La odisea y el costo de comprar útiles escolares

Cada año, conforme se acerca el regreso a clases, miles de padres y madres mexicanos se enfrentan a la temida lista de útiles: un pergamino que puede extenderse hasta el infinito, con decenas de objetos a conseguir en distintas papelerías de la ciudad y que representa un importante golpe a la economía familiar.

En Plumas Atómicas platicamos con tres mujeres, quienes nos contaron su experiencia con la compra de útiles escolares para sus hijos.

Este año, la lista oficial de útiles que la Secretaría de Educación Pública entrega incluye de 10 a 15 insumos. Para tercer grado de primaria, por ejemplo, ésta es la lista oficial de la SEP:

  • Dos cuadernos de 100 hojas de cuadrícula grande, lomo cosido
  • Un cuaderno de rayas de 100 hojas, lomo cosido
  • Un lápiz del número 2, un bicolor y una goma para borrar
  • Un sacapuntas y unas tijeras de punta roma
  • Una caja de lápices de colores de madera o una caja de pinturas de cera
  • Un lápiz adhesivo
  • Un paquete de 100 hojas blancas

No obstante, una vez que pasa por la escuela y ésta agrega materiales para los alumnos, puede terminar viéndose así:

Jenny, madre de una niña que estudia en una escuela pública de la CDMX, nos contó que pudo ir a comprar los útiles con tiempo porque hubo dinero disponible. Empezó a forrar desde la semana pasada y durante ésta tiene pensado etiquetar todo, además de ir a imprimir las etiquetas para cada color, plumín y lápiz, hacer los márgenes a cada página y, una vez que le entreguen los libros, forrarlos.

Además consiguió la mochila y la lonchera hace dos semanas y compró varios repuestos para el año escolar como pegamento en barra, plumas, lápices y sacapuntas. Para Jenny, esto no solo significa desenfundar varios miles de pesos para útiles escolares, sino dedicar varias horas al forrado y etiquetado del material:

“No me gusta, se me hace muy pesado, tedioso. Cuando yo estudiaba me gustaba forrar mis cuadernos porque los podía decorar como quisiera. Ahora piden todo de tal color, con tal etiqueta, todo igual. Alguna vez intenté que mi esposo me ayudara y salió peor: echaba a perder el papel o se le pegaba mal algo. En general la motricidad fina no se le da. Por eso ya lo hago con calma durante varias semanas”.

En cuanto al gasto, ella calcula que han sido aproximadamente 2 mil pesos, aparte de los uniformes, tenis y zapatos. Jenny ha tramitado, cada año, la tarjeta de útiles y uniformes del Gobierno de la CDMX para sus hijos. Este año, por su edad, le tocan 410 pesos a cada uno.

Imagen: Twitter

Rosaura compra lápices, plumas y gomas por caja. Como Jenny, no disfruta la tarea de forrar y etiquetar cuadernos, por lo que ahora, cada año, invita a una de sus amigas para hacerlo juntas.

“El año pasado no tuve chance de hacerlo, pues estaba por entrar al doctorado y mi esposo y yo terminamos etiquetando y forrando las noches previas. Ahora una amiga y yo nos vemos en mi casa por la tarde, las hijas juegan y nosotras forramos. A ratos quieren ayudar y les damos algo fácil, se aburren rápido y se van”.

Elena, que vive en Zapopan, Jalisco, recibe cada año un paquete de útiles escolares para su hijo de segundo de primaria, que incluye una mochila, una caja de colores, tijeras, pegamento, regla, lápiz, goma, sacapuntas, dos cuadernos, un libro de lectura y un kit de uniforme de deportes. El apoyo, dice, es por parte del gobierno del municipio y es solo para estudiantes de escuelas públicas.

Puestos de útiles en la calle de Mesones. Imagen: Twitter

En una escuela privada de la Ciudad de México, el paquete completo de útiles escolares ronda los cuatro mil pesos. Algunas escuelas dan a los padres el servicio de etiquetado y forrado, lo que puede representar mil pesos extra. No obstante, quienes pueden optar por esta opción lo hacen porque se ahorran el sudor y cansancio que implica hacerle el margen a cada página de los cuadernos.

La compra de útiles representa un gasto monetario, así como de tiempo y esfuerzo para padres y madres de familia: no solo se trata de forrar libros, sino también de cazar precios, cuidar la quincena, esperar que acepten los vales, convencer a los hijos de que la escuela es por su bien y conseguir la lonchera de Pokémon (o lo que esté de moda durante esa semana).