se degradan y son tan pequeños que se confunden con algas marinas que ingiere el plancton y sube por la cadena alimenticia: sí, terminamos consumiendo ropa.

Aunque el algodón es una fibra biodegradable, su cultivo ha dejado de ser sustentable. El cultivo de algodón es responsable del uso de 24% de insecticidas y 11% de pesticidas del mundo, aunque utiliza únicamente 3% del terreno cultivable. Se requieren 20 mil litros de agua para producir un kilogramo de algodón (lo que corresponde a una playera y unos jeans).

Cultivo de algodón en la India. (Imagen: La Prensa)

Gran parte del algodón mundial se modifica genéticamente para evitar tener que usar pesticidas, pero últimamente han surgido plagas resistentes; lo que provoca que haya que tratarlos con mayores cantidades.

¿Qué pasa con el algodón orgánico? Por un lado, su uso representa únicamente 1% de todo el consumo de algodón a nivel mundial.  (Vía: Independent)

Por otro lado, necesita aun más altas cantidades de agua y pintarlo genera un impacto ecológico mayor que pintar el polyester y, por si no fuera poco, se han registrado nuevas plagas que amenazan su cultivo.

De hecho, pareciera que las tiendas le mienten al consumidor, pues se vende más algodón “orgánico” del que realmente se produce. (Vía: El precio de la moda)

Aun cuando el algodón sea orgánico, los tintes siguen siendo sintéticos. Los textiles deben ser hilados o tejidos, cosidos, acabados y transportados, prácticas que no respetan el cultivo orgánico.

Para que el algodón se mantenga blanco y puro, se necesita hidróxido de sodio; también se necesita blanquear el algodón que será teñido para que pueda absorber el colorante. Los productos blanqueadores son tan peligrosos que cualquier contacto con los ojos puede provocar ceguera.

Los trabajadores que blanquean algodón pierden el cabello que se expone a estas sustancias, sobre todo en brazos y piernas. Su esperanza de vida es de cincuenta años como máximo. La mayoría de los empleados son jornaleros que viven directamente en las fábricas.

Generación de desechos

La industria de la moda genera basura desde el proceso de producción, pues el 15% de la tela destinada para hacer prendas termina descartada en el proceso de corte. 

En Inglaterra, tres cuartos de las personas tiran toda su ropa en lugar de donarla o reciclarla. Peor aun, los consumidores ingleses tienen un estimado de 46.7 billones de dólares en ropa sin usar, que se mantiene en su clóset… y aun así siguen comprando. (Vía: Edge)

Estados Unidos consume más ropa que cualquier otro país en el mundo. Únicamente 15% de los estadounidenses compran ropa usada o reciclada.

Vertedero de ropa. (Imagen: Timeline Antofagasta)

En EEUU, cada año se tira un aproximado de 36 kilos de ropa por persona. Este desecho ocupa 5% del espacio de los vertederos. 95% de la ropa que llega a dichos vertederos cada año, podría haber sido reciclada; es decir, 800 mil toneladas de ropa terminan anualmente en los vertederos. (Vía: Phys.org)

Las condiciones laborales

El aumento en el consumo ha posibilitado la producción de ropa barata que se subcontrata en países con menor ingreso, donde no se imponen las regulaciones necesarias. En India, la mayoría de las fábricas ni siquiera tienen nombre. Las marcas internacionales aprovechan al máximo no estar restringidas por regulaciones europeas.

En 2018, se reportó violencia de género en las fábricas de H&M y GAP, que incluía abuso verbal y físico. Los supervisores de las fábricas fueron reportados por golpear a las trabajadoras cuando no alcanzaban el nivel de producción necesario.

Trabajadores en una fábrica textil en Bangladesh. (Imagen: El Mundo)

Igualmente, los técnicos de la maquinaria generalmente acosan a las trabajadoras; si ellas no responden favorablemente, ellos les dan las máquinas que no funcionan o se niegan a arreglarlas, lo que hace que ellas no lleguen a sus niveles de producción.

Muchas de las mujeres no reportan los abusos por miedo a repercusiones, con mayores exigencias o con despidos. (Vía: Global Labor Justice)

Alrededor del mundo, 40 millones de trabajadores son contratados en ensamblaje de ropa alrededor del mundo.

¡40 millones de trabajadores para producir los 150 billones de prendas que se producen anualmente (de los que sólo se consumen 80 billones)! Esto quiere decir que cada trabajador tendría que producir 10,274 piezas al día para cumplir la demanda.

Estos números nos dan una idea de lo rebasados que se encuentran los trabajadores y la constante explotación a la que se enfrentan. Debido a la mala ventilación de las fábricas, la mayoría tiene problemas respiratorios y, por las actividades monótonas y repetitivas, también problemas musculares. 

Derrumbe en Rana Plaza, Bangladesh. (Imagen: Eldiario.es)

No fue hasta el colapso de una fábrica en Rana Plaza, Bangladesh, que se empezó a crear conciencia respecto al daño del fast fashion. Cuando la fábrica colapsó en 2013, murieron 1,100 personas debido a los gases tóxicos que tuvieron que inhalar.

La industria de la moda cuesta cientos de vidas anualmente. ¿Una blusa vale las vidas que cuesta?

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