¿Y los recortes en los privilegios del gobierno?

Gasto

Si bien es cierto que recortar de manera drástica los 30 mil millones que cuesta nuestro costoso sistema electoral y de partidos políticos, así como los altos salarios de las cúpulas del ejecutivo, el legislativo y el judicial no lograríamos recaudar los 258 mil millones de pesos de déficit respecto al subsidio gubernamental a la gasolina, resulta cínico también que no se hagan recortes importantes en esos rubros con el fin de mejorar las ya dañadas finanzas públicas. Es decir, la clase política promueve políticas de austeridad hacia afuera que afectan de manera directa a la ciudadanía, pero internamente conserva privilegios que solo muestran una suerte de insensibilidad y falta de tacto político.

Con los recortes para este año se verán afectados los presupuestos de prácticamente todas las dependencias gubernamentales, en ese sentido se verán mermadas las capacidades operativas de nuestras instituciones en relación a sus distintos programas sociales. Esto quiere decir que con las medidas tomadas por el gobierno se está afectando al grueso de la ciudadanía que de una u otra forma se beneficia de algún programa gubernamental, pensemos en las becas otorgadas por CONACyT, o bien en apoyos como Prospera o Proagro; para decirlo de otra forma, los recortes al presupuesto parece ser que están pensados para reducir la capacidad operativa del gobierno para con la ciudadanía.

Con todo esto no se quieren defender posturas que sostienen que el gobierno debería aumentar su presencia en distintos rubros de la economía a través de de industrias públicas, subsidios y programas asistencialistas que a mediano y a largo plazo traen más problemas de los que resuelven. La crítica apunta en otras direcciones que llevan a cuestionar, por una parte la dilapidación irresponsable de recursos durante épocas de mayor bonanza económica que nos llevaron a aumentar la deuda pública a 50% del PIB, este hecho en realidad fue lo que detonó los recortes presupuestales que llevan consigo la reducción de subsidios como el que se tenía en los combustibles.

Por otra parte es cuestionable el uso político de medidas económicas en el sentido de que se toman desiciones para obtener un beneficio político inmediato, pensemos en la famosa cancelación de los “gasolinazos” en años anteriores, con la famosa variabilidad de precios al 3% hacia arriba o  hacia abajo, resultando en una burbuja que se volvió insostenible y que resultó en un alza drástica en los precios. Por último, la crítica apunta hacia cuestionar el hecho de que con todo y recortes presupuestales se han mantenido intactos los privilegios de altos funcionarios de gobierno en relación a las prestaciones por encima de la ley, a los altos salarios, a la utilización ineficiente de recursos, a infraestructura institucional costosa e innecesaria, entre otros gastos que a gran escala resultan en gasto público considerable.

En ese sentido se puede decir que nuestra clase política sostiene la austeridad respecto a sus obligaciones como gobierno, pero no respecto a los beneficios que obtienen por operar dentro del sistema político. Esa actitud resulta contradictoria ya que no existe congruencia política en el hecho de hacer recortes presupuestales drásticos y por otro lado derrochar recursos en prestaciones y gastos innecesarios que si bien de eliminarlos no se resolverían los problemas de gasto y deuda pública, sí mandarían un mensaje a la ciudadanía de responsabilidad y compromiso para estabilizar las finanzas públicas.

Resulta insultante que se defienda la austeridad en todos los niveles de gobierno y por otro lado veamos que los legisladores por concepto de fin de año se aprueben bonos, que sumados a sus prestaciones como aguinaldo, dieta mensual y seguros ascienden a cantidades que rebasan los 500 mil pesos. Lo mismo con el INE y sus consejeros quienes además de mandarse a hacer un nuevo edificio que nos costó mil 400 millones de pesos, recibieron bonos de fin de año de más de medio millón de pesos.

El tacto, la congruencia y la sensibilidad de nuestra clase política parece ser que es nulo, la austeridad debería iniciar con la cancelación de ese tipo de prácticas sin importar el significado real que tengan sobre el presupuesto, se trata de dar el ejemplo y mostrar responsabilidad. Al parecer se olvidan que todo ese dinero viene de los tributos que pagamos los ciudadanos y que su obligación es utilizarlos de manera eficiente para redistribuirlos en la sociedad y no para derrocharse en gastos innecesarios e insultantes para toda la ciudadanía; de tal forma, lo congruente sería sí reducir el gasto público, pero en todos los rubros y que el gasto que se ejerza sea de forma responsable y transparente. (Vía: El Univesal)