Soy piloto de rescate ucraniana que vive en México. He vivido y he sido feliz los últimos 4 años en este hermoso país hasta que, hace 35 días, el infierno se desató a 10 mil kilómetros de aquí.
Mientras daba una entrevista vía zoom con mi familia mexicana y amigos ucranianos, el corazón se nos paralizó cuando vimos en las noticias que Rusia había atacado mi país mientras todos dormían. No pudimos controlar las lágrimas que, más que tristeza, reflejaban coraje e impotencia, impotencia por estar tan lejos y no poder sumar a nuestra honorable causa que simplemente es defender nuestra tierra y el derecho que nos otorgó Dios para elegir nuestro destino.
Empecé a hacer lo que me tocaba. Reuní a la comunidad ucraniana en México; nos organizamos y fuimos de manera pacífica a la embajada de Rusia en México a exigir que hicieran pública su opinión respecto a la INVASIÓN. Que quede claro que no es una guerra, ya que no hay una sola bomba ucraniana cayendo sobre territorio ruso. Al manifestarnos pacíficamente en la embajada rusa, nos topamos con la respuesta en altavoces: el himno SOVIÉTICO, mismo que no solo deja clara la posición de la embajada rusa en México, si no que también hace ver sus ideales comunistas, cosa alarmante, ya que afortunadamente nuestros hermanos mexicanos no sufrieron lo que nosotros al vivir con el pie en el cuello de la URSS durante décadas. Ese himno hizo que incluso nuestros hermanos mexicanos, que no entendían la profundidad y la gravedad de este acto, se les pusiera, como dicen en México, “la piel de gallina”.

El ambiente general cambió bruscamente de pacifista y enardecido. No podíamos dejar de gritar y nuestras voces eran opacadas por ese himno que representa todo aquello que cobró y sigue cobrando tantas vidas, que ha hecho ricos a los oligarcas rusos y que nos ha provocado ser de los pocos países tercermundistas en Europa. Al ver que nuestra posición es NO DAR NI UN PASO ATRÁS, los cobardes hicieron uso de la fuerza pública y mandaron a traer granaderos para hacer callar a mujeres ucranianas con vestidos de novia llenos de pintura roja representando a todas aquellas viudas y mujeres que nunca lograrán casarse, ya que sus hombres están muriendo defendiendo a nuestro país.
No me detuve en las manifestaciones. Quise escalar esto al siguiente nivel. Tuvimos acercamientos con diferentes políticos que nos extendieron la mano, nos mostraron el camino y nos apoyaron. Pedíamos cosas simples y lógicas, como que no volara vacío el avión que iba por mexicanos y sudamericanos a Europa; pedíamos que se nos permitiera subir ayuda humanitaria que ya habíamos recolectado. No iba a generar ningún costo adicional o logístico al estado, ya que hicimos nuestra tarea y estaba todo coordinado: recepción, almacenaje y distribución. Con las camionetas cargadas y en camino al AIFA, ¡nos cerraron literalmente la puerta en la cara! Y que quede claro que no fue porque llegamos tarde o nos faltara un papel. Fue una decisión completamente arbitraria que descubrimos después. La realidad es que, al ser una propuesta impulsada por la llamada “oposición”, no importa cuál sea la intención, la respuesta es NO. ¿No? No pueden llevar cobijas para los que en pleno invierno perdieron sus casas y tienen que vivir en la calle a -15 ºC, con niños chiquitos y adultos mayores. ¿No? No pueden llevar comida para bebés recién nacidos que viven dentro de bunkers debajo de la tierra. ¿No? ¿No pueden llevar material médico para detener las hemorragias de los padres que pusieron sus cuerpos como escudos humanos para proteger a sus familias? ¡En verdad que no lo entiendo!

También estoy consciente que pedimos cosas complicadas. Las cosas humanitarias, sabemos que no sólo es abrir la puerta y dejarnos pasar, pero yo, que estuve de voluntaria en Polonia junto con la ONG Cadena Internacional, hicimos hasta el día de hoy la repatriación de 970 -no personas- vidas de gente que puso su destino en manos de un país y pueblo que no conocen. Los países europeos han recibido a miles y miles de refugiados ucranianos dando grandes beneficios. No era eso lo que pedíamos, nuestra solicitud es que le permitieran a mis hermanos cuyos pasaportes se encuentran mezclados entre las cenizas de sus sueños y esfuerzo; solo pedíamos que les permitieran entrar con sus familiares. Aquí se encargarían de insertarlos en la sociedad. Solo pedíamos que no los hicieran salir después de 180 días, ¡ya que no tienen a donde salir! Pero una vez más, la respuesta es NO!
Es una pena, pero es una realidad que México es un país de muchas bondades y riquezas, mismas que si bien no se miden en lingotes de oro o reservas de dólares, son las riquezas que se perciben al nadar en sus playas y platicar con la gente. Pero ojo con la otra cara de la moneda, de la que cada vez menos se puede hablar y la cual es realmente preocupante. México, constitucionalmente, permite la libertad de expresión “en teoría”. En la práctica es de los países más peligrosos del mundo para el periodismo y la opinión pública, peleando los primeros lugares con países bélicos como Irak y Afganistán.

Hoy ya no me siento segura. Antes de LA INVASIÓN rusa a Ucrania, yo era una feliz piloto aviadora de rescate e influencer. Usaba mis redes sociales para transmitir a mis seguidores datos curiosos con respecto a la aviación y promover nuestra escuela de Aviación. Hoy esas redes sociales han sido el vehículo perfecto para promover el odio y llamadas diarias de amenazas y, lo más preocupante, con datos sensibles que vulneran mi privacidad y seguridad. Siento un profundo dolor al darme cuenta que este país, que desde el día uno me hizo sentir en casa, hoy me hace sentir como literalmente está mi casa: bajo asedio, con un intenso sentido de inseguridad y miedo, ya que hay veces que lo que se ve en las películas y series son cuentos de hadas contra la cruda realidad.
Hoy yo, Marta Koren, siento miedo de salir a la calle, siento miedo de subir más videos. Me arrepiento de haber hecho pública mi vida y trabajo, exponiendo a la que llamo mi familia mexicana. Pero hay algo de lo que no me arrepiento. No me arrepiento de haber alzado la voz, no me arrepiento de haber ido a gritar a la embajada rusa en México “Putin es un asesino y un criminal y lo espera el tribunal”, ni me arrepiento de escribir esta nota y mostrar al mundo algo que ha quedado demostrado: ¡Los ucranianos no nos dejamos ni nos dejaremos! ¡SLAVA UKRAINI!
Marta Koren
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