Los tiempos políticos podrían entorpecer negociaciones del TLCAN

TLCAN

Al parecer las negociaciones sobre Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sí se van a concretar, el gobierno de Trump ha lanzado mensajes un poco más claros respecto a su disposición a reconfigurar el acuerdo comercial con base en un principio de ganar-ganar para todas las partes, además de que tanto Estados Unidos como Canadá han señalado que ya no optarán por establecer negociaciones por separado, es decir con Canadá y México por separado, sino que será de forma trilateral respetando la configuración original del tratado. En ese sentido, será Estados Unidos el que notificará a su poder legislativo sus intensiones de negociar el acuerdo comercial, por lo que se le otorgará un plazo de 90 días para iniciar las consultas internas antes de iniciar formalmente las negociaciones.

En consecuencia, pensando que la administración de Donald Trump informe al congreso estadounidense de las negociaciones a mediados de este mes, podríamos pensar que las primeras mesas de negociación se lleven a cabo en el próximo mes de agosto. De esa fecha se prevé que las negociaciones se extiendan por lo menos un año, pensando de manera optimista podríamos anticipar que las negociaciones estuvieran terminando a mediados de julio o agosto de 2018.

Estos tiempos parecerían de entrada razonables para restablecer de forma menos contingente las relaciones comerciales con Estados Unidos, pero, el problema son los cruces de los tiempos políticos, ya que en el caso de México tendremos elecciones presidenciales y en Estados Unidos habrán comicios para elegir congresistas. Estos hechos podrían influir en las negociaciones del TLCAN, ya que incluso podrían extenderse ante la incertidumbre generada por la entrada de una nueva administración en México y por supuesto por la instalación de un nuevo congreso en Estados Unidos, que podría ser radicalmente distinto al actual en términos de la posibilidad de que los electores opten por un contrapeso fuerte contra Trump.

Dicho de forma mucho más específica, en México estará completo el nuevo acuerdo con un nuevo presidente electo, que puede ser incluso un presidente hostil a ese acuerdo comercial y al libre comercio en general; mientras que en Estados Unidos entraría listo con un Congreso renovado en su Cámara de Representantes y con 33 Senadores distintos, o por lo menos se encontrarán, si las negociaciones son ágiles, en plenas campañas ya que las elecciones serán el 6 de noviembre del año próximo. De tal manera, el riesgo se encuentra en la ratificación del tratado, que en México tendrá que llevarse a cabo con nueva administración y nueva legislatura y en Estados Unidos con nuevo congreso y con la volatilidad e impredictibilidad del propio Donald Trump, quien podría en cualquier momento tirar todo por la borda.

En ese sentido, es poco probable que la incertidumbre se reduzca en los mercados de Norteamérica, ya que no hay garantías de estabilidad en los dos países, ya que por una parte en Estados Unidos es probable que los electores rompan la mayoría republicana en el Congreso con la finalidad de generar aún más contrapesos contra la administración de Donald Trump. En México, por otra parte, se prevé una elección competida que no garantiza ningún tipo de continuidad respecto a los temas económicos, ya que hasta el momento, el candidato puntero no tiene posicionamientos claros sobre temas comerciales ni sobre cuál será su posición respecto a la relación bilateral con Estados Unidos en términos de una agenda más amplia; al parecer todo apunta a que buscará un repliegue nacionalista de nuestro país ante el libre comercio.

En síntesis, es necesario que México busque tanto fortalecer su mercado interno, como también tratar de posicionarse en otros mercados globales con la finalidad de diversificar su economía. Estas acciones a largo plazo irán reduciendo la relación de dependencia que se tiene con el mercado estadounidense, por lo que la incertidumbre asociada a los Estados Unidos se reducirá considerablemente; sin embargo independientemente de todo esto, hay que recordar que son ambos congresos los que al final tienen que ratificar el tratado, así que no depende de los decretos de quien sea presidente de México o por supuesto del presidente Trump. (Vía: El Financiero)