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Japonesa muere después de hacer 159 extras de trabajo

Japón nuevamente tiene que confrontar su cultura del trabajo después de que una periodista muriera de karoshi, que es el término japonés (porque hasta han tenido que crear un término para ello) para cuando alguien muere por sobrecarga de trabajo.

Miwa Sado, que era trabajadora de la Nippon Hoso Kyokai, acumuló 159 horas de trabajo extra en un mes, que equivalen a 13 horas y media de jornada laboral al día y sólo tomó dos días de descanso en este mismo lapso de tiempo. (vía: The Guardian)

2 mil suicidios al año por exceso de trabajo

Esta nueva muerte relacionada con la carga laboral, puede que nuevamente abra el debato de las prácticas y la cultura de trabajo que tiene el país nipón.

Durante muchos años se ha hablado de la carga extrema que tienen los japoneses al trabajar y de la cultura que los obliga a seguir regímenes que los llevan a un extremo físico y mental que termina en la muerte y, más alarmante, en el suicidio.

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Un reporte del Gobierno de Shizô Abe encontró que desde marzo de 2016 hasta ahora se han suicidado más de 2 mil japoneses con causas relacionadas al estrés y depresión por la cantidad de trabajo que realizan. Esto los ha llevado a tomar medidas, como limitar el número de horas extra a 100 mensuales y actuar contra las empresas que llevan a sus trabajadores a superar ese límite. (Vía: The Guardian)

Existen estudios que demuestran que los trabajadores japoneses son los que más trabajo extra realizan en el mundo,  además de que los japoneses sólo usan, en promedio, 8.8 días al año de vacaciones, menos de la mitad del tiempo de esparcimiento que toman en otros países que se equiparan con ellos en nivel de desarrollo, como el Reino Unido, Estados Unidos e, incluso, China.

Estos mismo estudios muestran que, dándonos una idea de que no sólo se trata de las horas diarias, sino de la exigencia a la que se enfrentan los trabajadores para tomar sólo esos tiempos de descanso. (vía: BBC)

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Esta es una realidad que descansa en una cultura que tiene la exigencia personal en un primer plano. Asimismo, es difícil encontrar un punto de inflexión para que, no sólo las empresas cambien, sino también los trabajadores japoneses.

Pues ellos no tienen que ser expuestos a la coerción para tener estas jornadas laborales, pero que por la presión que su misma sociedad y círculo cercano le imprimen, terminan con sus vidas para, por fin, poder descansar de algo.