Nueva Zelanda nos demostró este año que se puede combatir la vorágine capitalista, al sobreponer el bienestar de sus ciudadanos ante su nivel económico. 

Un pequeño análisis sobre caridad, economía y capitalismo por Slavoj Zizek

El problema del capitalismo

El capitalismo, que se implementó mundialmente desde finales del medievo, ha buscado privilegiar la acumulación de propiedad privada por sobre las relaciones interpersonales.

El propio trabajador no puede adquirir con su salario el producto que ayudó a crear. El sistema únicamente recompensa el trabajo que produce un valor económico, lo que segrega al trabajo reproductivo, doméstico y de cuidados.

El capitalismo nos ha enseñado que toda acción debe de incluir una producción, por lo que el descanso no existe. Todo lo que no es productivo para el capitalismo se ve demeritado en el sistema.

Todo es culpa del capitalismo
“-¿Por qué están todos tan tristes últimamente?
-Seguro es la luna.
-No, es el capitalismo”. (Imagen: Nicole Zaridze)

A partir de esta forma de pensar, constantemente nos vemos obligados a estar produciendo. El descanso no existe porque no es productivo para el capitalismo. La sobre-explotación, los salarios insuficientes y la gentrificación son algunas de las consecuencias de un sistema que prioriza a los números sobre las personas.

En múltiples tratados y estudios filosóficos y económicos, autores como Jonathan Crary, en 24/7 Late Capitalism and the Ends of Sleep, analizan cómo la ampliación de las jornadas laborales, de la mano de crecientes avances tecnológicos y la mejoría en ciertos niveles de calidad de vida, es un proceso iniciado desde finales del siglo XVIII  a costa de nuestro sueño y descanso, y que, hoy, no nos sorprende y, más bien, lo consideramos la norma.

Por años, gobiernos en todo el mundo han considerado que el crecimiento del Producto Interno Bruto es un reflejo de la mejoría de la calidad de vida de sus ciudadanos.

Que la economía no refleja la felicidad de las personas se ha hecho palpable en las pobres condiciones laborales que posibilitan el aumento económico. La disparidad de salarios en países como México, también refiere al enriquecimiento de pocos a costa de muchos, donde los números favorecen sólo a unos cuantos.

La solución que presentó Nueva Zelanda

Sin embargo, por fin un país occidental ha decidido favorecer el bienestar de sus ciudadanos por sobre las políticas económicas. Aunque durante años se ha hablado de buscar nuevas maneras de medir el éxito de un país además del PIB, es hasta este año que Nueva Zelanda ha decidido regirse por el “presupuesto del bienestar”

Nueva Zelanda privilegia bienestar de sus ciudadanos a PIB
“No al trabajo, Nueva Zelanda aquí voy”. (Imagen: Facebook)

El ministro de finanzas de Nueva Zelanda declaró que los ciudadanos no se beneficiaban en su día a día de las mejoras económicas del país. El propósito del país es crear una nación en la que sea maravilloso vivir en práctica y no sólo en teoría. (Vía: The Guardian)

Por lo tanto, durante 2019, el presupuesto del país se dirigirá a seis aspectos centrales:

  • La salud mental de los habitantes (con especial énfasis en la prevención de suicidios)
  • Mejorar el desarrollo de los y las niñas (mediante el financiamiento de escuelas, evitar violencia intrafamiliar y posibilitar la vivienda independiente para jóvenes)
  • Apoyo a comunidades Mãori y Pasifika (asegurar que no se pierdan sus idiomas y atacar la fiebre reumática)
  • Transicionar a energías sustentables (disminuir la huella de carbón e invertir en investigación)
  • Apoyo a innovación digital (apoyo a empresarios y promover la enseñanza de oficios)
  • Invertir en Nueva Zelanda (inversión en escuelas, hospitales y seguro social)

Para que entendamos lo innovador del proyecto: Nueva Zelanda está destinando todo el presupuesto anual a invertir en el bienestar de los ciudadanos y en el futuro de la nación. En el presupuesto no se mencionan inversionistas o negocios ya establecidos porque la prioridad ya no es seguir creciendo como economía, sino que la economía actual permita a los ciudadanos vivir en mejores condiciones.

Esta idea de mejorar la forma de vivir refleja no sólo que las necesidades básicas estén cubiertas, sino que una vida digna incluya tiempo de descanso, de vacaciones, de recreación, etc. A partir de tener una población saludable y feliz, la propia producción económica aumentaría.

Se busca que el presupuesto del país no se ponga sólo en manos de unos cuantos, sino de que pueda ser aprovechado por todos los sectores de la población, específicamente por los pobres y los migrantes. (Vía: El País)

En una declaración oficial, la Primer Ministra de Nueva Zelanda dijo que se sentía orgullosa de la nueva medida:

“Sabemos, por ejemplo, que Nueva Zelanda ha tenido un crecimiento estable por varios años, mientras tenía los mayores números de suicidio, personas sin casa y cifras vergonzosas de violencia familiar y niños viviendo en pobreza. El crecimiento no crea un gran país. Es tiempo de enfocarnos en las cosas que sí”. 

Las acciones de Nueva Zelanda representan una esperanza dentro del sistema capitalista tan aplastante. Para que el sistema siga siendo viable, debe de dirigirse hacia las personas y no los números. Son las personas las que viven el capitalismo, deberían ser esas personas las que lo disfruten.