El pasado martes 27 de septiembre, el presidente Barack Obama nominó al primer embajador de Estados Unidos para Cuba después de que no hubiera tal figura en más de medio siglo. (Vía: New York Times)

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De acuerdo con el diario New York Times, el candidato electo fue el embajador Jeffrey DeLaurentis, quien, a su vez, tendrá que ser confirmado por el senado. Este punto resulta delicado pues por parte de la bancada republicana no ha sido bien recibido este nuevo acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos.

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El senador republicano de Florida, Marco Rubio, advirtió que dicha nominación no avanzaría en el legislativo.

“Tal como la liberación de todos los terroristas de Guantánamo y el envío de dinero de los contribuyentes estadounidenses al régimen iraní, premiar al gobierno Castro con un embajador es otro intento desesperado del presidente para construir su legado, y no debe ser permitido.Esta nominación no debería avanzar hasta que el régimen de los Castro muestre progreso significativo e irreversible en las áreas de derechos humanos y libertad política del pueblo cubano, y tampoco hasta que las preocupaciones acerca del robo de propiedad y crímenes en contra de ciudadanos estadounidenses por parte del régimen cubano tengan respuesta”. (Vía: New York Times)

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Desde que Obama y Castro anunciaron la normalización de relaciones en el 2014, DeLaurentis fue enviado por Obama a La Habana, y según el mandatario de EE.UU., su liderazgo ha sido vital durante las negociaciones y por ello su nombramiento tiene sentido como el próximo paso hacia una relación más normal y productiva entre los dos países. (Vía: New York Times)

Ante la posibilidad de que el nombramiento del embajador sea rechazado por los legisladores, algunos funcionarios de la Casa Blanca expresaron que tener un embajador en Cuba fortalecería la postura de EE.UU. de lograr mejoras en derechos humanos y proteger los intereses de seguridad nacional.

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Por su parte el presidente Barack Obama declaró:

“Tener un embajador nos ayudará a proteger y a hacer avanzar nuestros intereses; también mejorará nuestro entendimiento mutuo aun cuando sigamos teniendo diferencias con el gobierno cubano. Él es exactamente el tipo de persona que queremos que nos represente en Cuba, y los únicos que salimos perdiendo al no ser representados por un embajador somos nosotros mismos”. (Vía: New York Times)


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