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En plena manifestación, detienen a Alexei Nalvalny, único candidato opositor de Putin

El régimen de Vladimir Putin -en el poder, ya fuera como Primer Ministro o como Presidente ruso, desde comienzos del 2000-, ha enfrentado, democráticamente, poca competencia; remarcamos “democráticamente” porque la resistencia al poder centralizado de Putin se ha mantenido constantemente acosada, violentada y silenciada, como para mantenerla lejos de las urnas, como para destruir su imagen y sus vidas cotidianas, o como para que, simplemente, dejen de vivir. Esta vez, fue el caso del crítico a Putin y ya anunciado candidato a la presidencia para el 2018, Alexei Nalvalny.

Nalvalny ha sido uno de los críticos más notables de la presidencia de Vladimir Putin, ha organizado marchas multitudinarias en diversas ciudades del país y sus acusaciones de corrupción contra el círculo cercano al mandatario ruso le han granjeado un apoyo importante.

Ha competido por la alcaldía de su ciudad natal, Kirov, y, a pesar de no haber tenido espacio en medios ni posibilidad de hacer una campaña en forma -pues durante ese periodo fue procesado por un cargo de malversación de fondos que tenía una clara utilización política- quedó en segundo lugar, por debajo del oficialista Sergei Sobyanin. (Vía: BBC)

En las últimas semanas, Nalvalny publicó un video donde acusa al primer ministro ruso, Dmitri Medvedev, de aceptar sobornos millonarios, de desvío de recursos y de tráfico de influencias a favor de sus empresas personales. Estas denuncias, ampliamente rumoradas, fueron lo que disparó una serie de protestas coordinadas en diversas ciudades de Rusia. (Vía: Der Welle)

 

La protesta social en el país está fuertemente vigilada y legislada: para que pueda transcurrir sin oposición policiaca, los protestantes tienen que ofrecer una lista de nombres de los líderes, sus causas, las horas en que transcurrirá… todo bajo el pretexto de facilitar la movilidad de los habitantes. El permiso para cada una de las protestas, en cada una de las ciudades fue rechazado y, bajo ese argumento se detuvo a Nalvalny y, según ONGs de derechos humanos, a más de mil personas, entre ellos periodistas nacionales y extranjeros. (Vía: The Guardian)

El sistema policíaco, político y jurídico de Rusia está articulado para ser un mecanismo de amenaza constante para la oposición política. Lo demostró durante las protestas de 2011 y 2012: el encarcelamiento de la panda de punk feminista Pussy Riot, el proceso penal contra cientos de activistas LGBTTTQIA y la desaparición, exilio y muerte de cada uno de los principales opositores políticos de Vladimir Putin. Como le dijo Albert Komissarov, un ingeniero que iba pasando cerca de la protesta y fue golpeado y detenido por la policía moscovita, al corresponsal de The Guardian, Alec Luhn:

“[La fuerza que usó la policía] fue excesiva, una violencia sin justificación el régimen está tratando de intimidar a todos, no sólo a aquellos que pelean contra él.” (Vía: The Guardian)

Mientras, la agencia rusa RT informaba que lo ocurrido el fin de semana fue tan solo una detención frente a que Nalvalny marchó a pesar de que había sido rechazada su solicitud:

“Navalny fue detenido este domingo poco después de llegar a una protesta anticorrupción no autorizada en el centro de Moscú. Fue acusado de violar la ley que regula las reuniones públicas, con lo cual se enfrentó a una multa, a servicios a la comunidad, o a una detención administrativa.” (Vía: RT