En China se vende un lanzallamas antiacoso: la pregunta no es si es demasiado, sino por qué es necesario

En China, una página de internet está ofreciendo una herramienta de defensa personal portátil para “poner distancia de acercamientos no solicitados”; así como hay gas pimienta, pistolas eléctricas (tasers), la empresa primordialmente centrada en cosméticos, Yi Pin Xuan, está comerciando un lanzallamas, sí: UN. LANZA-PINCHES-LLAMAS.

La útil herramienta de 20 centímetros de largo puede frenar… bueno, todo: es capaz de lanzar una llama 1, 800 ºC hasta 50 centímetros, se puede adquirir desde la módica cantidad de 5.33 hasta 36.18 dólares (más impuestos y gastos de envío) y, por su práctico tamaño, puede caber sin problemas ni bultos en la bolsa de una mujer. (Vía: China Global Mall)

El lanzallamas, dicen las autoridades de Beijing, puede dejar cicatrices permanentes, pero, sigue dentro de los parámetros legales: es una “herramienta”, no un arma, incluso en un sitio de ventas electrónicas se anuncia como un “artefacto anti lobos” (quizá “lobo” sea un término para acosadores… ninguno en la mesa de redacción de Plumas Atómicas recuerda bien, bien, su mandarín).

Eso sí, las autoridades postales han advertido que es ilegal enviarlo por su sistema de correo (sólo porque podría explotar y destruir el correo, no crean que por otra cosa). (Vía: The Telegraph)

Para algunos podría parecer una medida extrema: ¿quién demonios será tan sádico como para cargar un lanzallamas en su bolsa y utilizarlo contra alguien que sólo quería decirle un lindo piropo a una bella dama?… Si pensaste esto, quizá aquí te vamos a perder. Si bien el mismo anuncio se vale de eufemismos y palabras más “limpias”, lo que esta arma hace es ser una herramienta para que una mujer se pueda defender de una violación. Punto. Nada más y nada menos.

La violencia que cualquier hombre (sí, ajá, #NotAllMen, “¿por qué no igualismo?, ¿dónde están las estadísticas de hombricidios?”, bliblibli…) ejerce contra cualquier mujer en la calle es más que suficiente para “dejarle en claro” que la calle no le pertenece, que es “de ellos” y que todo lo que ocurra y todo quien pase por ella tiene que ser suyo porque sí, porque el espacio público no lo es. Hace un par de años, el colectivo “Las Morras”, hizo un video en el que recorren las calles del Centro Histórico, una cámara las graba de frente y hace ver, a quienes reproduzcan el video, el acoso del que son sujeto.

La pregunta del millón no es si el lanzallamas es “demasiado” para enfrentar el acoso callejero, sino, más bien, ¿cómo hemos reproducido y amplificado esa violencia como para que sea necesario un lanzallamas como mecanismo de defensa?