Harvey Weinstein no es el único: la violencia machista en Hollywood

En medio de uno de los escándalos más aterradores sobre acoso sexual y violación en Hollywood, cuyo nombre lleva el del productor Harvey Weinstein, su colega y director de cine, Woody Allen, declaró estar triste por la situación que atraviesa el productor: hasta el momento, 33 mujeres del gremio cinematográfico han declarado haber sido abusadas sexualmente por Weinstein.

“Todo esto sobre Harvey Weinstein es muy triste para todos los involucrados. No hay ganadores en esto. Es solo muy, muy triste y trágico para todas esas pobres mujeres que tuvieron que pasar por eso”, declaró Woody Allen para la BBC.

Los abusos de Weinstein pueden generarnos indignación, asco, enojo, temor, pero pueden causar ¿tristeza? Si Allen dice que es muy triste para todos los involucrados, ¿podríamos sentir tristeza por Weinstein? Woddy Allen quien en años anteriores también estuvo involucrado en un caso de abuso sexual denunciado por su hija adoptiva, Mia Farrow, no parece el más indicado para juzgar este evento del que asegura “no hay ganadores”.

Tal vez Allen más que triste, esté preocupado, pues dice que estas denuncias, que son parte de una investigación de The New York Times y The New Yorker, se prestan a una “atmósfera de caza de brujas”.

“Se espera que algo como esto pueda ser transformado en un beneficio para la gente más que solo una triste o trágica situación“, dijo Allen, quien casi vio hundida su carrera hasta que la empresa Weinstein la rescató. (Vía: BBC)

 

Los testimonios de Mira Sorvino y Rosanna Arquette coinciden en la manera de actuar de Weinstein durante décadas, el sujeto citaba a actrices o aspirantes que deseaban trabajar en sus películas en un lugar privado o un cuarto de hotel, con el pretexto de discutir el rodaje o para planear una campaña para promoverse a los premio Oscar. (Vía: The New York Times)

Cuando ellas llegaban al lugar, Weinstein las esperaba sólo con una toalla y las presionaba para que le dieran un masaje, que lo vieran masturbarse o para tener relaciones sexuales.

Las acusaciones contra el productor datan desde inicios de los 90′  y la mayoría de los ataques los sufrieron actrices jóvenes que iban empezando su carrera. 

Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow también decidieron contar sus propias experiencias.

“Reconozco que la manera en la que me he comportado con colegas en el pasado ha causado mucho dolor y me disculpo sinceramente”, expresó Weinstein a los días de ser publicados los artículos y quien en seguida fue despedido de su propia empresa. 

Este sujeto abusó de su poder para controlar y dañar a quienes por temor de ver arruinada su carrera toleraron abuso sexual y aguantaron por décadas un silencio que le tenía miedo al señalamiento, a la incredulidad, a las represalias y que la única tristeza que podría soportar sería el de la indiferencia y encubrimiento del medio cinematográfico.

Es decir, como gremio o como sociedad, minimizar los ataques de Weinstein es menospreciar y desmoralizar a las víctimas y reproduce una cultura en la que el agresor puede fácilmente quedar impune, es decir reproduce una cultura machista.

Una cultura que le permitió a Harvey Weinstein cometer delitos, que sus delitos fueran un secreto a voces y lo peor, que le permitieran a otros Weinstein cometer los mismos abusos y quedar impunes.

Fue en su momento Allen, pero también Bill Cosby quien fue señalado por abuso sexual por más de 30 mujeres. Una cultura en la que no sólo se expone el abuso de poder por parte de los acosadores, si no, las redes de omisión por parte de testigos que son generalmente hombres: George Clooney intimidando a periodistas para qe no avanzaran en la investigación o Russell Crowe tratando de mostrar empatía con las víctimas cuando décadas atrás negó las acusaciones contra Weinstein. (Vía: Univision)

O Tony Denison que cuando sólo eran tres o cuatro testimonios declaró que hasta que alguien nos mostrara fotografías de lo ocurrido todo era insinuaciones, “no quiero ni puedo señalar a nadie hasta que tenga pruebas“. Pero que días más tarde, cuando la balanza no favorecía a Weinstein, decidió retractarse.  (Vía: El País)

Queda claro que para que un abuso sexual quede silenciado necesita de mucho miedo y un terror que está construido no sólo por el atacante directo, si no, por una cadena de intimaciones que aparecen en el rostro y las palabras de cada colega, compañero de trabajo o “amigo” que pondrán en duda el testimonio de la víctima.

Finalmente la actriz británica Lysette Anthony denunció a la policía que fue violada por el Harvey Weinstein en la década de 1980, sumándose a otras cuatro denuncias similares.