La creativa respuesta de una chica a una “dickpic” no deseada

Nunca había sido tan arriesgado dejar tu opinión sobre la calidad de un restaurante en su página de Facebook. Samantha Mawdsley, una chica de Manchester, puso un comentario sobre el establecimiento The Good Food Place, alabando la comida y la calidez del personal. Quién iba a imaginar que un internauta desconocido (porque el Internet es un misterio y funciona de modos desconocidos) le envió, de la nada y sin que nadie se lo pidiera, una fotografía de su pene.

La misma Mawsdley dice que cuando vio que alguien le había enviado un mensaje privado sobre su comentario del restaurante, le pareció raro. Por supuesto, nunca se imaginó que al abrir la misiva iba encontrarse con semejante… gráfico. Rematado, porque eso sí, el chico era educado y tenía nociones avanzadas de las reglas del cortejo, por otro mensaje que decía “Tienes bonitos ojos”.

La agredida —porque recibir fotos del pene de alguien desconocido, y  sin que haya sido solicitada califica como agresión— encontró la forma de darle la vuelta al asunto:

“Al principio pensé en ignorarlo porque es lo que nos enseñan a las mujeres desde que somos pequeñas. Pero después decidí llamarle la atención sobre el comportamiento ridículo que había tenido y sobre su doble moral”. (Vía Animal Político)

Durante la siguiente hora, Samantha Mawsdley bombardeó al casanova con fotografías de penes. Una cucharada de su propio chocolate, en este caso muchas cucharadas, lograron arrancar una reacción en el acosador que se identificó como “James”.

El hombre, vaya sorpresa, se sintió ofendido y le pidió a Samantha que dejara de enviar las fotografías. Una de sus respuestas fue: “Quiero vomitar, por favor para”. Él, cuando descubrió que lo que hizo no era gracioso, preguntó a su interlocutora “¿Por qué estás siendo tan asquerosa conmigo? Si yo fui bueno”. Además, sacó todos sus prejuicios homofóbicos y machistas a relucir cuando cuestionó a Samantha por mandar esas fotografías “No soy gay y tú eres una chica, así que debería gustarte”. También la llamó perra y loca.  

Samantha tomó la situación con sentido del humor e ingenio y uso el mismo argumento que el hombre había usado antes: “Sólo estoy siendo buena”.

En su mensaje final “James” le pidió (usó las palabras por favor) a Samantha que no publicara la conversación porque eso iba a destruir su reputación y porque deseaba que se protegiera su privacidad –la cual no le importó mucho a la hora de mandarle la foto de sus genitales a una desconocida—.

 

Recibir imágenes con contenido pornográfico sin haberlo consentido es un problema que cada vez afecta a más mujeres, sobre todo aquellas inscritas en programas y sitios de internet para encontrar pareja.

Lo que hizo Samantha fue exponer a su acosador con la esperanza de que quienes quieran seguir estas prácticas se abstengan o lo piensen antes de violentar a una mujer pero, sobre todo, que las mujeres que reciban este tipo de imágenes no tengan miedo de denunciarlas. La respuesta de Facebook ante las acciones de Samantha es todavía más contradictoria que la reacción del agresor; la red social bloqueó la cuenta de la joven inglesa por haber compartido tanto contenido inapropiado. No obstante, su post fue compartido miles de veces y cientos de mujeres le han escrito para decirle que ellas también están cansadas del acoso virtual. 

El acoso virtual es una práctica igual de grave e igual de agresiva que el acoso en la vía pública o en cualquier otro lugar. Sobre todo si se toma en cuenta que la práctica se ha normalizado entre usuarios de la red y que muchas personas son violentadas por este tipo de contenidos de manera sistemática. Para que de verdad se genere un cambio entre usuarios se debe tomar conciencia de que las imágenes y videos con contenidos pornográficos no solicitados, ya sea que provengan de algún conocido o de alguien que no hayamos visto nunca, no son divertidas o inofensivas; al contrario, afectan psicológicamente a las mujeres y hombres que reciben estas fotografías y refuerzan la idea de impunidad virtual.

Tal vez el hombre que acosó a Samantha lo había hecho antes con otras mujeres e iba por el mundo convencido de que porque “era un hombre” y “no era gay”, podía repartir fotos de sus genitales a diestra y siniestra.