Violencia estructural: Pamela Anderson explica la situación en Francia

Este fin de semana, en Francia, una serie de protestas por el aumento a las gasolinas sacudió París. Los llamados ‘chalecos amarillos‘, conformados en su mayoría por personas de clase media-baja que debieron mudarse a las afueras de la capital, marcharon no solo por el precio del combustible, sino de la vida en general: muchos de ellos dependen de los automóviles para acceder a servicios que no se encuentran en sus ciudades, por lo que el aumento en la gasolina es un gran impacto para ellos.

La situación llamó la atención de Pamela Anderson. Sí, la actriz que la gran mayoría recordamos como protagonista de la serie Baywatch.

 

“Desprecio la violencia… pero, ¿qué es la violencia de estas personas y autos lujosos quemados, comparada con la violencia estructural de las élites francesas y globales?”, escribió en Twitter.

 

Como señala Anderson, las protestas en Francia no surgieron de la noche a la mañana, sino que son consecuencia de una serie de políticas neoliberales promovidas por Emmanuel Macron y la desigualdad rampante:

 

“En lugar de quedarnos hipnotizados por las imágenes de incendios, debemos plantear la pregunta: ¿De dónde surgió?”.

 

 

“Y la respuesta es: surgió de las tensiones crecientes entre la élite metropolitana y la pobreza rural, entre las políticas representadas por Macron y el 99% que están hartos de la desigualdad, no solo en Francia sino en todo el mundo“.

 

 

“Lo que deberíamos preguntarnos es: ¿La desobediencia puede ser constructiva? ¿Qué pasará al otro día? ¿Los progresistas en Francia, así como en todo el mundo, pueden usar esta energía para que en lugar de violencia tengamos imágenes de sociedades igualitarias?”.

 

Más tarde, cuando las declaraciones de Pamela Anderson causaron gran polémica, la actriz radicada en Francia volvió a abordar el tema a través de un post de Instagram en el que explica a profundidad la situación en Francia:

 

Los chalecos amarillos y yo

Me alegra que los medios se hayan fijado en mi breve posicionamiento sobre la situación en Francia, mi país adoptivo, que ha vivido una serie de protestas masivas en las últimas semanas.

 

Algunos me acusaron de “apoyar” las revueltas y la violencia y de no entender el problema. Esto es muy sesgado. ¿Por qué? Déjenme explicar:

 

¿Por qué estas protestas ahora?

 

En lugar de fijarnos en las imágenes de incendios, quise que nos preguntáramos de dónde venían. Los chalecos amarillos son un movimiento contra el sistema. Es una revuelta que se ha cocinado en Francia desde hace años, organizada por gente ordinaria contra el sistema político actual que, como muchas otras naciones occidentales, está coludido con las élites y desprecia a sus propios ciudadanos.

 

Las protestas iniciaron cuando el presidente Macron anunció un aumento en los impuestos por carbono y contaminación del aire. El siguiente aumento ocurrirá en enero. 

 

Se supone que esto reúna más dinero para el presupuesto estatal y motive a la gente a usar otras alternativas a los vehículos a base de diesel. Macron quiere erradicar los autos que usan diesel para 2040.

 

Sin embargo, el Estado francés motivó a la gente a comprar autos a base de diesel durante muchos años. Por ejemplo, en 2016 el 62% de los autos en Francia eran de diesel, así como el 95% de las camionetas. Así, no es ninguna sorpresa que ahora la gente lo vea como una traición.

 

Probablemente comprar un auto nuevo no sea gran cosa para el presidente Macron y sus ministros. Pero es muy difícil para las personas que ya tienen dificultades económicas. Mucha gente pobre no podrá llegar a sus trabajos, especialmente si no hay transporte público confiable. Muchos adultos mayores no podrán llegar a las tiendas o al doctor.

 

Muchos medios ven a los chalecos amarillos causando destrucción.

 

Yo veo a las fuerzas de la destrucción del otro lado.

 

¿Qué hay de la violencia? Soy una pacifista comprometida, desprecio la violencia. Pero también sé que, cuando las protestas terminan en violencia es casi siempre culpa del fracaso del Estado, una consecuencia del fracaso del Estado para hacer que la gente sea escuchada.