Los influencers son personajes, no personas

¿Un ‘influencer’ es lo mismo que la persona?, ¿es un actor o un personaje? Las fotografías, los videos, incluso las interacciones de quienes vemos en redes y que alimentan su éxito de las redes mismas son un ejercicio de simulacro o la confirmación de que toda relación social, hoy, pasa por una simulación?

Hijo de general se toma fotos en el 'avión presidencial'
Imagen: Especial

Hace unas semanas, Mario Sierra Moncada, ‘influencer’ y dueño de un blog de “alto estilo de vida”, capturó la discusión en redes sociales cuando, en su cuenta de Instagram, publicó una fotografía en la que decía estar dentro del avión presidencial. La foto era evidentemente falsa, pero no frenó a un medio y a miles de personas para asegurar que el muchacho estaba malgastando los bienes de la nación.

Al final, el hijo de un general del Ejército Mexicano (médico general, pero general) tuvo que salir en medios y hasta publicar una disculpa pública, pero el daño ya estaba hecho: tuvo que quitarse, en cierto sentido, la tramoya y aceptar que todo en sus redes es, simplemente, la conformación de un ‘personaje’.

Cada uno de nosotros es un personaje: elegimos ser de cierta forma frente a cierta gente. Incluso los más cínicos o los más extrovertidos modelan sus comentarios, opiniones e incluso su imagen personal dependiendo de los círculos sociales que frecuentan

Eso no es nuevo y siempre ha pasado. Desde el siglo XVII, Molière en Las Preciosas Ridículas, construyó un estereotipo a partir de la vanidad que, como ocurre siempre con los estereotipos, se ha simplificado y repetido hasta el cansancio.

Los influencers, particularmente estos que construyen escenarios y personajes para presumir estilos de vida que les son ajenos al 99.99% de la población, no son más que una reinvención de esas figuras que podrían rastrearse hasta la Roma clásica.

Y en realidad no habría nada malo con los personajes: de nuevo, todos construimos personajes para socializar con otras personas, sin embargo, estos personajes son… peculiares en la lógica consumista. Más que modelos de conducta son guías de consumo.

Mario Sierra, el personaje, tiene lo que él llama un “blog” de “Alto estilo de vida”, el slogan de la página es “The Extravagant Lifestyle of a Jetsetter” (‘El estilo de vida extravagante de un socialité’), un catálogo de LG, escuelas privadas, viajes con links a un blog (mariosierra.com.mx) que, de hecho, no te deja acceder a él porque es necesario un usuario y contraseña, que sepa dónde se consigue.

Su personaje, que por casualidad se llama como él mismo, es un constructo que responde a una larga lista de requisitos y necesidades que van desde la agudeza de los rasgos faciales hasta el color de ojos y la estética ultrarefinada de las fotografías.

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La figura del influencer ‘jetsetter’ es en sí misma aspiracionista: está hecha no para quienes sí viven la vida que ilustran ellos en sus redes sociales, sino para quienes nunca llegarán a ella de la misma forma en la que un jugador de futbol no practica en el FIFA 2018.

En ese sentido, Mario Sierra no miente ni engaña a nadie con fotos falsas en aviones presidenciales falsos, como tampoco lo hace Martha Debayle y sus consejos para una vida sana inalcanzable mientras fuma en la cabina de radio: son personajes separados de la persona que fuma y de la persona que renta el estudio.

Quizá llegue un momento en el que, como en Niebla, de Miguel de Unamuno, el personaje creado se de cuenta de su propia ficción y se reconozca personaje… o no, y seguiremos creyendo que los influencers existen, son personas reales y algún día podremos ser como elles.

Por: Redacción PA.