Trump y la nueva configuración geopolítica

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La ya confirmada victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos ha traído altos niveles de incertidumbre en los sistemas políticos, económicos y sociales del mundo. La alta contingencia producida por los resultados de la elección ha reducido las expectativas y aumentado los riesgos dentro del sistema. La sensación de desasosiego se ve reflejada en las formas en que los sistemas económicos, políticos y sociales han reaccionado en términos de su operatividad. Vemos que los mercados se han convulsionado, que los sistemas políticos se reajustan y buscan generar estrategias de respuesta a la contingencia y, por supuesto, que entre las sociedades se extiende el nerviosismo por dicha incertidumbre.

Pero hay que decir que frente al desorden y el caos, los sistemas sociales tienden a normalizarse, a buscar el orden a través de la transformación estructural y operativa que tiende a reducir las nuevas contingencias. Estos reordenamientos estructurales traen consigo otros mucho más concretos que se materializan en transformaciones relacionadas a cuestiones que van desde las políticas sociales o económicas, hasta reconfiguraciones en términos de las influencias geopolíticas de las naciones.

En ese sentido, podríamos construir un escenario hipotético con la finalidad de mostrar los posibles reordenamientos geopolíticos, basado en las declaraciones y  posicionamientos de Trump respecto a la agenda que implementará su administración en rubros como la política económica e internacional. Reiteradamente, el ahora presidente electo Donald Trump ha señalado que no apoyará las alianzas internacionales relacionadas a temas de seguridad ya que representan una carga económica para los Estados Unidos, sus embates han apuntado sobre todo hacia la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a la cual ha calificado de inútil y obsoleta, de tal forma, la propuesta es que si los aliados de Estados Unidos quieren su apoyo en temas de seguridad, “van a tener que pagar por él”. (Vía: El Mundo)

Pero, por un momento imaginemos que los aliados estadounidenses en Europa y Asia no accedieran a aumentar su gasto militar y sus contribuciones, y por tanto el gobierno de Trump tomara la decisión de salir de la OTAN y de retirar su apoyo a Japón y Corea en Asia, todo esto por supuesto, acompañado de los respectivos acercamientos en las relaciones bilaterales con Rusia. Este contexto detonaría un fuerte reacomodo geopolítico, las relaciones de poder y de influencia se transformarían de manera radicalmente distinta a como las conocemos actualmente.

Por una parte, Europa quedaría a la deriva y por tanto en manos de Rusia, quien ya no vería oposición o contrapeso alguno respecto a sus ambiciones en Europa oriental y Medio Oriente. De tal manera, Rusia se transformaría en el actor dominante de la región, por lo menos en lo militar, ya que Europa por sí misma no tendría la fuerza suficiente para oponerse al gigante eurasiático, esto derivaría en relaciones de tensión muy fuertes con las potencias europeas occidentales que estaría relacionado a un aumento de  maniobrabilidad y de influencia rusa en la región. 

Por otra parte, al Estados Unidos retirar su apoyo a países como Japón y Corea del Sur, le dejaría el camino libre a China para ser la potencia dominante en la región, tanto en términos económicos, como militares. Este control se acrecentaría si Trump decide no firmar el Acuerdo Transpacífico, que es lo más probable por su aversión a los tratados de libre comercio, ya que Estados Unidos reduciría su presencia en la región dando a China la oportunidad de llenar ese vacío y controlar el flujo comercial en la zona.

En ese sentido, concordamos plenamente con lo señalado por Macario Schettino en su columna “Se decidió” publicada el día de hoy en El Financiero, en donde señala que el triunfo de Trump representa el principio de una nueva configuración geopolítica encabezada por tres grandes bloques: China, Rusia y Estados Unidos. En este nuevo orden geopolítico China controlaría Asia, Rusia a Europa y Medio Oriente y, Estados Unidos reduciría su dominio a América , pero este dominio más de tipo político-militar, ya que todo parece apuntar a que los norteamericanos optaron por el ensimismamiento económico.