¿No hay homofobia en México? El caso de César Ulises Arellano nos demostró que sí, muchísima

El hallazgo del cuerpo de César Ulises Arellano, estudiante desaparecido la semana pasada, desembocó en convertir un laberinto su desaparición y muerte. Violando el proceso de peritaje y sin más, Aristóteles Sandoval, gobernador jalisciense salió a referir que se trató de un suicidio y en seguida la teorías alrededor comenzaron a surgir.

Mientras de un lado acusaban que la versión oficial no es real, otros comenzaron a utilizar su muerte para sacar toda la homofobia que llevan dentro porque, claro, el suicidio o asesinato de alguien tiene relación directa con las preferencias sexuales.

Guadalajara sigue siendo un lugar en el que la homofobia sigue imperando. Las condiciones sociales de esta región no han salido de la moral religiosa como eje ético para tratar la situación particular de cada ser y, en general, México sigue teniendo un gran grueso de comentaristas homófobos que comienzan a juzgar a las víctimas desde ese hielo de agua sucia.

Los comentarios regresan a los lugares comunes, creyendo que las preferencias sexuales y la identidad de género son condiciones médicas que, por supuesto, (según éstos) son curables porque son enfermedades del alma que se curan con ¿exorcismos?

En la publicación de Twitter en la que el diario Milenio difundió la noticia del hallazgo del cuerpo de César Ulises, fue donde se encontraron más de estos comentarios, que comenzaron con los ataques directos, asignando toda la razón de su (posible) suicidio a la homosexualidad, con comentarios y frases que hubiera envidiado cualquier orador de iglesias evangelista.

También estuvieron los que creen que un asesinato o suicidio de un estudiante desaparecido (en una ciudad que se enteró de cinco desapariciones de jóvenes en la misma semana) no es lo suficientemente importante; claro, la seguridad no debe ser importante en un país con guerra contra el narcotráfico y condiciones tristísimas de seguridad, con 234 mil muertos derivados de esta guerra, al menos, hasta el final del años pasado. (Vía: Huffington Post)

Y, claro, también estuvieron los machos agresores de machos que trataron de defender la dignidad y el debido proceso de César Ulises… atacando de la misma manera que lo atacaron. La homofobia, como cualquier otro tipo de agresión, se puede aplicar en cualquier estrato social y cultural en contra de cualquier otro sin distinción, y esta es la principal prueba.

Lo cierto es que su muerte aún no queda clara y que siguen desaparecidos otros cuatro estudiantes. Resolver si fue o no un suicidio es trabajo de los sistemas periciales y judiciales del Estado de Jalisco. Sin embargo, es notable que la homofobia sigue siendo un gran problema que no se resuelve y que ni siquiera la exposición de la triste violencia e inseguridad en Guadalajara puede hacerlos cambiar un poco su manera de ver.