Marcha y carnaval es un acto político contra fobias y discriminación

Hoy se lleva a cabo la marcha del Orgullo LGBTTTI, en la que se ocupan las calles para visibilizar los logros de la comunidad y para denunciar la homofobia, transfobia y el  odio, proveniente de una buena parte de la sociedad (como ejemplo, solo basta asomarse a los comentarios que se realizan en las publicaciones de esta página en Facebook); además, y sobre todo, es una marcha para celebrar la vida.

Reunirse, convocar, acompañar, bailar, gritar, besarse, beber, caminar en tacones y en tenis, en mini falda, para hacer de la marcha un celebración y de la celebración un acto político. ¿Por qué un acto político? ¿una celebración puede ser política? o mejor dicho, los actos de celebración, específicamente la marcha del orgullo LGBT, ¿no es una forma de habitar lo político?

Para el filósofo francés Jacques Rancière, lo político ocurre cuando el estado de las cosas y las ideas como las entendemos se interrumpe y reacomoda , es decir, ahí cuando las ideas heredadas (como pensar que el azul es de los niños y el rosa de las niñas) se rompen, se cuestionan y se desactivan, entonces es que sucede lo político. Ahora bien ¿cuál es es estado de las cosas e ideas que se interrumpe y qué se reorganiza a partir de la marcha del Orgullo LGBTTTI?

Para contestar la pregunta anterior, es necesario mencionar algunos detalles sobre prejuicios que se han generado alrededor de esta marcha. Fue aproximadamente en 2014 cuando las críticas se incrementaron en contra de cómo manifestarse en la marcha, por esas fechas y previo a la celebración, el grupo de Facebook “Soy Gay Varonil” lanzó una campaña para acabar con las marchas homosexuales. Pusieron a circular en las redes sociales una imagen que textualmente decía:

“28 de Junio, Día Internacional del Orgullo Gay. Hay otras formas de pedir ser aceptados. Este 28 de junio terminemos el exhibicionismo. No más marchas”.

La reacciones comenzaron a circular, unos apoyando, otros cuestionando. José Clemente Nuñez, colaborador de este medio acertó con un comentario que sigue abonando a la discusión actual.

“… el exhibicionismo es una manera de disentir de la heteronormatividad (o más bien, se cree que se exhiben porque se muestran disidentes).”

Mostrarse disidentes, escribe Clemente, esa es parte de la respuesta. Será a partir de la transformación del cuerpo y de mostrar los cuerpos que nos volvemos disidentes y por lo tanto, ese desacuerdo que se confronta con las ideas heredadas, se vuelve un acto político, según Ranciére.

Tanto en la protesta social como en las artes escénicas, todo comienza con poner el cuerpo. El cuerpo es el lugar, no solo desde dónde se acciona, sino el lugar en dónde se acciona y son los cuerpos de la marcha del Orgullo LGBTTTI los que rompen con la mirada asignada que dice:”¿Qué grotesco?” “¿Son unos exhibicionistas?” “¿Por qué se visten así?” “¿Alguien quiere pensar en los niños?” Son las preguntas y prejuicios que suelen reproducirse año con año, pero ¿por qué horrorizarse de cuerpos trasvestidos y no de cuerpos cercenados? ¿Por qué nos cuesta menos trabajo asimilar la sangre, las fosas, los cuerpos desaparecidos y no los cuerpos que se gobiernan a sí mismos performenado su identidad? y ¿Por qué no mejor hacer un autobús que le diga al Estado “con mis hijos no te metas” en lugar de un autobús transfóbico?

Escribe Libera Pisano en su texto “El Carnaval de los cuerpos” lo siguiente sobre ese “exhibicionista trasvestido”:

Sin embargo, el travestismo, como cada elemento fronterizo y cada sexualidad periférica, compromete la definición de la identidad de género y desvela el criterio de control y de demarcación que subyace al estereo- tipo inscrito en el cuerpo. Desmantelar estos criterios de control e identificación constituye siempre una operación política, por esta razón el travestismo lanza un desafío perturbador que compromete el espacio de definición de la identidad desde su interior.

Este desafío que lanzan los cuerpos trasvestidos en la marcha rompen y reorganizan nuestra mirada, nuestros prejuicios, nuestro odio. Si bien lo que para algunos puede generar cierto extrañamiento y para otros incluso horror, es una muestra de afecto, de amor y de valentía. Tomar el tiempo, transformar tu cuerpo para mostrar tu inconformidad, tomar tu cuerpo para festejar tu cuerpo, tu erotismo, tu placer, el placer de ser el cuerpo que quieres ser y no el que te imponen (hacer) ser.

¿Es entonces esta forma de performear el cuerpo lo que molestaba tanto a la página de Soy Gay Varonil? ¿Es a a partir de este trasvestismo que se modifica el comportamiento de una marcha “normal” a una fiesta, a un carnaval? 

Antonio Prieto, teórico teatral, retomando a Bajtín señala que, “En el mundo del carnaval, Bajtín sugiere que se elimina toda individualidad, se disuelven las fronteras y finalmente, se potencia la metamorfosis. Es un mundo habitado por el cuerpo hermafrodita, travesti, polisexual, y queer; un cuerpo, nos dice Bajtín, que se “sale fuera de sí, franquea sus propios límites.

Una marcha llena de cuerpos que se salen de sí, un carnaval para protestar y celebrar la vida. Es cierto que muchos seguirán pensando que no es la mejor forma de protestar pero es un intento de construir un punto de vista sobre marchar con cuerpos que se franquean a sí mismos y a todos lo que nos quedamos como espectadores, ya sea desde el odio o desde la empatía, la ruptura en cómo deberían ir vestido, en quienes pueden o no mostrar desnudez, en si moral o inmoral, la ruptura a todos estos pensamientos queda en nuestra identidad, en nuestro recuerdo y quizá algún día podamos celebrar la vida juntos y juntas y juntxs. 

Hebzoariba Hernández Gómez