¿Quieres recibir notificaciones de nuestro sitio web?

El gobierno mexicano y el espionaje político a periodistas y activistas

gobierno mexicano

Si alguien buscó desentrañar el fenómeno del poder en la sociedad moderna es Michel Foucault, su obra examinó las redes complejas de poder que operan en la sociedad. Redefinió el concepto de poder a partir de un presupuesto inaudito: todas las dimensiones de la sociedad están atravesadas por alguna forma de poder.

El Panóptico funciona como una especie de laboratorio de poder. Gracias a sus mecanismos de observación, gana en eficacia y en capacidad de penetración en el comportamiento de los hombres; un aumento de saber viene a establecerse sobre todas las avanzadas del poder, y descubre objetos que conocer sobre todas las superficies en las que éste viene a ejercerse.” (Michel Foucault, Vigilar y Castigar)

En ese sentido el poder no se reduce necesariamente a lo político ya que esta forma es solo una dimensión de este, una forma en que se visibiliza en la sociedad. Es el discurso o los discursos los que posibilitan al poder, los que le dan forma, los que permiten ejercerlo, es decir el poder es la manifestación de los discursos dominantes que operan en lo social; los discursos en ese sentido son conocimientos y técnicas que permiten ordenar, clasificar, enunciar y controlar distintos aspectos de la sociedad, es decir, son estructuras que se ven manifestadas en ciertas formas de poder.

La ciencia es el discurso dominante en las sociedades modernas, este tipo de conocimiento no solo tiene la función de observar y de describir nuestro entorno natural y social, sino que también contribuye a la creación de técnicas y tecnologías que permiten la reproducción del orden social en términos estructurales. Esto significa que en la modernidad es el discurso científico el que permite, generar, clasificar y ordenar conocimientos, los cuales se materializan en técnicas y tecnologías de control, de vigilancia, de distribución y de exclusión que se manifiestan en la configuración de espacios físicos particulares regidos por normas y códigos de comportamiento específicos.

El panóptico de Bentham es el ejemplo claro de las tecnologías disciplinarias que surgen en la modernidad y que son producto del conocimiento científico. Esta técnica y tecnología de vigilancia es el parteaguas de una práctica generalizada del estado moderno, la cual busca vigilar a cada vez más ciudadanos, pero sobre todo sobre todo a grupos focalizados considerados como peligrosos al status quo; con el pasar del tiempo, esas técnicas de vigilancia se han vuelto cada vez más sutiles, imperceptibles y efectivas debido a la sofisticación de conocimientos científicos y al desarrollo de tecnologías más efectivas.

Estos sistemas de vigilancia son utilizados por prácticamente todos los gobiernos del mundo, el tema de la seguridad siempre ha sido el argumento para utilizar y justificar al espionaje. Lo que ha cambiado es la personificación de la amenaza a la seguridad, por mucho tiempo fue el socialismo o el capitalismo dependiendo del bando, ahora es el terrorismo o el crimen organizado. 

El discurso de los gobiernos es simple, para garantizar la seguridad de toda la sociedad es necesario que los ciudadanos renuncien a ciertas libertades, específicamente deben aceptar la posibilidad de que en cualquier momento las instituciones invadan y violen su privacidad en aras de su propia seguridad. El tema aquí es que no quedan claros los criterios y los límites que tienen las instituciones en la utilización de sus sistemas de vigilancia y espionaje, es decir, no hay certeza de que la utilización se limite a los objetivos establecidos públicamente.

Este es justo el problema que sucede en México con los sistemas de vigilancia y espionaje, ya que públicamente las instituciones de seguridad han manejado que utiliza dichas tecnologías  para el combate al crimen organizado que azota a nuestro país. Al respecto, el gobierno mexicano ha hecho públicas sus adquisiciones de sistemas de vigilancia cibernética, por un lado desde 2003, la empresa italiana Hacking Team, ha sido una de las principales contratistas del gobierno mexicano en este rubro, esta compañía le ha proporcionado a México sistemas como el Galileo con el programa Da Vinci, el cual permite intervenir dispositivos móviles inteligentes, utilizando su localización GPS y volviendo el teléfono un micrófono y una cámara, todo esto sin que el usuario se entere. (Vía: El Financiero)

Asimismo, las agencias de seguridad e inteligencia han adquirido recientemente un programa de hackeo y vigilancia de última generación llamado Pegasus, este programa de origen israelí permite también infiltrarse en teléfonos móviles, volver al dispositivo micrófono y cámara, así como infiltrase en los correos electrónicos y mensajería de los usuarios a pesar de que estén encriptados, debido a que el hackeo ocurre antes de que la aplicación encripte cualquier mensaje. (Vía: Milenio)

También el gobierno mexicano ha adquirido por más de 200 millones de pesos el sistema de Fin Fisher el cual interviene computadoras y dispositivos móviles, este sistema de vigilancia y espionaje permite recabar historiales de navegación, tomar captura de pantallas y activar los micrófonos y las cámaras de cualquier dispositivo, incluyendo televisiones inteligentes. (Vía: SDP Noticias)

Se sabe además que algunos de estos sistemas también son usados por gobiernos estatales de nuestro país. De hecho son aproximadamente 12 estados los que utilizan estos programas de espionaje y vigilancia  cibernética: Ciudad de México, Puebla, Guerrero, Campeche, Baja California, Chihuahua, Durango, Tamaulipas, Jalisco, Nayarit, Tlaxcala y Estado de México. (Vía: Animal Político)

Aunque estas tecnologías son utilizadas para temas específicos de seguridad en términos del combate al crimen organizado, es también muy probable que también sean utilizados con fines políticos. Decimos esto por lo revelado por el diario estadounidense The New York Times, en donde presentan información sobre el uso de estos programas de vigilancia por parte del gobierno mexicano hacia periodistas y activistas sociales de nuestro país.

De comprobarse a plenitud esta información, el gobierno mexicano estaría cometiendo violaciones graves a los derechos humanos, a la libertad, al derecho a la privacidad y a la libre expresión por parte del gobierno mexicano. De ser el caso el gobierno estaría haciendo un uso sistemático de instituciones, recursos, instrumentos y  tecnologías del estado mexicano para fines políticos del gobierno en turno, es decir, estarían utilizando infraestructura del estado para favorecer sus intereses de grupo, lo cual sería sumamente grave.

 Con todo esto, sin duda estaríamos comprobando la existencia de un panóptico imperceptible por su sofisticación, que sabemos que nos observa pero no sabemos cuándo, para qué y por qué.