La ONU condena asentamientos israelíes en tierra palestina

Una parte central de la política exterior de los Estados Unidos es, más que el Medio Oriente, el tema israelí: la mera existencia del Estado de Israel, desde su fundación en 1947, ha significado un conflicto constante con los países vecinos y, por lo mismo, un problema político que, más que tener sus bases en la religión, ha sido, siempre, un conflicto ideológico. Los asentamientos israelíes, impulsados abierta o secretamente, por el gobierno de Tel Aviv habían sido un quiebre constante de las negociaciones entre Israel, Jordania y Palestina.

El pasado 23 de diciembre, con 14 votos a favor, 0 en contra y una abstención (la de Estados Unidos, ni más ni menos), la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó una condena al estado israelí e indicó que su gobierno tiene que frenar toda construcción de más asentamientos en el banco oeste y el este de Jerusalem, así como regresar las tierras a sus dueños originarios, los palestinos. (Vía: Mic) El  ultraconservador Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha tomado esta condena, incluso, como un “acto de guerra” de parte de los países votantes:  Nueva Zelanda, Venezuela, Senegal y Malasia, quienes introdujeron la minuta en el pleno, ahora -aparentemente- enfrentan una amenaza de parte del único país del Medio Oriente con capacidad nuclear. (Vía: The Daily Beast)

Aunque es una condena sin “dientes” (es decir, no hay forma de multar, penalizar o castigar a Israel si no la obedece), este movimiento de la ONU es importante porque es el primero en condenar explícitamente, por medio de sus canales legales y burocráticos, las infracciones que el estado israelí ha cometido incesantemente desde la “Guerra de los seis días”, en la década de los 60. Ésta es, también, una toma de postura del organismo internacional cuando su peso en las relaciones diplomáticas mundiales no ha sido tan fuerte frente a crisis humanitarias como la migración, la violencia de estado o las violaciones sistemáticas de derechos humanos. (Vía: New York Times)

La abstención de Estados Unidos, aliado cercano de Israel, fue un movimiento sorprendente, ya que cada que habían ocurrido propuestas semejantes, EE. UU. optaba por vetarlas o dialogar “paralelamente” con otras delegaciones para bloquear su paso. Cuando, vía Twitter, Donald Trump anunció que intervendría en el proceso (y se presume que así ocurrió), la delegación egipcia, que presentaría la condena junto con los países firmantes, reculó y se abstuvo de intervenir, pero la embajadora de Estados Unidos en la ONU fue clara: su país se abstendría de votar, pues consideraban ésta un acercamiento a la solución que, históricamente, defienden muchos de los interesados: dos estados (Israel y Palestina) que lleguen a acuerdos y compromisos por la vía diplomática. (Vía: Washington Post)

 

Grupos cabilderos de los intereses israelíes en los Estados Unidos y el mismo Primer Ministro Netanyahu no han sido cortos en sus denuncias contra la administración de Barack Obama y, por sus acciones, han otorgado un apoyo abierto al presidente electo, Donald Trump, quien, desde que fuera votada la condena de los asentamientos, ha atacado a la ONU, considerándola no más que un club social o una organización decadente que “habrá de cambiar” a partir del 20 de enero, fecha en la que tome protesta como presidente de los Estados Unidos. (Vía: New York Times)

Expertos internacionalistas concuerdan que esta condena llega débil y tarde a una Cisjordania que está resquebrajándose por el peso de cientos de asentamientos israelíes, de campos de refugiados afganos, sirios, iraquíes y palestinos, y que, frente a una posible política exterior islamófoba por parte de Trump, podría terminar de caer, tumbando consigo una época de conflictos contenidos.

Sin certezas a partir del 20 de enero, y con un primer ministro israelí que, sin arrojo de duda, lanza amenazas frente a condenas internacionales, ¿qué le espera a Medio Oriente para el 2017?