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Las protestas en apoyo a los migrantes: una respuesta contra Trump

Como te informábamos el fin de semana, Donald Trump firmó otra orden ejecutiva más, y, así como ocurrió con la que firmara para ordenar la construcción del muro fronterizo y la revisión de los tratados comerciales con México, su firma generó una reacción en cadena que terminó con la toma de decenas de aeropuertos a lo largo y ancho de los Estados Unidos, en protesta por las decenas de migrantes que estaban siendo detenidos, aislados y amenazados con ser regresados “a su país de origen”, aún cuando fueran residentes legales o, incluso (como ocurrió con un par de casos) ciudadanos estadounidenses con doble nacionalidad. (Vía: Animal Político)

La orden que Trump firmó el viernes llamaba a un “bloqueo” por 120 días de las visas otorgadas a siete países con mayoría musulmana: Iraq, Irán, Somalia, Yemen, Siria, Libia y Sudán. Estas restricciones, reportaron varios medios, no fueron comunicadas al nuevo líder del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), John Kelly -incluso él se enteró de ésta por la televisión-, no fue revisada ni aprobada por el grupo de abogados que aconseja a la Casa Blanca, ni fue valorada por los mecanismos necesarios para que no ocurriera lo que estuvo ocurriendo todo el fin de semana: un caos generalizado en los aeropuertos, detenciones ilegales y una reacción social organizada que, por tercera vez en lo que va la administración Trump, se hiciera visible por las decenas de miles por todo el país. (Vía: Hufftington Post)

Desde su campaña presidencial, Trump había prometido un “bloqueo musulmán”, pues, según su forma de verlo, el país estaba siendo atacado y “perdía siempre”, por lo que un bloqueo de esta naturaleza les permitiría “darse cuenta de qué está pasando”. El mismo día que Trump lanzara esas declaraciones, buena parte de su propio partido, incluso quien ahora es su vicepresidente, Mike Pence, respondió diciendo que una política así sería “anti-estadounidense”, pero sobre todo inconstitucional.

Y lo es, pues una de las primeras libertes de la “Carta de derechos” de la Constitución estadounidense indica que nadie podrá ser juzgado por su religión o sus creencias; por lo que, cuando George W. Bush lanzara una restricción semejante después del ataque del 11 de septiembre del 2001, su grupo de abogados y asesores buscaron crear una lista “multicultural” de países que podrían ser una amenaza terrorista: Corea del Norte y otros figuraban en ella, lo que cancelaba una lectura como la que, en estos momentos, se hace de las restricciones de Trump. (Vía: Vox)

Uno de los asesores más cercanos de Trump durante su campaña, el ex alcalde de Nueva York, Rudy Guliani, dijo en una entrevista el fin de semana a la cadena pro-Trump, Fox, que el presidente le había solicitado encontra la forma de hacer “legal” esta promesa, y que el documento firmado el viernes es, justamente, fruto de su trabajo y del actual Jefe de Estrategia, Steve Bannon (otro “outsider” relacionado directamente con movimientos supremacistas blancos). (Vía: Mic.co.uk)

Las protestas en los aeropuertos fueron apoyadas en varios por los sindicatos de taxistas, y, sin organización previa alguna, centenares de abogados se lanzaron a trabajar para defender a quienes, bajo cualquier lectura, dice el politólogo Joshua Clover, fueron presos políticos del régimen de Trump. Varios declararon que las autoridades portuarias revisaron su actividad en redes sociales y les preguntaron insistentemente sobre su “postura” sobre el presidente Trump. (Vía: Independent)

Fue hasta la tarde del sábado que la organización pro-derechos civiles, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) logró, a través de una demanda de inconstitucionalidad, que varios jueces federales vetaran la orden firmada por el presidente Trump; sin embargo, aún con las dictaminaciones de los jueces, varios elementos de Control de Aduanas (CBP), abiertamente se negaron a ellas. Si esta decisión resultara parte de una estrategia de la Casa Blanca, varios especialistas en derecho indican, podría abrirse un caso para revocar el mandato de Trump. (Vía: The Guardian)

A menos de dos semanas de que Trump haya tomado posesión de la Casa Blanca, ¿llegará el momento en el que haga un giro hacia la conciliación no sólo con el mundo, sino dentro de su propio país?