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Nazi sale del clóset: es judío y gay

¿Qué es más difícil, vivir en la mentira por décadas o admitirla con vergüenza? Aun si la respuesta pareciera obvia, la valentía es un bien escaso. Ese es el problema al que se tuvo que enfrentar un neonazi que, tras cuatro décadas de dedicarse al odio, ayer admitió en televisión que era mitad judío y era totalmente gay.

Kevin Wilshaw ingresó muy joven al National Front, una organización neonazi en la que desde alcanzó incluso notoriedad desde los ochenta. Al interior de ese movimiento racista y xenófobo participó en marchas, escupió al prójimo e incluso firmó en su hoja de entrada, siendo un chamaco aún, que odiaba a judíos cuando su propia madre era mitad judía.

En entrevista, Kevin Wilshaw aseguró que uno de sus mayores motivos para unirse a los neonazis fue la búsqueda de camaradería; había sido un chico introvertido y solitario, sin muchos amigos del colegio y creyó que al interior de una pandilla semejante podría encontrar algo de fraternidad.

Sin embargo la verdad es más dócil de ocultar que el odio. Wilshaw era consciente de la contradicción de ser nazi, homosexual y tener, para colmo, herencia judía en las venas.

Admitió haber presenciado y perpetrado violencia, golpes, abusos pero ni siquiera eso lo detuvo al saberse parte de una comunidad. Sin embargo, cuando supo que era gay también supo que ya no podría durar mucho entre las filas neonazis.

La vida puede girar radicalmente en poco tiempo y sin previo aviso. Hace apenas unos meses Kevin Wilshaw daba aún discurso de odio sobre templetes donde acudían blancos frustrados deseosos de culpar a otros por sus problemas.

Ahora Wilshaw es un ex nazi gay que medita sobre la mejor forma de resarcir el daño que hizo a muchos a lo largo de los años.

Aunque dice nunca haber participado en el abuso a alguien de alguna minoría, también afirma haber estado en situaciones violentas que ameritan una disculpa y resarcir el daño. Si una lección deja el testimonio de Kevin Wilshaw es que cambiar es posible siempre.