El destino de la infancia en El Salvador: perteneces a una pandilla o eres asesinado

¿Se puede nacer y nunca ser un niño? Hay lugares en los que la infancia dejó de existir, lugares en donde los niños de ocho años dejaron de ser niños, aún, cuando sus facciones muestren lo contrario y su estatura o su fuerza física apenas pueda asestar un golpe. Uno de esos lugares es El Salvador, donde se ha sepultado la infancia.

Un reportaje especial de El Universal sobre las condiciones en las que viven los niños en El Salvador muestra las dos únicas opciones que tienen los menores de ese país para su futuro, por un lado, la huída; por otro, las pandillas y quizá, podría sumarse una tercera, la muerte. 

Para comprender esta historia es necesario conocer el testimonio de “El Mago”, ex líder de la pandilla 18R de la zona rural del municipio de San Pedro Masahuate, El Salvador. Henry, “El Mago”, no tuvo la opción de huir. Cuando era niño era molestado por unos pandilleros de entre 14 y 21 de años, quienes le quitaban su dinero y comida. Un día se cansó y fue acusar a los pandilleros con su tío quien le dijo, que se defendiera como pudiera. 

En un hombre se veía mal que anduviera poniendo queja.” Dice Henry para El Universal, y agrega que tras escuchar las palabras de su tío, él junto con otros tres compañeros fueron a enfrentar a uno de los pandilleros que lo molestaban y entre los tres, le encajaron un picahielo. (Vía: El Universal)

Después de estar 19 años en la banda 18R, Henry salió de la pandilla y ahora pasa la mayor parte del tiempo en la Iglesia, además de ser colaborador activo de la Asociación para la Promoción de los Derechos Humanos de la Niñez en El Salvador.

“Se calcula que en ese país centroamericano hay alrededor de 60 mil pandilleros. El promedio de homicidio por cada 100 mil habitantes en 2015 fue de 104, en 2016 de 81. De 2005 a 2016 fueron asesinados más de siete mil niños, 700 al año, 58 al mes y dos al día, según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y estadísticas del gobierno de El Salvador.” (Vía: El Universal)

https://twitter.com/obserninezchile/status/889877917198499840

Pero ¿cómo se llega a estas cifras? ¿En qué momento un niño puede o pertenecer a la cifra de los 60 mil pandilleros, o ser uno de los dos niños asesinados?

Regresemos al momento en el que Henry tuvo que decidir entre seguir aguantando los abusos de los pandilleros y el hecho de reunirse con otros niños para enterrarle un picahielo a uno de los agresores, concretamente a la frase de su diciéndole que se defendiera como pudiera y, además, que Henry pensara que en un hombre se veía mal andarse quejando.

Si bien no fue que en ese momento decidiera convertirse en un pandillero pero hay gesto que podemos rastrear y es el de ¿cómo se ejercer la violencia en sobre los hombres para producir más violencia?

Bourdieu asocia directamente cierto tipo de ser hombre al ejercicio de la violencia y el abuso. Que nace de este miedo a la cobardía, como dice Henry a verse mal si se anda quejando pero no sólo eso, sino el miedo a ser el asesinado, pues en las pandillas, una forma de demostrar tu valor como hombre es la capacidad para infringir dolor o causar la muerte del otro.

Esta breve reflexión no pretende dejar de lado las condiciones económicas y políticas del país, es simplemente otro factor que debe integrarse a la violencia sistematizada que viven los niños por ser niños y que son educados como hombres violentos en un contexto de pocas oportunidades laborales, de corrupción, de impunidad y crimen.

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