Las consecuencias del golpe de Estado en Turquía

El gobierno del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, parece estar más fuerte que nunca. No sólo ha sobrevivido un golpe de Estado, también, en los últimos meses, superó frecuentes protestas anti-gubernamentales y escándalos de corrupción en su gobierno, los cuales le costaron la cabeza a varios de sus ministros.

Los soldados golpistas llevaron a cabo maniobras en las dos principales ciudades de Turquía. En Estambul, cerraron los principales puentes que conectan la ciudad. En la capital, Ankara, tomaron con relativa facilidad las televisoras públicas y privadas. Mientras tanto, en el espacio aéreo sobrevolaban aviones militares F-16.

Como consecuencia del fallido golpe de Estado, murieron 265 personas y resultaron heridas 1.440. De acuerdo a las cifras del gobierno turco, 161 víctimas eran civiles y 104 golpistas. Además, 2.839 fueron detenidos por el gobierno de Turquía por ser sospechosos de participar en la sublevación. También ordenaron detener a miles de magistrados.

Las opiniones respecto a Ergogan se han polarizado aún más. Los gobiernos e instituciones extranjeras apoyan su gobierno; mientras que académicos y opositores del régimen muestran gran preocupación por el autoritarismo que le ha caracterizado en los últimos años.

Erdogan fue elegido primer ministro en 2003. Durante sus primeros años en el gobierno, mantuvo un bajo perfil. Pero desde que fue elegido presidente, en agosto de 2014, ha mostrado una faceta dictatorial.

Muchas de las preocupaciones del presidente turco, surgen de su insistencia en cambiar la Constitución, que, paradójicamente, fue promulgada tras el golpe de Estado de 1980. Erdogan quiere instituir un sistema presidencial, similar al norteamericano. Lo que implicaría que tendría cada vez mayores facultades.

Uno de los factores del golpe de Estado es el miedo de una facción del ejército al nuevo sistema político, sobre todo, por “el rediseño de la ley de los altos tribunales así como la negativa de Erdogan a ser imparcial”.

De acuerdo al investigador invitado del Carnegie Europe, Sinan Ulgen, el golpe de Estado fracasó porque, a diferencia de los anteriores intentos, no tenía el apoyo de todo el ejército, sólo era un grupo relativamente pequeño. Aunque logró secuestrar al jefe del Estado mayor, sin el respaldo de todo el ejército no contaba con los suficientes recursos, ni con la capacidad de operación necesaria.

Según el investigador, al percatarse la gente esta situación, se dio cuenta que era más fácil oponerse a los golpistas. Una buena parte de la población se solidarizó con el gobierno de Erdogan, incluso los partidos opositores lo respaldaron.

Sin embargo, a través del hashtag #Darbedegiltiyatro (No es un golpe, es un teatro), en las redes sociales corrió el rumor de que todo había sido organizado por el propio gobierno. Natalie Martin, profesora de la Universidad de Nottingham, afirma que, casi desde el principio, el movimiento parecía estar destinado al fracaso. La investigadora británica cree que es completamente posible que se tratara de un falso golpe.

Por su parte, el experto en asuntos militares en Truquía, Gareth Jenkins, sostiene que, considerando la estrategia a la que recurrieron, parecía que los golpistas estaban peleando una guerra del siglo pasado. La planeación parecía seguir un manual de tácticas de la década de los setenta. Como la que fue usada en el golpe de Estado en Chile en 1973, o en la propia Turquía en 1980.

Los rebeldes atacaron en un fin de semana en el que el presidente estaba descansando en un resort. Tomaron el control del aeropuerto, sellaron los accesos de la ciudad. Cerraron los principales cruces de caminos. Emitieron un comunicado en la televisión declarando un toque de queda, pidiendo a la población que permaneciera en sus casas.

Sin embargo, no capturaron a ningunos de los líderes del AK, el partido gobernante. Tampoco cerraron los canales privados de televisión privada, ni bloquearon la señal de los teléfonos móviles ni las ni redes sociales. En consecuencia, permitieron que Erdogan convocara a la gente a protestar contra el golpe. En resumen, fueron derrotados por la tecnología del siglo XXI.

El fallido golpe de Estado le ha dado la oportunidad de aumentar su control sobre el gobierno turco. Respaldado por el apoyo que le han dado los partidos de oposición podría construir un nuevo consenso democrático o podría concentrar aún más el poder en su persona. De acuerdo al investigador Sinan Ulgen, la situación:

“Depende casi completamente de Erdogan: el camino que elija tendrá consecuencias enormes. El optimista que llevo dentro apuesta por la vía democrática, pero el realista y pesimista me dice que Erdogan jamás desaprovecharía una ocasión así.”

Durante el intento de golpe de Estado, el presidente turco afirmó que algunos de los militares sublevados recibían “órdenes de Pensilvania”, haciendo referencia al líder de la Alianza por los Valores Compartidos, el clérigo turco Fethullah Gülen, quien vive en Estados Unidos. Acusó a Gülen de haber planeado esta operación militar en el exilio.

Fethullah Gülen niega su participación en el golpe de Estado fallido, insinuó que todo habría sido simulado por el propio Erdogan. Además, agrego que considera que la toma del poder por la fuerza no es la vía más viable para el cambio en Turquía.