Churros y chocolate: cómo dos niños hablan del muro fronterizo

Niños venden churros y chocolate contra y a favor del muro

Dos niños, en polos opuestos de la discusión sobre migración en los Estados Unidos, tuvieron la misma idea: vender comida rica y calientita para ayudar a su causa: un niño en Texas, vende chocolate caliente para pagar por el muro; mientras que otra está vendiendo churros para apoyar a los migrantes.

Vendedor de churros en la CDMX

La tensión que ha generado el discurso xenófobo de Donald Trump en los Estados Unidos se ha manifestado de múltiples formas: se han disparado los crímenes de odio, el país pasó por el cierre de gobierno más largo de su historia y esta discusión bizantina (que no ha resuelto nada, ni para racistas ni para migrantes) y se han hecho públicos decenas de casos de muertos, violaciones de Derechos Humanos y agresiones de autoridades migratorias.

Estas discusiones, siempre, afectan a la sociedad completa y, aunque a veces se nos olvide, los niños también son parte de la sociedad. Y ejemplo de ello son Lily y Benton.

Benton se hizo famoso porque muchos medios tomaron su historia: el niño de siete años armó su puestito en un centro comercial en un suburbio (blanco, claro) de Austin, Texas, y, en la tradición más estadounidense, vendió chocolate caliente para pagar por el muro fronterizo.

Porque el internet es un lugar horrible, el niño fue atacado por cientos de personas, y lo llamaron “pequeño Hitler”, fue entonces cuando los medios tomaron la historia que no dejó bien parados a los críticos de UN NIÑO DE SIETE AÑOS.

Sí, los niños son entes autónomos que tienen sus propias ideas y están construyendo su visión del mundo… Pero también depende fuertemente del contexto en el que crecen. ¿Ese niño tiene ideas racistas? probablemente; ¿es su culpa? A los siete años no, definitivamente no.

Lily, una niña de 10 años también de Texas, vio la historia de Brandon e hizo algo muy similar, sólo que en la dirección opuesta (no, no cobró para tomar chocolate): armó su puestito y se puso a vender churros y chocolate mexicano para donar a Raíces, una ONG que brinda consejo y asesoría jurídica a migrantes y ha trabajado de cerca la crisis humanitaria en la frontera.

En entrevista para el medio latino Remezcla, Lily dijo: “Esto es importante para mi porque ningún niño debería de ser separado de sus padres o de quienes ama, especialmente cuando vienen a nuestro país por una vida mejor”.

La comida, en todas las culturas, no sólo es alimento, sino un fenómeno cultural: nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestras familias y nuestro pasado personal e identidades se representan en cada platillo.

Sin planearlo, las decisiones de estos dos niños reflejan dos culturas que cohabitan en el mismo espacio geográfico. Una que se defiende ante lo que presupone una invasión; otra, que considera que la necesidad se resuelve entre todos.

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