La ley que prohíbe que niños sin vacunas asistan a las escuelas públicas y privadas de Nueva York fue aprobada en junio pero entró en vigor el 17 de septiembre. Desde el viernes, se prohibió que niños sin vacunas entraran a la escuela (aunque podían regresar una vez que fueran vacunados).
Los antivacunas están preocupados por autismo canino
El Departamento de Salud, junto con la Oficina de Servicios Familiares y el Departamento de Educación Estatal, publicaron un mandato en el que “ningún niño podría asistir a la escuela más de catorce días sin evidencia de haber recibido las vacunas correspondientes“. Los catorce días terminaron el martes pasado, por lo que varios niños no pudieron asistir a la escuela y otros fueron removidos de clases.
Se estima que en Nueva York hay cerca de 26,217 niños sin vacunas. El número es alarmante, especialmente teniendo en cuenta que durante el verano de 2019 hubo una epidemia de sarampión, enfermedad que había estado controlada durante más de una década. Anualmente en Estados Unidos se registraban cerca de 60 casos; durante la epidemia se registraron más de 555 casos. (Vía: Mayo Clinic)
Una de las principales razones para el contagio del sarampión es, precisamente, la falta de vacunas. ¿Por qué hay tantos padres que no vacunan a sus hijos? En 1998, un doctor en Reino Unido publicó un artículo sobre la relación entre las vacunas y el autismo. Aunque el artículo era falso, fue a partir de entonces que surgió el temor infundado de que las vacunas causaban autismo.

El martes, un grupo de padres protestó fuera de la escuela primaria Lloyd Harbor por tener que recoger a sus hijos de su último día de escuela –hasta que se vacunen–. Sin embargo, los padres se niegan a vacunarlos y muchos están optando por educarlos en casa. (Vía: Buzzfeed)
Hasta el 13 de junio, se permitía que los niños no estuvieran vacunados siempre y cuando la falta de atención médica estuviera ligada a las creencias religiosas de padres o tutores. Sin embargo, la emergencia médica se ha impuesto sobre las creencias religiosas; por lo que muchos padres tachan a la medida de discriminación religiosa.
Los padres también critican que se detenga la educación de niños que –por ahora– están completamente sanos. Muchos de ellos comparan la medida con el Holocausto (ya que Ana Frank no pudo continuar con sus estudios) y con la segregación racial en Estados Unidos durante los años 60. Sin embargo, parecen no tomar en cuenta que esas medidas fueron implementadas dentro de un contexto de discriminación por características intrínsecas, mientras que éstas personas blancas están activamente decidiendo no vacunar a sus hijos.
