No es sorpresa para nadie que las leyes y órdenes ejecutivas firmadas, promovidas y anunciadas por Donald Trump están llenas…

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No es sorpresa para nadie que las leyes y órdenes ejecutivas firmadas, promovidas y anunciadas por Donald Trump están llenas de errores, fallos y vacíos legales, además de que son producto directo de una idea sesgada (racista, xenófoba y misógina) de una sociedad estadounidense (blanca, de clase media y angloparlante). La rapidez con la que estas órdenes son firmadas, no le permiten ni a Trump ni a su administración completa ver todos los efectos que éstas podrían causar a nivel nacional e internacional: pasó con el “bloqueo musulmán”, firmado a finales de enero y revocado pocos días después, y está ocurriendo, ahora, con la orden ejecutiva firmada ayer, para “frenar el tráfico de drogas”.

Desde el comienzo de la campaña presidencial de Donald Trump, el ahora presidente no dejó de hacer una relación directa entre la migración mexicana -entendiendo “mexicana” como latinoamericana en general-, el narcotráfico y la violencia. Desde entonces, la promesa/amenaza de “atacar la migración” había sido, siempre, un juego doble: entre asegurar que la migración es causante de la pérdida de trabajos y asegurar que, al atacarla, se frenaba, también, un problema profundo (y, este sí, muy real) de abuso de drogas a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

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La forma como Trump prometía que se acercaría a “negociar” la migración era como todas sus formas de “negociar”: un “gran trato” y un “acuerdo” que implicara la imposición de su versión, contrario a una verdadera negociación y un diálogo entre dos países que necesitan urgentemente hablar sobre las necesidades y urgencias de la migración. Desde la administración Clinton, ningún gobierno estadounidense ha aceptado las propuestas de su homólogo mexicano, menos desde los ataques del 11 de septiembre del 2001.

La Orden Ejecutiva firmada este jueves 9, al  “atacar” el narcotráfico y a las “organizaciones criminales”, presiona a los trabajadores ilegales, que siguen llegando a los Estados Unidos y siguen siendo empleados por empresas trasnacionales “por debajo del agua”, y, al hacerlo, pone en riesgo la seguridad laboral de millones de trabajadores en sectores que, para analistas de Derechos Humanos, como Maplecroft, podría hacer que prácticas ilegales e inhumanas se conviertan en una constante. (Vía: The Guardian)

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Miles de trabajadores que han cruzado la frontera ilegalmente y que trabajan sin ninguna documentación son víctimas de empresas que, aprovechando su vulnerabilidad, los tienen trabajando en condiciones de esclavitud moderna, sectores completos como la agricultura, los servicios hospitalarios y manufactureros son los que registran los abusos más graves. (Vía: Maplecroft, Human Rights Outlook 2017)

La economía estadounidense depende, en una medida importante, de la mano de obra barata que otorga la migración indocumentada: desde los campos de almendras en California hasta los servicios de catering que alimentan a los complejos administrativos de las empresas transnacionales en Manhattan. La severidad de las penas contra los migrantes (no contra las empresas que abusan de su condición de invisibilidad ni contra el trato racista y violento que reciben de las autoridades) no frenarán la migración, la harán más riesgosa en una situación mundial en la que es cada vez más urgente. (Vía: Buzzfeed News)