Callaban crímenes cantando: destapan 547 casos de abuso infantil en coro de Ratisbona

Pide que cante dos simples notas. El niño replica con una afinación correcta y nerviosa. Transpira temor, la cámara no ayuda. El anciano indica tres notas y el niño acierta. El anciano al piano ahora enseña una frase compleja y el niño la sigue sin problemas. La magia ocurre: el anciano pide repetir la anterior frase y acompaña el canto con acordes en el piano. El chico incluso sonríe, sin nervios: en una simple audición para coro, apareció el milagro de la música. El anciano del video es Georg Ratzinger, hermano de Joseph Ratzinger, el papa Benedicto. El niño hacía audición para el coro de Ratisbona. Ahora 547 niños denuncian haber sufrido abusos en ese coro, de 1945 a 1990. Georg Ratzinger dirigió el coro por 30 años.

Escándalo sin prisas

El coro de Ratisbona, Baviera, se fundó en un punto de la era cristiana donde los años aún se contaban con tres cifras: desde el año de su fundación, en el 975 d.C., “Los gorriones” han cantado para los pobres y para los ricos; para varios papas y, también, para protestantes; han cantado en medio de la peste bubónica y en medio de la guerra; cantaron para reyes y para nazis.

Con más de mil años de historia, es de suponerse que sus escándalos también se cocinen sin prisas: desde enero del año pasado, se dieron las primeras denuncias de abusos en el interior del coro. Algunos chicos, incluso denunciaban abusos sexuales. En aquel entonces, Georg Ratzinger apenas masculló que él “nunca se enteró de nada”, como si ignorar exculpara.

En aquel entonces se habló de 72 casos. La cifra se hizo pública luego de que empezara la cacería legal del caso por parte del abogado Ulrich Weber. Sin embargo, las revelaciones periodísticas datan del 2010 cuando una serie de acusaciones a escala nacional tuvo en vilo a la iglesia católica en Alemania. En medio del escándalo de escala nacional, la tragedia local al interior del coro de Ratisbona quedó sepultado a fuerza de periodicazos. (Vía: New York Times)

Los titulares de periódico suelen ser crueles con los auténticos protagonistas: es muy probable que usted haya dado click al ver implicado al hermano de un ex papa. Sin embargo, el auténtico protagonista de la historia es el abogado Weber: el escándalo menor que suscitó en enero del año pasado era apenas la primera entrega de sus investigaciones. Desde que fue comisionado en el caso de “Los gorriones de Ratisbona”, él y su equipo han entrevistado a más de 600 personas.

Casos independientes pero conectados, como un coro

Véalo de esta forma, querido lector: desde el 2015, el equipo de Ulrich Weber se reunió 616 veces con 616 distintas personas, tras recibir idéntico número de reportes, esperando siempre 616 posibles tragedias distintas, únicas pero conectadas, independientes pero tejidas con el mismo hilo, como las voces de un coro.

El equipo de Weber encontró que 547 reportes eran plausibles. Según sus estimaciones, en el periodo analizado, uno de cada tres niños recibió alguna clase de abuso. Incluso, Ratzinger ya se tuvo que disculpar por abofetear a los chicos del coro. Eso sí: al principio calificó de “insano” investigar cuántas cachetadas repartió en treinta años.

De los 547 reportes que fueron catalogados como plausibles, 67 casos incluyen abuso sexual. El resto de los informes recopila abusos tan variados como severos pellizcones de orejas hasta azotes con varas. Es probable que más de un responsable se disculpe arguyendo que la pedagogía del siglo pasado incluía la barbarie dosificada. En rigor, son abusos, pero sus perpetradores podrían creerlos justificados.

Los otros 67 casos son los que han conmocionado a toda la región de Baviera. El escándalo alrededor del coro milenario ha provocado que el obispo de Ratisbona haya declarado que “todos cometimos errores”. Sin embargo, una cosa es corregir la pedagogía y otra, muy distinta, es prevenir el abuso sexual.

En este momento se señalan como culpables a 49 personas, la gran mayoría sacerdotes. Todos ellos tenían una posición de autoridad ante los niños abusados; ya fueran profesores o directivos, cometieron sus crímenes desde una posición de poder. (Vía: El Universal)

Callaban los crímenes cantando

La gran duda que aqueja a muchos ante las revelaciones de Weber es: ¿cómo pudo permitirse un abuso de estas dimensiones durante tanto tiempo?, ¿cómo pudo prolongarse tanto el sufrimiento? Propios y extraños culpan a una “cultura del silencio” alrededor de los abusos del coro. En buena medida muchos participantes del coro sabían de estos abusos, sabían que sus compañeros y sus alumnos eran vejados continuamente, pero optaban por cantar antes que denunciar: callaban los crímenes cantando.

Esta noche, nadie canta en Baviera. La diócesis de Ratisbona ya ha desembolsado 450,000 euros en compensaciones (unos 9 millones de pesos mexicanos), pero nadie sabe aún las consecuencias legales de estos casos. Algunos suponen que Georg Ratzinger podría ser implicado legalmente en los casos, pero bajo cualquier circunstancia su vejez le impediría pisar la cárcel. Muchos implicados ya están muertos.

Más difícil aún es predecir las consecuencias morales de estos abusos.  Por décadas, Baviera se sumió en un silencio cómplice. Hoy, incrédulos, culpables, también callan en Ratisbona; pero este silencio es distinto.