Silicon Valley vs Donald Trump

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Sin duda el gobierno de Donald Trump presupone que la forma en que se impulsará el desarrollo económico de Estados Unidos es a través de forzar un retorno a modelos y políticas económicas del pasado. El proteccionismo, el intervencionismo estatal y la búsqueda de hacer resurgir la prominencia del sector secundario son muestras de ello; fieles a su propia demagogia populista demuestran que lo que dicen es en realidad lo que piensan, demostrando  su falta de conocimiento respecto a la diferenciación entre el discurso político-electoral, utilizado para ganar elecciones, frente al funcionamiento real de los sistemas, los cuales se deben leer de forma distinta para sacar de ahí estrategias y políticas más eficaces.

En el caso de su proyecto económico, no cabe duda que de aplicarse al pie de la letra tal y como lo propone Trump, la economía estadounidense y, la global como daño colateral, correría el riesgo de caer en una profunda crisis como consecuencia de la instauración forzada de modelos que no están acoplados o que no contienen la suficiente complejidad para operar dentro del sistema económico que opera en la actualidad. Es decir, buscar impulsar el resurgimiento de la industria pesada o de transformación, aunado de la aplicación de políticas proteccionistas tanto a niveles migratorios, como económicos, significa un autosabotaje a su propia economía, que es la que supuestamente quiere rescatar, no sabemos de qué o quién.

Parece ser que Trump y su equipo no han entendido que no es redituable revivir al sector secundario, no solo porque es más costosa la producción en Estados Unidos, sino también porque son industrias altamente automatizadas que requieren cada vez menos de mano de obra humana. No han entendido tampoco que Estados Unidos, como toda economía desarrollada está transitando hacia los sectores terciario y cuaternario de la economía, los cuales se concentran en los servicios y la producción de tecnología.

Por todo esto, las empresas más fuertes, tanto del sector servicios, como del sector de desarrollo tecnológico han protestado contra las políticas económicas y migratorias impuestas por el gobierno de Trump. Dichas compañías surgieron dentro de un modelo económico globalizado, por lo que dependen de su perpetuación y, por supuesto, de que al interior del país se les de las facilidades  para optimizar tanto la movilidad social, como la de mercancías e información.

En ese sentido, los intereses de los gigantes tecnológicos de Silicon Valley han entrado en conflicto con las acciones de gobierno, sobre todo en las medidas que restringen la migración a los Estados Unidos y por supuesto, las que buscan imponer políticas arancelarias ante el flujo de mercancías hacia el interior del país, además de sanciones a las empresas que realicen inversiones en el exterior, es decir, hay un conflicto claro entre las empresas que dependen de un sistema globalizado y un gobierno que busca imponer su ideología nacionalista.

Pero hay que aclarar, este conflicto no tiene razones humanitarias sino puramente económicas, esto quiere decir que las empresas de Silicon Valley no están pidiendo la cancelación del veto migratorio de Trump debido a que quieran traer refugiados de conflictos armados, sino porque dicha política afecta el flujo global de personal calificado que atraen a sus empresas. De tal forma, la querella legal para cancelar la orden ejecutiva de Trump impulsada por empresas como Apple, Microsoft, Facebook y Twitter, se encuentra en un contexto más amplio, ya que dichas compañías llevan años presionando al gobierno de los Estados Unidos para que relaje los controles migratorios de personal cualificado.

No obstante, hay otras empresas como Tesla y SpaceX, de Ellon Musk, quien por cierto es de origen sudafricano, así como compañías como Oracle o AT&T, las cuales no se han sumado a la campaña para derogar el veto migratorio de Trump. En el caso de Musk debido a que abiertamente apoya al presidente, incluso funge como asesor económico; y en el caso de las otras mencionadas debido a que están en procesos de compra y necesitan la autorización del ejecutivo, por lo que tienen las manos atadas.

Por otra parte, Amazon no se ha unido a la mayoría de las empresas de Silicon Valley, pero ha hecho su propio pronunciamiento contra las medidas de Trump. Hay que recordar que esa empresa está inmersa en varios juicios en la unión americana debido a sus prácticas laborales en donde muchos empleados acusan a la compañía de implementar esquemas laborales de explotación que se violan leyes laborales del país. (Vía: El Mundo)

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