Zimbabwe tiene nuevo presidente: Emmerson Mnangagwa, mano derecha del dictador recién depuesto

ACTUALIZACIÓN 24  de noviembre: Después de una semana de caos en la capital de Zimbabwe, Harare, el país subsahariano nombró a su nuevo presidente: Emmerson Mnangagwa, quien fuera mano derecha del expresidente Mugabe.

En el evento en el que fue nombrado presidente, Mnangagwa prometió que habrían elecciones “libres y transparentes” en 2018 para sucederlo y que su puesto es tan sólo transitorio.

Respecto a su antecesor, las esperanzas de la oposición y de los críticos al régimen de Mugabe de que fuera procesado por los cientos de crímenes que se le imputa desaparecieron rápidamente. En el mismo evento, Mnangagwa declaró que, para él, Mugabe es un padre, un héroe y un compañero de armas que “tendrá su lugar en la historia de Zimbabwe como el padre de la Patria”. (Vía: BBC)

Mnangagwa ha sido señalado constantemente como uno de los autores intelectuales de la masacreo de Matabeleland en 1983, cuando el ejército asesinó alrededor de 20 mil personas de la tribu Ndebele por considerarlas parte de una rebelión que había estallado unos meses antes.

Aunque tiene a buena parte de la juventud apoyándolo y podría ser quien mantenga en el poder al partido de Mugabe, Zanu-PF, el historial de Mnangagwa no es muy lejano al del dictador Mugabe. (Vía: The Guardian)

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La mañana de hoy, el mundo despertó con lo que parece ser un golpe de Estado en Zimbabwe. Aunque el Ejército niega haber derrocado al presidente Robert Mugabe, sí ha aceptado que lo tiene bajo arresto domiciliario, dando fin a una dictadura de más de 40 años.

Robert Mugabe, de 93 años, fue el líder de la guerra de Independencia, junto con un puñado de generales y presidentes, forma parte de los últimos “liberadores” vivos del África sub Sahariana. Logró permanecer en el poder más de 40 años gracias, principalmente, a una red “secreta” de policía política e informantes que aislaban a la oposición y, en general, aterrorizaban a la población.

Aun con su avanzada edad, Mugabe pensaba lanzarse como candidato (y, obviamente, ganar) en las elecciones presidenciales que tendrían lugar en 2018. Sin embargo, dentro del partido del presidente, ZANU PF, ha habido una disputa por el poder: por un lado, la esposa del presidente, Grace Mugabe, de 52 años sin experiencia ni carrera política que contar, y, por el otro, el ex vicepresidente, Emmerson Mnangagwa, quien fuera destituido apenas la semana pasada, acusado de traición. (Vía: El País)

El ejército se posicionó esta mañana en diversos edificios estratégicos de la capital, Harare: ministerios, la sede nacional del partido en el poder, la televisión estatal, ZBC, y, obviamente, la casa del presidente. Una vez que fue ocupado el edificio de la ZBC, un vocero del ejército emitió un comunicado que ya ha dado la vuelta al mundo.

Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica y aliado cercano a Mugabe, confirmó que el presidente de Zimbabwe está en arresto domiciliario pero “en buen estado”.

Críticos al régimen de Mugabe ven con preocupación que su deposición se dé en medio de un (no) golpe de Estado: cada vez que ha aparecido el ejército a “imponer el orden” en alguna nación subsahariana termina en tragedia o en la imposición de otro dictador.  (Vía: New York Times)

Mnangagwa, quien voló de regreso a su país una vez que se informó del (no) golpe es visto como el posible sucesor de Mugabe; como vicepresidente y héroe de la independencia del país, fue también responsable de varias masacres y genocidios que siguen siendo investigados por cortes internacionales. (Vía: The Guardian)

Fuera del caos político, la vida cotidiana parece correr sin problema alguno en Zimbabwe y en Harare en particular: las escuelas, oficinas y comercios abrieron con regularidad y, fuera de unas cuantas avenidas cerradas por tanques (casual), pareciera que la sucesión presidencial ocurrirá sin más disturbios.